"El pinganillo convierte al director en otro corredor"
Miguel Poblet (Moncada, Barcelona) cumplió 83 años este 18 de marzo. Fue el primer español en vestir de líder en el Tour, en ganar la San Remo, y es el que más etapas conquistó en la Volta a Catalunya: 33. Hablamos con él en la carrera de su tierra.

La Volta a Catalunya cumple 100 años. Era obligado hablar con el hombre que más victorias de etapa ha logrado en la prueba.
Pues sí, 33, ahí están. Y también conseguí dos clasificaciones generales, fui segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto Siempre te gusta y te motiva mucho más vencer en casa. La jornada de Barcelona me encantaba.
¿Qué significa esta carrera para usted?
La considero la tercera del mundo en historia, sólo por detrás del Tour de Francia y el Giro de Italia. Te lo dicen su tradición y su categoría de UCI World Tour. La Vuelta a Tarragona nació antes, pero ya desapareció. Además, en esta edición podemos disfrutar de una participación extraordinaria, con Contador a la cabeza.
En su época profesional fue un pionero del ciclismo español: el primero que vistió el maillot amarillo en el Tour, primero en apuntarse en el mismo año triunfos en las tres grandes, primero en conquistar la Milán-San Remo, precursor en el pavés
Ufff, al enumerarlo así de carrerilla impresiona un poco. Con ese palmarés es lógico sentirse especial y no como uno más. ¡El día de mi primera San Remo salió una buena mención en el Telediario! Sin embargo, cuando corría, sólo competía con tres o cuatro sprinters y nos repartíamos todas las victorias. Ahora hay un abanico mayor de velocistas, se trabaja más en equipo... El ciclismo ha evolucionado muchísimo.
¿Y qué le parece el ciclismo actual?
Se ha perdido romanticismo, el componente de aventura. Antes nuestras bicis pesaban más de 15 kilos. Las de hoy, apenas seis. También debíamos acarrear los tubulares por si pinchábamos. Y, con suerte, nos indicaban las diferencias en una pizarra, no disponíamos de pinganillos, que ahora convierten al director en otro corredor, con una influencia determinante en el desarrollo de la carrera. Era un deporte en el que intervenían solo el ciclista y su máquina. Era más natural. Con tanto dinero, la cosa ha mejorado una barbaridad.
¿Se le valoró en España a pesar de ser un clasicómano?
Sí, porque lo que conseguí no lo logró nadie antes que yo. Por eso me da mucha pena que no se le dé importancia a los triunfos de Óscar Freire o a los grandes resultados que obtiene Flecha en las clásicas del norte. En el extranjero sí que les dan mayor relevancia, y me alegro. No todo es el Tour o hacer buenos puestos en rondas de tres semanas, tenemos estupendos corredores a los que no se trata como merecen.
¿Qué le habría gustado ganar y no pudo?
La París-Roubaix. Si me dicen cuando quedé segundo en 1958 que firmara el podio en la salida, no lo habría dudado un segundo. Cuando luego perdí por sólo 10 centímetros con Van Daele, no pude parar de llorar. Supuso una gran decepción, aunque luego supe que fue muy meritorio.
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¿Tiene algún otro pasatiempo aparte del ciclismo?
Sí, el fútbol. Y como buen barcelonés, soy del Barça. Practican un juego fantástico y se han llevado casi todos los títulos en estas temporadas. Ojalá continúen con esta racha muchos años.
