Ciclismo | Vuelta 2008

Alberto Ganador

Tuvo que sufrir hasta el último momento, pero Alberto Contador se coronará hoy como vencedor de la Vuelta a España. El campeón perdió 31 segundos con su compañero Leipheimer, ganador en Navacerrada. Sastre mantuvo su tercer puesto del podio.

<b>CLAMOR EN NAVACERRADA. </b>Numerosos aficionados, muchos de ellos seguidores de Contador, jalearon a los corredores en la subida. En la imagen, el líder en pleno esfuerzo.
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Alberto Contador ganará hoy la Vuelta a España con 46 segundos de ventaja sobre su compañero Levi Leipheimer, vencedor ayer. Antes que el halago al campeón propongo una fantasía: si descontáramos las bonificaciones obtenidas por ambos durante la carrera, 58 segundos para Contador y 12 para Leipheimer, el español y el americano tendrían el mismo tiempo en la clasificación general. Ese hipotético empate se habría resuelto en favor de quien menos centésimas hubiera sumado en las cronos. Y entonces el ganador, no se asusten, seguiría siendo Contador, que en las dos etapas cronometradas acumula 57 centésimas por 124 de su adversario. Lo que significa que habría ganado la Vuelta por una diferencia de 67 centésimas.

Alguien dirá, con razón, que esa es una carrera que nunca se corrió, pero el juego nos da una idea de la igualdad de fuerzas y de lo decisiva que ha resultado la jerarquía en el equipo Astaná.

Bruyneel jamás consideró a Leipheimer como una opción para la victoria final, hasta el punto de despreciar por dos veces su liderato. Y Leipheimer nunca puso objeciones al reparto de papeles, como declaró públicamente y demostró en el Angliru, donde cedió 1:05 después de trabajar para su jefe de filas.

No pretendo poner en duda la gran victoria de Contador, que se hubiera ajustado a cualquier necesidad, sin embargo resulta inevitable imaginar cómo hubiera sido la Vuelta a España si Leipheimer hubiera corrido en otro equipo y con otra ambición.

Y lo señalo porque, sin darse esas condiciones, la cronoescalada provocó sentimientos que pasaron de la euforia plena a la inquietud leve. No diré que sobrevoló la sombra de Caritoux, pero sí es cierto que lo que considerábamos un margen suficiente se transformó, según pasaban los kilómetros, en una diferencia preocupante, expuesta a un pinchazo o a un exaltado con tanga.

Creo que hasta el líder se agobió y tengo la impresión de que nunca se le hizo tan larga la subida a Navacerrada, porque también intuyo que Contador, a pesar del magnífico triunfo, no está en su mejor estado de forma, como tampoco lo estuvo en el Giro.

Conseguir dos victorias de semejante categoría sin estar en plenitud es lo que nos da idea del fabuloso campeón que nos ocupa. Contador gana de todas las formas posibles, hasta por oficio, y a su dominio físico se une el dominio psicológico, que es un favor que sólo disfrutan los más grandes.

Suspiro. Cuando cruzó la meta, Contador comprobó su diferencia con Leipheimer en el panel electrónico y luego apretó el puño derecho con tanta alegría como alivio. Había perdido 31 segundos, la misma diferencia que un inspiradísimo Valverde, aunque las centésimas le beneficiaban (otra vez) y le situaban en segunda posición de la etapa.

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Sastre, a 1:02, mantuvo su lugar en el podio, que pisará por tercera vez en su carrera, después de los segundos puestos de 2005 y 2007. Mosquera, a 1:15, se quedó a las puertas del cajón, pero cerca de un gran contrato. Entre los mejores, sólo Purito Rodríguez logró ascencer un puesto en la general al desplazar del quinto lugar al prometedor Gesink.

Leipheimer lo festejó con modestia, como suele. Ha ganado las dos cronos de la Vuelta y siete años después volverá a estar en el podio de Madrid (fue tercero en 2001). No se recuerda un gregario tan brillante tan fiel y tan manso.

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