MINDFULNESS

La dieta que no es una dieta: 'mindful eating' o alimentación consciente

Consiste en adoptar una serie de hábitos y estrategias que permiten relacionarse con la comida de un modo diferente ya que no se trata de centrar la atención en qué comer, sino en cómo y para qué comer.

as.com

No es una dieta. Ni pretende serlo. Pero el mindful eating puede ayudarnos a llevar una alimentación sana y perder esos kilos de más adoptando una serie de hábitos y estrategias que permiten relacionarse con la comida de un modo diferente. Esta práctica, basada en el mindfulness, introducido en occidente por Jon Kabat-Zinn, profesor de Medicina en la Universidad de Massachusetts (EEUU), aboga por no centrar la atención en qué comer, sino en cómo y para qué comer.

"Consiste en un modelo de alimentación consciente, ajeno a la prohibición o restricción alimentaria, basado en la atención a las propias señales internas y que equilibra la satisfacción, entendida como el placer y el bienestar, el cuidado, entendido como la atención a las propias necesidades físicas, psicológicas y emocionales, y a la salud", explica la doctora Cristina Martínez, especialista en psicología de la Unidad de Obesidad de Quirónsalud Valencia.

"Básicamente, consiste en una serie de actitudes, estrategias y técnicas que nos permiten aprender a comer de manera más atenta, responsable y saludable", añade la experta, que considera que el estilo de vida acelerado de hoy en día es responsable de que los hábitos saludables en materia de alimentación se estén viendo afectados.

9 pequeños grandes gestos

Y es que en muchas ocasiones no comemos precisamente por la necesidad física de alimentarnos y nos vemos empujados por otros estímulos externos como el estrés, la ansiedad, el cansancio o el aburrimiento, lo que deriva en un hambre psicológico que debemos tratar de combatir con pequeños grandes gestos si queremos además perder peso:

· Meditación. Debe estar presente en forma de técnicas de relajación porque nos ayudará a aliviar el estrés que muchas veces causa atracones innecesarios. Puede bastar con ejercicios de respiración profunda.

· Media hora de ejercicio físico. También te ayudará a desterrar la ansiedad y el estrés acumulados.

· Si no tienes hambre, no comas. Tan simple como eso. Comer no debe ser una obligación fruto de la costumbre o un estado de ánimo, sino una necesidad.

· Cinco comidas al día. No comer si no se tiene hambre no significa que te saltes alguna de las 5 comidas que se recomiendan porque se produciría un efecto rebote tarde o temprano.

· Come sin distracciones. El silencio es tu aliado. Céntrate en lo importante. Ni televisión ni radio ni dispositivos electrónicos. Busca un sitio tranquilo y céntrate en tu alimentación. Las distracciones hacen que ingiramos alimentos sin medida.

· Tómate tu tiempo. Mastica despacio y saborea cada bocado. Al estilo del movimiento Slow Food. Además, lograrás una mejor digestión.

· La clave está en saciarse. Debes ser capaz de diferenciar entre estar saciado y estar lleno, que es la diferencia entre no necesitar más comida y sentirte incómodo y pesado. Hay un desfase de unos 15 o 20 minutos hasta que el cerebro recibe la información de que hemos empezado a comer por lo que habitualmente nos excedemos.

· Come de todo. Con responsabilidad no tienes por qué privarte de nada. Con un poco de sentido común es posible llevar una dieta saludable y equilibrada sin tener la molesta sensación de la prohibición.

· Un vaso de agua. Algo tan sencillo como beber un vaso de agua antes de comer puede ayudarte a reducir la ansiedad y a sentirte más saciado.