Operación Arroyo
El equipo de Eusebio Unzué fue el gran protagonista de la etapa de ayer en Segovia. Primero por incluir a cuatro corredores en una escapada. Después, por trabajar para su líder Alejandro Valverde. Y, por último, por ganar con el ciclista talaverano David Arroyo.

David Arroyo logró una magnífica victoria en Segovia aunque sus compañeros hicieron lo posible por darle caza. Se confirma que el Caisse d'Epargne es un equipo impredecible. El misterio comienza en la nomenclatura y continúa en la pronunciación. Erróneamente conocido por algunos como "El Queso de España", Caisse d'Epargne debe pronunciarse "kesdeparñ", a ser posible articulando el sonido con una boca de piñón.
Sus otros laberintos son más complejos. Ayer, sin ir más lejos, el equipo planteó una batalla formidable cuando nadie lo esperaba. En contra de lo previsto, no se limitó a controlar la carrera en busca del triunfo de Valverde, sino que desplegó un ataque espléndido que provocó cierto sofoco en el equipo de Contador. Finalmente, el movimiento no tuvo consecuencias, pero pudo tenerlas, y si todas las formaciones agotaran las posibilidades de la sorpresa seguro que disfrutaríamos de carreras más divertidas.
El zafarrancho comenzó en el Puerto de Navacerrada, kilómetro 37, cuando se formó una escapada que hubiera sido como tantas de no incluir a cuatro ciclistas del Caisse d'Epargne: Pasamontes, Arroyo, Losada y Joaquín Purito Rodríguez, séptimo en la general a 6:05 del liderato.
La fuga alcanzó pronto los 50 segundos de ventaja y la situación se hizo tan delicada que el propio Contador se vio obligado a intervenir. Su demarraje tuvo el doble efecto de reducir la diferencia a 16 segundos y congelar la revolución. Aunque los escapados siguieron abriendo camino en el llano, lo hicieron ya bajo el férreo control del Astaná, que se había reagrupado en el descenso.
Tensión. En Navafría continuó el baile. Mientras el Caisse d'Epargne disputaba por delante una crono por equipos, Carlos Sastre atacó por detrás. Intuyo que fue más un arrebato de vergüenza torera que un verdadero asalto a la general, pero sirvió para tensar al grupo. Cuando no pudo más le relevó Mosquera, que crispó el gesto de todos sus rivales, incluido Contador.
El resultado de esa escaramuza es que sólo quedaron tres supervivientes de la fuga: Arroyo, Loubet y Kiryienka. Con 56 segundos de ventaja y más de 40 kilómetros por delante, nadie creyó en su aventura. Caisse d'Epargne rechazó el tercio de probabilidades que le concedía la escapada y ordenó a Arroyo que no diera relevos. Al tiempo, organizó al resto del equipo para cazar a los fugados. Valverde, debió pensar Unzué, era una opción más real, incluso llegando en un pelotón de 50 corredores.
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Suerte para David Arroyo que el Caisse d'Epargne no es especialista en las cronos por equipos. A pesar del esfuerzo de los perseguidores, la diferencia no bajaba de los 50 segundos y la cuestión fue más asombrosa cuando, atufado Loubet, Kiryienka se convirtió en el único enemigo de la jauría.
Pueden imaginar el rubor de Arroyo, a cuatro, tres y dos kilómetros de meta. Consciente de que ellos se jugarían la victoria, el bielorruso reclamaba ayuda y David le recomendaba resignación cristiana, órdenes de equipo, tovarich. Si Pino fuera el director del Tinkoff el asunto no habría quedado ahí, pero quedó. Arroyo demarró en la última recta y se proclamó vencedor por todos los gregarios del mundo, incluido Kiryienka. Caisse d'Epargne lo festejó como quien celebra su buena puntería, la carambola, la chamba y la chiripa. Ahí que estar ahí, me dirán ellos. Y eso es cierto: Arroyo siempre está.