Fútbol / Selección Clasificación Mundial de 2002 | Crónica

Al Mundial en corto y por derecho

Goles de Tristán, Morientes (2) y Mendieta, que puso en pie Mestalla.

Morientes celebra la consecución de uno de los dos goles que le marcó a los austriacos.
J.J.Santos
Actualizado a

Si lo importante eran los tres puntos, que lo eran más que nunca, los de Camacho hicieron bien su trabajo. Si se trataba de poner nota a la nueva generación que viene pegando fuerte, digamos que aprobaron con nota pero sin llegar al notable. Si se trata de analizar un partido teniendo en cuenta al rival, ahí lo tenemos un poco más duro porque no hubo rival. El seleccionador no escondió carta alguna en la previa y decidió que jugaran los que mejor han comenzado la temporada. Eso relegó la banquillo a consagrados como Mendieta, Luis Enrique y Morientes. Cayeron cuatro como pudieron caer nueve. Y encima el cuarto lo firmó Mendieta para abrazar a los que le aplaudieron.

Patético y vergonzoso. El planteamiento de Austria le condena a galeras. No se puede ser más cobarde, defensivo e insulso. Si tenemos en cuenta que sólo les valía la victoria para optar a clasificarse para el próximo Mundial como primeros de grupo, su nula ambición es imposible de entender. Y lo malo es que ese jugar a nada nos acabó contagiando. Los de Camacho salieron frescos, con ideas, deseosos de abrir lo más posible el campo. Cargábamos más el juego por la izquierda y allí Vicente levantaba al público con su habilidad. Pero de remate, nada de nada. Xavi no se hacía con los mandos del partido y Víctor entraba poco en juego. Valerón se esmeraba pero le costaba encontrar en su sitio a Diego Tristán. Del resto no hablamos porque los centrales estaban para rematar saques de esquina y Cañizares para disfrutar con el acoso desde la distancia. Pese a todo Austria nos pudo hacer daño en su única jugada de contragolpe con cierto sentido. Marró Vastic en el minuto veinticuatro.

El miedo de Wohlfahrt. Unas inoportunas molestias habían dejado fuera del equipo visitante a Manninger, el portero titular. Tuvo que ponerse bajo los palos Wohlfahrt, el que se llevó el zurrón con nueve goles hace dos años. El chaval, entre los malditos recuerdos y el atrincheramiento de los suyos, temblaba en cada ataque. Y no era para tanto porque teníamos la pegada justa. Estaba ya esbozando una sonrisa de satisfacción cuando funcionó lo que tanto esperábamos: la conexión Tristán-Valerón. Fue un fogonazo, un segundo de calidad extrema. Pase al hueco en vertical del canario y perfecta resolución del sevillano. A Wohlfahrt se le quedó cara de tonto porque era el minuto cuarenta y cinco. Pero, en definitiva, era el mínimo castigo que merecía un equipo tan lamentable y falto de ambición. ¿Seguirían amarrando la derrota por la mínima en la segunda mitad?

La respuesta no tardó en llegar. En vez de con diez defendiendo y un punta, incorporaban a Weissenberger (vaya nombrecito) por la derecha para auxiliar en lo posible al naúfrago Vastic. Seguía siendo muy patético. Pese a todo, asustaron a Cañizares con un jugada a balón parado con posterior remate de cabeza de uno de los centrales en el minuto cuatro de la reanudación. Petardos insulsos que nada tenían que ver con la traca que suponía para los nuestros la victoria y el pasaporte mundialista.

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La noche de Vicente. Como el rival no quería pelea y los tres puntos parecían a buen recaudo, los nuestros, con buen criterio, decidieron que el público rentabilizara la entrada viendo espectáculo. Tristán desparramó esencias de su cuna andaluza aunque casi nunca le salió el último arabesco que hubiera levantado el estadio. En esas, Vicente se apropió de la noche con otros dos toques de gran maestro. El primero en el minuto sesenta y uno cuando buscó de rosca la escuadra y permitió que el humillado portero austriaco se luciera. El segundo, poco después colocando un gran balón de rosca. Suficiente para que el muermo no se apoderara de la grada. Sí merece la pena, en este punto, reflexionar sobre la ventaja que tenemos para un futuro con jugadores de banda que son capaces de desbordar en el uno contra uno y que además colocan el balón donde quieren. Con Vicente y Víctor, los días de Luis Enrique en la titularidad están contados y Mendieta no deberá dormirse en Italia.

En una noche de poco fútbol y escasa emoción quedaba para el final el plebiscito sobre Mendieta.

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