ESPECIAL REAL MADRID

Los tres chicos diez

El fútbol tiene mucho de tribal. Los líderes de todas las épocas se han significado siempre por un distintivo. En el caso del fútbol es un número: el 10, un dorsal lleno de prestigio y postín. "El diez no es un dorsal que pueda llevar cualquiera. Merece un mínimo respeto", recuerda Hagi.

Los tres chicos diez
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Diez se nace, como Maradona o Hagi. O se hace, como Gianni Rivera o Luis Suárez. Pues bien, este año el Real Madrid cuenta con tres dieces. Tres tipos superlativos por distintas razones que pertenecen a este selecto grupo. El diez blanco, honrado por Puskas y Velázquez en otros tiempos, descansa por segunda temporada consecutiva en la espalda de Figo, jugador de descaro latino y calidad solidaria que alimenta a sus delanteros con centros medidos. Vigente Balón de Oro, sólo una idea ocupa su mente, ganar la Copa de Europa.

El segundo diez del Madrid asumió el reto de perpetuar la estirpe de sietes legendarios como Juanito o Butragueño. A sus 24 años, Raúl, jugador al que revaloriza su ambición, ya ha batido todos los registros. Anfitrión de Figo en su tumultuosa llegada, Raúl devaneó en la selección con el siete antes de aceptar el reto de lucir el diez. Su naturaleza competitiva, esa que le empujó a lanzar el penalti ante Francia en la Eurocopa, le convierte en el líder instintivo de España. Él sí ha ganado la Copa de Europa, en dos ocasiones. Pero este año, el del Centenario, le ha llegado el turno de saborear el éxito del Balón de Oro.

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El tercero es el diez de Francia y el 5 del Bernabéu. Su pesada figura se antoja educada, discreta y hasta secundaria fuera del terreno de juego. Los 11.500 millones del coste de su fichaje le abruman, algo que confiesa con rubor. Pero en el terreno de juego sufre una silenciosa mutación. Aparece, pide la pelota y hace jugar a los que están a su alrededor. No evidencia una acusada habilidad en un aspecto puntual del juego, pero aglutina la suficiente calidad para procesar el fútbol más sencillo del planeta. Representa la figura del diez cerebral, con un cierto aire de antigüedad que le hace abandonar el lucimiento personal en beneficio del rendimiento del grupo. El socio perfecto para la defensa a la hora de sacar la pelota jugada desde atrás, el lanzador milimétrico de los extremos o el asistente cómplice de los delanteros. El diez que le faltaba a Del Bosque, un arquitecto de la medular en sus tiempos de jugador. Zizou lucirá el 5 porque su sano clasicismo futbolístico le ha llevado a heredar el dorsal del gran capitán Sanchís. En Francia ha lucido el 10 que ha liderado a los galos en sus triunfos continentales y mundiales. Él también tiene dos Balones de Oro, pero no ha ganado todavía la Copa de Europa.

Son tres auténticos líderes, tres dieces. Compatibles porque sus objetivos lo son, insustituibles porque su calidad y su carisma lo dicta así. Si Raúl ayuda a Figo y a Zidane a ganar su Copa de Europa, estos pueden regalarle un Balón de Oro.

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