REAL MADRID

Amor por el Madrid y abandono al Barça

El Madrid despierta pasiones y el Barcelona, indiferencia. Al menos, eso es lo que se ha podido comprobar estos días en Suiza. Unos dos kilómetros separan la concentración del Real Madrid de la del Barcelona.

Carmen Colino
Editora Jefe de Eventos deportivos
Editora jefe de Eventos Deportivos. En AS desde 1996, de ellos 22 años en la sección del Real Madrid siendo responsable de la misma desde 2006. Dos años en redes sociales y ocho de responsable de Verticales y Actualidad. Vicepresidenta de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid. Colaboradora de El Chiringuito de Pedrerol, Atresmedia.
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Los de Del Bosque llevan en Nyon desde el pasado 23 de julio. Los blaugrana llegaron el viernes 27. Los blancos, con Zidane como estrella, desbordan todas las previsiones y abarrotan allá por donde van. El Barça, con Saviola de crack, no llena ni en los partidos amistosos.

El domingo, en el partido contra el Stade Nyonnais, el Madrid fue seguido por 6.800 aficionados. No quedó ni una sola entrada y el estadio de Colovray registró el mejor lleno de su historia. El Barça jugó a la misma hora ante el Lucerna, un equipo de la Primera suiza, y el estadio no cubrió ni la mitad de su aforo.

En los entrenamientos diarios pasa algo similar. Los dos primeros días en Nyon, en los entrenamientos del Madrid asistieron 2.000 personas. Tal fue el boom que desde hace unos días para presenciar una sesión de trabajo hay que pagar cinco francos. Eso no le ocurre al Barcelona. Los de Rexach pueden entrenarse con toda tranquilidad. Acuden unas 30 personas a cada sesión.

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El Madrid ha tenido que contratar seguridad especial para preservar la intimidad de sus jugadores. Zidane, Figo, Raúl o Roberto Carlos tienen que ir acompañados de dos personas para que la gente no les asalte. Kluivert y Saviola no soportan esa presión y pueden pasear con tranquilidad sin ser molestados.

A las puertas del hotel del Madrid siempre hay más de cien personas. Los blaugrana, por no tener, no tuvieron ni aficionados a su llegada al aeropuerto de Ginebra.

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