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Wingsuit

Álex Villar atraviesa el arco de Piedrafita con su traje de alas a más de 200km/h

Este alucinante atleta ha conseguido colgarse el mérito de realizar una hazaña histórica para el wingsuit. Un vuelo milimétrico de infarto.

Álex Villar atraviesa el arco de Piedrafita con su traje de alas a más de 200km/h
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Sin lugar a dudas, el salto BASE que sigue con un vuelo en wingsuit es uno de los deportes extremos más peligrosos y exigentes que existen a dia de hoy. Alcanzando velocidades que superan los 200 kilómetros por hora, los deportistas que se adentran en este universo de adrenalina en vena se exponen a unos riesgos tan elevados que ninguna otra modalidad le llega a la suela de los zapatos.

Pero… ¿Qué pasa cuando se les suma a la ecuación tener que pasar por un agujero de roca natural a una velocidad inimaginable? Eso es lo que ha intentado –y conseguido- el saltador Álex Villar con su última cruzada saltando desde la Sierra de Partacua (Huesca) atravesando el célebre arco de Piedrafita. Y vaya si lo ha hecho.

Con un estudio milimétrico y una precisión más exacta que la de un cirujano con su bisturí, donde el cálculo de la orografía de la zona, las condiciones del terreno y el momento exacto de abrir el paracaídas juegan el papel más importante, Villar acabó atravesando el arco a más de 200 km/h dejando a todo el mundo con el corazón en un puño. Un intenso ejemplo que deja latente, una vez más, la incansable voluntad de búsqueda de los límites del cuerpo y la mente humana a través del deporte de acción.

Y si bien es cierto que ya se había hecho antes en otros lugares como Montserrat, los condicionantes de este salto -el cual Álex dedicó a su difunto padre- eran de lo más peculiares. Desde la distancia entre el punto de partida (donde el objetivo apenas se ve) a la distancia de planeo pasando por tener que esquivar unos pinos previamente. Una auténtica hazaña para la historia del wingsuit. Un momento para la posteridad que, a su vez, deja constancia del nivelazo que hay en España en materia de deportes de aire. ¡Pura locura!