Ciclismo | Tour 2009. 8ª etapa

El león del Tour

Luis León Sánchez culminó una fuga. Nocentini salvó el liderato

<b>RADIANTE. </b>Luis León Sánchez señala el cielo en recuerdo de su hermano fallecido. Justo detrás, el francés Sandy Casar, que le disputó el triunfo hasta el final.
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Los verdaderos campeones, y valga el término para designar a los ciclistas con espíritu ganador (de etapas, de vueltas), siempre encuentran una respuesta positiva para un momento negativo. Podríamos llamarlo capacidad de superación y sacrificio, pero tiene más que ver con el orgullo inflamable.

Luis León Sánchez no empezó bien el Tour. Se esperaba de él una mejor crono (cedió 1:38 con Contador) y decepcionó su rendimiento en Arcalís, donde perdió 44 segundos con los favoritos. Lo que en otro ciclista de su edad (25 años) hubiéramos juzgado con amable comprensión, en su caso nos había despertado cierta impaciencia. Porque Luis León tiene talento, mucho, y una demostrada categoría para brillar en cualquier terreno. Lo dejó claro en la París-Niza.

Ahora ya sabemos que el corredor compartía nuestra inquietud. Por eso, en lugar de aplicarse la terapia de la autocomplacencia (soy joven, es pronto, ya he cumplido), se propuso recuperar el protagonismo. Ayer lo consiguió y el modo de lograrlo también nos descubre su relevancia como ciclista. Primero se fugó en busca de la etapa o el liderato. Luego pactó con Astarloza (si yo soy líder, no te peleo la etapa) y después se repartió con él la vigilancia de Efimkin y Casar. Por último, descartado el amarillo, planeó su triunfo con una frialdad asombrosa: capturado el ruso, tomó la rueda del francés y le superó en el sprint con tiempo para mandar recuerdos al cielo y la tierra. Un campeón.

Caisse d'Epargne alivió así la decepción causada por el abandono de Óscar Pereiro, retirado en el kilómetro 90, al paso por un avituallamiento. Son imprevisibles los derrumbes físicos, pero quien ha sido vencedor del Tour debe exigirse grandeza hasta en las retiradas y la de ayer no la tuvo.

Valientes.

Antes de alcanzar un desenlace convencional (victoria de un escapado, los favoritos de la mano), la etapa vivió instantes de verdadera emoción y suculentas promesas. La trama nos volvió a señalar a los principales enemigos del Astaná: Evans y Andy Schleck. Los demás (Sastre, Vande Velde, Menchov...) no están descartados, pero son irritantemente precavidos.

Evans, el primero en abrir el fuego, atacó dos veces en las rampas de Envalira. En la primera se formó un corte de 30 con Andy Schleck incluido. Sofocada esa rebelión, Evans probó de nuevo y se fue integrando en diversos grupos que llegaron a rondar el minuto de diferencia. El intento no cuajó, entre otras cosas por el rechazo de los otros escapados, sin opciones de llegar con tan ilustre invitado. Pero el susto queda consignado y la valentía del australiano, también.

La presencia de Cancellara entre los ciclistas fugados hizo sospechar luego un ataque de Andy Schleck. No llegó hasta el último puerto, pero tuvo el efecto de descolgar al líder, el estupefacto Nocentini. Tampoco fraguó. Los coroneles del Astaná reaccionaron con diligencia y el mundo recuperó la calma, eso sí, con más cansancio en las piernas de todos. El bueno de Nocentini regresó al grupo de cabeza y a su sueño de la infancia.

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Lo demás sucedió por delante. Efimkin tomó ventaja y tanto Luis León, Astarloza como Sandy Casar dispusieron una caza estratégica y recelosa, pues ninguno quería gastar muchas energías. Luis León ganó en la pizarra y en la carretera.

Hoy continúa la montaña con una etapa semejante porque abre un tramo de 70 km entre la última subida, el Tourmalet, y la meta. Será otra convocatoria para valientes, pero todos deben recordar, intrépidos y cautelosos, que no volverán las cumbres hasta los Alpes. También Contador debería tenerlo en cuenta.

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