Un pie a la altura de su grandeza
Cuenta la tradición china que una mujer, por muy bella que sea, nunca podrá alcanzar la pureza si sus pies son excesivamente grandes. Por ello, desde que nacen, todas ellas están obligadas a caminar sobre una talla de zapatos impuesta, destinada a cumplir el deseo divino.

En el fútbol, las leyes no son tan estrictas, pero los cánones reglamentados a lo largo de su historia han querido que sus grandes mitos hayan desarrollado su talento con pies minúsculos, muy cercanos a lo que exige la milenaria tradición asiática. Lo hizo Maradona, calzaba un 39, Pelé, otro 39, Puskas, un 40 y, por supuesto, Di Stéfano, un 41.
En cuestión de talento, la técnica viajó apoyada sobre pequeñas plataformas de cuero. Ahora, el nuevo dios del fútbol está dispuesto a acabar con esta tradición. Su nombre es Zidane. Sus gambetas y sus disparos teledirigidos encuentran su origen en un zapatón inmenso: el número 46.
Es verdad que su altura, 1’85, exige una plataforma adecuada, pero hasta la fecha nadie había sobrevivido en el campo con semejantes borceguíes.
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Sus argumentos los corrobora todo un genio, Alfredo Di Stéfano: "Cuanto más pequeño sea el pie más duro se pega al balón. Pero no es un inconveniente tener el pie grande para jugar bien al fútbol". Así Roberto Carlos, un 38’5, maltrata a los porteros con sus disparos utilizando unidades mínimas de contacto.
Zidane eligió como ídolo a Francescoli. Si hubiera sabido que El Príncipe orquestaba sus lecciones de toque desde un 36, no se hubiera dedicado a este deporte. Diez números les separan. Sí, diez, el mismo dorsal que lucía el charrúa. El talento vuelve a cambiar de talla y de número.



