La odisea de Vinicius para remar olas gigantes en Nazaré: “Cada vez es más difícil”
El surfista denuncia la creciente presión del tow-in y la falta de respeto en Praia do Norte, donde remar olas gigantes se ha convertido en un desafío extremo y cada vez más peligroso.


El brasileño Vinicius volvió a enfrentarse a la cara más exigente de Nazaré el pasado 17 de marzo, en una sesión que resume a la perfección la transformación que vive el spot portugués. Aquel día, asegura, logró “mi mejor ola de la temporada remando en Nazaré”, pero el camino hasta conseguirla estuvo marcado por la tensión en el agua.
“Vine desde Praia da Vila, dando la vuelta al faro”, relata sobre su entrada al pico, donde llegó sobre las 8:30 con la marea en ascenso. Tras casi una hora esperando, la frustración empezó a hacerse evidente. “Todas las series que venían en mi dirección eran rápidamente tomadas por equipos de tow-in, que colocaban a sus clientes con sus potentes máquinas justo antes que yo, sin siquiera darme la oportunidad de elegir la ola”.
Una situación que, lejos de ser puntual, describe como habitual: “Esto es muy común en Nazaré, lamentablemente”. Después de nueve años surfeando en Portugal, Vinicius reconoce que el equilibrio entre modalidades se ha roto. “Cada vez es más difícil practicar esta modalidad en Nazaré”, insiste. “Ahora hay nuevos pilotos y nuevos clientes entrando en condiciones a las que yo ya estaba acostumbrado a ir solo remando”.
El problema no se limita al acceso a las olas. El surfista denuncia un entorno cada vez más hostil en términos de seguridad: “Muchas veces esos mismos equipos realizan rescates y conducen a alta velocidad frente a mí, a mi lado e incluso por debajo”, explica. Esa circulación constante genera “una estela turbulenta que hace todo más arriesgado, complicado y desleal”.
A ello se suma un factor añadido: “También hay motos de agua de paseo y turismo con personas sin la mínima noción de supervivencia en el mar”, lo que eleva aún más la tensión. “Y al final yo también estoy ahí cuidando de ellos”, añade.
En este contexto, remar en Nazaré exige mucho más que físico. “Se necesita mucha concentración para estar conectado con la naturaleza y encontrar el momento y lugar correctos”, afirma. Sin embargo, reconoce que “no es suficiente: hay mucha lucha ahí dentro”.
Tras días pidiendo respeto a los equipos —“llega a ser ridículo tener que explicar esto”—, decidió plantarse en el agua: “Invoqué mi espíritu de guerrero del mar, di un grito de guerra”, recuerda. Un gesto que le permitió, al menos momentáneamente, abrirse espacio.
Finalmente llegó la ola. “Celebré mucho al final”, confiesa. Porque, pese a todo, Nazaré sigue teniendo un magnetismo único: “Me gusta remar aquí porque me siento mucho más cerca de Dios”.
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En el Everest de las olas, remar sin tow-in sigue siendo la forma más pura de enfrentarse al océano, aunque cada vez, como reconoce Vinicius, también sea la más difícil.
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