Surf de pandemia en Donosti: prohibido, multitudinario y memorable
Surf de pandemia en Donosti: prohibido, multitudinario y memorable

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Surf de pandemia en Donosti: prohibido, multitudinario y memorable

Surfistas locales relatan cómo es el surf durante el confinamiento en San Sebastián. Desde su prohibición en la primera ola hasta el confinamiento perimetral de la segunda.

Las playas de Donostia -La Zurriola, La Concha, Ondarreta y el Pico del loro- han pasado de bombear olas para nadie en marzo a tener los picos muy concurridos en verano y en otoño. Pero no de turistas como solía ser habitual, sino de niños, principiantes o expertos locales a los que no les quedan muchas más opciones ante las restricciones instauradas por el coronavirus en el País Vasco.

Ethan y Julen Egiguren son instructores de surf en Groseko Indarra; June del Campo estudiante de bachillerato; Ousmane Sabaly 'Peter' cocinero en Casa Senra; y Xué Gil, brand manager de YOW Surfskate. Todos ellos son surfistas habituales de las olas donostiarras, lo han vivido en primera persona y nos cuentan cómo ha sido -y cómo es- el surf de pandemia en la capital guipuzcoana.

La primera oleada

Fue el momento más duro y así lo expresan todos ellos. No se podía surfear. Y excepto que haya alguna lesión de por medio, no es habítual para un surfista estar tanto tiempo alejado de su pasión. Así lo reconoce Xué Gil: “Desde que empecé con el surf, los 2 meses y medio de confinamiento total fueron el período más largo en el que he estado sin entrar al agua”.

Para combatir el mono, June reconoce que subía al terrado y Ousmane que iba a comprar el pan al barrio de Gros. Así, por lo menos, “veíamos las olas todos los días”, confiesan. De todos modos, más allá del surf y como bien dicen, ‘no hay mal que por bien no venga’ y June del Campo lo confirma: “La cuarentena no fue tan mala, me sirvió para estar más tiempo con mis padres y reflexionar al respecto. Ahora valoro más el tiempo que paso con ellos”.

La segunda oleada

Por si no había suficiente con una ola, en otoño llegó la segunda. En esta ocasión con el surf permitido pero con un confinamiento perimetral que genera aglomeraciones en el pico. Las causas son seguramente múltiples: desde que el surfing es un deporte individual y al aire libre, a la prohibición de otras opciones deportivas y de ocio o la imposibilidad de moverse a otras playas menos pobladas.

Ethan Egiguren, que esquiva la restricción gracias a que trabaja surfeando y en San Sebastián, explica que “si normalmente las playas de Donosti ya están masificadas, ahora más, nunca había visto tanta gente”. Su hermano pequeño, Julen, reconoce eso sí que “por suerte había muy buenos fondos y hemos tenido muy buenas olas durante la mayoría del confinamiento”. Pero aunque no hubiera sido así, que no falte la actitud. “Si tienes buen rollo con la gente, te ríes y te lo pasas bien, te metas una hora o cojas tan solo una ola, eso no nos lo quita nadie”, asegura Ousmane.

Sesiones memorables

Estar encerrado en pocos kilómetros genera algunas sesiones más estresantes, pero siempre cae alguna de memorable. No hablan solamente de la que protagonizó la chica que se metió en el agua saltándose la cuarentena tras haber dado positivo y que dio la vuelta al mundo, no, sino de “un domingo por la tarde, con buen tiempo y un fondo que daba izquierdas y derechas en la Zurriola (nada habitual), entrando con la twin fin a las 16:00h y saliendo de noche”, dice Julen. O de “tener olas buenas durante 2 o 3 semanas todos los días, algo muy poco habitual en noviembre, es como si el mar nos hubiera devuelto lo que nos quitó en primavera”, añade Ethan.

Porque sí, en San Sebastián se puede surfear todo el año, pero no es conocida por las olas que tiene. Sin embargo, “este verano parece que se han alineado los astros, se han movido los fondos y han dejado olas bestiales para baños memorables”, admite June.

Ganas de viajar

A pesar de las sesiones memorables, todos echan de menos algo que el coronavirus les ha arrebatado. Principalmente, viajar. “Soy de moverme mucho a Francia o a Portugal, cada dos fines de semana estaba por allí con amigos y he tenido que dejarlo”, reconoce Xué. “Lo que más echo de menos es poder salir, viajar y conocer otros sitios, confiesa Ousmane”, quien añade que “tenía previsto un viaje a Senegal con los amigos y tuvimos que cancelarlo”.

Pero es que, además, el envidiómetro subía cuando los locales de otras zonas a las que suelen ir subían sus vídeos. A modo de ejemplo, noviembre es muy buena época para surfear en Francia y este año coincidió con un confinamiento total en el que solo podían surfear los federados. A Julen Egiguren se le alargaron los dientes: “Vimos vídeos de olas espectaculares con 6 personas en el agua que nos dieron mucha envidia, pero hay que tomárselo con humor…”.

Más allá del surf

De una manera u otra, la pandemia ha afectado a todos los protagonistas en su profesión. Xué Gil, por ejemplo, ha asistido paralelamente a un boom del surfskate: “Los deportes individuales han crecido, pero nosotros lo hemos notado especialmente, supongo que por aquellas personas que viven lejos de la playa y no les queda otra o porque los más puristas han visto que es la mejor manera de surfear cuando no se puede entrar al agua”. Algo parecido puede asegurar Ethan Egiguren en cuanto a las clases de surf: “Hemos tenido más trabajo que otros años, no dábamos abasto, los niños no tenían colonias y los padres les apuntaban a surfear”.

En el lado opuesto se encuentran negocios como la restauración. No en vano, Ousmane Sabaly está de ERTE en el restaurante, trabajando únicamente 20 horas a la semana. Julen Egiguren, por su parte, explica que “en cuanto a los tatuajes ha habido un parón increíble”. Y el propio Xué, que hace también de fotógrafo, ha parado su actividad en este aspecto: “Durante mi tiempo libre he tenido que elegir entre surfear y tirar fotos… y he priorizado el surf”. Finalmente, en el limbo de una cierta normalidad más allá del surf está June del Campo, quien asegura que “estamos haciendo el curso de manera presencial, sin limitación de aforo ni turnos partidos ni nada, la mascarilla y poco más”.

Además, ha empezado la vacunación, por lo que poco a poco volverá la normalidad en sus vidas, el surf más allá del propio municipio, los tatuajes, el balonmano, los restaurantes llenos, el tiempo para tirar fotos, etc. Hasta entonces, a los Egiguren, del Campo, Sabaly y Gil les toca seguir surfeando como se permita -ahora con más frío y menos gente ya en el agua- y sumando recuerdos para que un día “el surf en pandemia” deje de ser lo habitual y se convierta en solo eso, un recuerdo.

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