MEDIO AMBIENTE

Lo tiene todo: un envase biodegradable y comestible que conserva más los alimentos

Un equipo del Centro Catalán del Plástico de la Universitat Politécnica de Catalunya (UPC) ha creado un nuevo envase de origen vegetal que puede convertirse en una alternativa sostenible a los plásticos.

as.com

Según denuncia Greenpeace la producción global de plásticos se ha disparado en los últimos 50 años, y en especial en las últimas décadas. De hecho, en los últimos diez años hemos producido más plástico que en toda la historia de la humanidad. Sin ir más lejos, la producción total de plástico en 2015 alcanzó las 380 millones de toneladas.

Se calcula que desde la década de los años 50 del siglo pasado se han fabricado unos 8,3 mil millones de toneladas de plástico, lo que equivale al peso de unos mil millones de elefantes. Tan solo los fabricantes de bebidas producen más de 500 mil millones de botellas de plástico de un solo uso cada año. Según la industria del plásticos, en Europa la producción de plástico alcanzó los 61,8 millones de toneladas en 2018.

La ingente cantidad fabricada de este material, su fácil dispersión y su lento proceso de degradación convierte al plástico uno de los principales enemigos del medio ambiente, en especial del ecosistema marino. Particularmente perjudiciales resultan los microplásticos, fragmentos inferiores a 5 mm que pueden venir de la rotura de trozos grandes o haber sido fabricados directamente así, como es el caso de las microesferas presentes en productos de higiene y limpieza como exfoliantes, pastas de dientes o detergentes.

Estudios recientes han observado que los animales marinos están ingiriendo estos microplásticos, lo que está provocando bloqueos gastrointestinales y alteraciones en sus patrones de alimentación y reproducción. Pero no se queda ahí: hay evidencias de que se transfieren a lo largo de la cadena alimentaria y llegan hasta nuestros platos.

4 tipos de plásticos más extendidos

España es el cuarto país de la Unión Europea con mayor demanda de plásticos, donde hasta el 50% de los mismos acabaron en vertederos en 2016. Existen muchos tipos de plásticos, aunque el mercado está dominado por cuatro tipos principales:

  • Polietileno (PE): Bolsas de plástico, láminas y películas de plástico, contenedores (incluyendo botellas), microesferas de cosméticos y productos abrasivos.
  • Polyester (PET): Botellas, envases, prendas de ropa, películas de rayos X, etc.
  • Polipropileno (PP): Electrodomésticos, muebles de jardín, componentes de vehículos, etc.
  • Cloruro de polivinilo (PVC): Tuberías y accesorios, válvulas, ventanas, etc.

De hecho, una investigación de la Universidad de Newcastle (Australia) solicitada por la organización ecologista WWF, concluye que a la semana ingerimos, a través de diferentes fuentes el equivalente a una tarjeta de crédito en plástico, es decir, unas 2.000 pequeñas piezas de plástico cuyo peso alcanza los 5 gramos. Así pues, al mes ingerimos 21 gramos y al año más de 250. Todavía no existe evidencia científica suficiente para comprender el impacto del consumo de plástico sobre la salud, pero obviamente no aporta minerales, vitaminas, fibra o proteínas.

Un envase revolucionario

Por ello, por las consecuencias para el medio ambiente y para la salud, es de agradecer que surjan propuestas como la que nos llega del Centro Catalán del Plástico de la Universitat Politécnica de Catalunya (UPC), que ha sido capaz de crear un envase biodegradable, comestible y de origen vegetal que, gracias a sus características, alarga la conservación de los alimentos .

El equipo liderado por la ingeniera brasileña Farayde Fakhouri está terminando de validar los resultados que, tras dos años de investigación, aunque ya han podido probar el resultado de su trabajo con fresas del Maresme: al ser conservadas en su envase, las fresas han resistido más a los hongos y han mantenido su aspecto original durante más tiempo.

El uso de materias primas de origen vegetal contribuye a fomentar la economía circular y, al mismo tiempo, permite modificar la interacción de los alimentos con la atmósfera ralentizando su degradación, lo que hace de este envoltorio una alternativa sostenible a los plásticos.

"El proyecto busca dar respuesta al gran desperdicio global de alimentos, que se calcula en un 33% de la producción total y un 45% de frutas, verduras y hortalizas, según datos de Stop Food Waste Day del 2019. Nuestra motivación ha sido contribuir al desarrollo de envases biodegradables y comestibles que ayuden a alargar la vida útil de los alimentos, al tiempo que se preserva el medio ambiente", explica Fakhouri.