Ciclismo | Vuelta 2008. 17ª etapa

Sprint con miga

La etapa se resolvió en una llegada masiva con victoria de un lanzador de Tom Boonen, pero antes José Ruiz y Pedro Horrillo protagonizaron la escapada del día. El pelotón se rompióen los últimos kilómetros, pero no hubo decisión en el grupo cabecero y se volvió a fusionar.

<b>ALEGRÍA Y COLORIDO. </b>Dos castizas aficionadas saludan el paso del pelotón de la Vuelta camino de Valladolid.
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En la ciudad ambulante sucede algo hasta cuando no ocurre nada. Ayer venció al sprint un belga de nombre Weylandt, lo que podría considerarse por el ojo poco avezado como el culmen del sopor, una etapa llana, sin huelgas, un vencedor anónimo y una llegada masiva, calor y chicharras. Sin embargo, el joven Weylandt, de 24 años, es un velocista con un futuro prometedor, sin que su pasado sea despreciable, pues fue novio de Miss Belleza de Bélgica, una muchacha de asombroso parecido con cualquier guapa que se imaginen.

El sorprendente triunfo de Weylandt esconde, además, una historia de falsa educación. Si el chico se libró de trabajar para Tom Boonen es porque su jefe renunció al sprint. El motivo es que el ex campeón del mundo tenía previsto abandonar la carrera y le parecía feo hacerlo después de haber subido al podio con el maillot azul que reconoce al líder de la clasificación por puntos. De modo que regaló el sprint a Weylandt, su último lanzador, y el maillot a Van Avermaert, rival y compatriota.

Nadie se imagina que esto pudiera suceder en el Tour, y menos aún a falta de cuatro etapas. Nadie en condiciones físicas y mentales despreciaría jamás la oportunidad de subir al podio en los Campos Elíseos. Y eso debería hacernos reflexionar sobre nuestra carrera. Antes que un cambio de fechas, la Vuelta necesita recuperar el prestigio o fabricar uno nuevo; reinventarse, en definitiva. Sin una renovación que vaya de los decorados a los premios y de los trazados al marketing no dejaremos de ser nunca la tercera carrera, la que se puede abandonar a cuatro días del final. Ayer, por cierto, no tomó la salida Chavanel.

Héroes.

Reconforta saber que hay tipos que no se retiran nunca. Por ejemplo, los ciclistas del Andalucía Cajasur, inasequibles al desaliento. Ayer fue el cordobés José Ruiz quien probó fortuna al apuntarse, en el kilómetro 12, a la aventura de Pedro Horrillo. Eligió a un ilustre compañero porque Horrillo, además de brillante columnista en El País, es licenciado en Filosofía y autor, entre otros escritos, de una oda al Chava: "No hay rival Jiménez. No pienses más, no es nadie, ni siquiera tu cuñado, tú único rival eres tú, Chabacano".

Horrillo sabía que aunque todas las escapadas son la misma, nunca se repiten. Y confió en alcanzar con dos minutos de ventaja en el último páramo. No lo consiguió.

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Por detrás comenzaron a sucederse los acontecimientos. Primero intrascendentes, como la aparición del muchacho de los cuernos, y después insoslayables, como el abanico que partió al pelotón a falta de 15 kilómetros y dejó cortados a Zabel y Boonen, que sonreía para sus adentros. Para su desgracia el grupo se volvió a fusionar y así entró en Valladolid, con Weylandt a la cabeza.

Después, en el podio, nos asaltó una reflexión: hablamos, con todo merecimiento, del esfuerzo de los ciclistas durante una carrera de tres semanas, pero olvidamos, injustamente, a las azafatas del champán, regadas cada tarde con espumoso y obligadas a sonreír como si cada baño fuera el primero y cada ciclista George Clooney. También ese esfuerzo y sus secuelas (probable aversión al cava) debería encontrar una recompensa, tal vez un producto regional (quesos, vino) o quizá o una entrevista con Perico, que es el Letterman del ciclismo español. Fama y reconocimiento, eso pido.

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