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Surf en el Círculo Polar Ártico: -15ºC y días de tres horas

Dylan Graves desafía el invierno en el Mar de Barents, Noruega, con temperaturas de -15ºC y solo tres horas de luz para surfear en plena noche polar.

Dylan Graves y Tim Latte
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Marc Fontrodona
Responsable editorial AS Acción
Nació en Barcelona en 1989. Se licenció en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona. Es el responsable editorial de AS Acción, el vertical de action sports del diario AS creado en 2016. Especialista y practicante de muchas de estas disciplinas, lleva contando historias de action sports desde hace más de una década.
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En el extremo norte de Europa, por encima del Círculo Polar Ártico, el surf adquiere otra dimensión. Allí, donde el sol apenas asoma en invierno y la luz dura poco más de tres horas, el estadounidense Dylan Graves encontró uno de los escenarios más inhóspitos —y fascinantes— de su carrera: el Mar de Barents, en la costa de Noruega.

La misión, documentada para su canal, no fue una búsqueda convencional de olas. Fue una prueba de resistencia. Temperaturas de hasta -15ºC, caminatas de más de dos kilómetros por nieve profunda y frentes polares que desplomaban el termómetro en cuestión de minutos marcaron la experiencia. “No creo haber pasado más frío en mi vida. Fue lo más cerca que he estado de congelarme”, reconoció Graves tras una sesión en la que apenas sentía manos y pies.

El viaje comenzó torcido, con tablas extraviadas en el aeropuerto y la incertidumbre de si el swell prometido llegaría a romper en condiciones surfeables. Aun así, el equipo —entre ellos el local Tim Latte y el cámara Paul Daniel— apostó por esperar la ventana adecuada entre tormentas de nieve y bajas presiones árticas.

Surfear allí no es solo cuestión de técnica. Es logística y mentalidad. Con apenas tres horas de claridad, cada minuto cuenta. “Cuando solo tienes tres horas de luz al día, sientes que debes estar fuera. Si puedes surfear en ese tiempo, es como alargar el día”, explicaba uno de los surfistas locales, acostumbrado a exprimir cada rayo invernal.

Entre sesiones, sauna, pizza y hasta corazón de reno seco —un guiño a la cultura sami de la región—, la expedición reveló la otra cara del surf: la que se aleja de los trópicos y se adentra en territorios donde la belleza es tan sobrecogedora como el frío.

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En el Mar de Barents, cada ola es un premio. Y cada baño, una batalla contra los límites físicos.

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