Galicia caníbal
El equipo Xacobeo se apuntó por fin una victoria en la Vuelta. David García Dapena levantó los brazos en Ponferrada y ganó la partida a un grupo de fugados que empezó siendo de 17 y acabó con cuatro supervivientes. Contador sufrió una caída con quemaduras, pero sin consecuencias.

No conviene subestimar el poder de las meigas. Un día después de que el equipo Xacobeo se sintiera agraviado por la falta de solidaridad del Astaná, Contador rodó por el suelo y David García Dapena logró la etapa que se le negó a Mosquera. Sería recomendable que el líder se hiciera con una castaña pilonga, el espolón de un gallo o un collar de muérdago, que son discretos amuletos contra los conjuros y los encantamientos. Queda mucha Vuelta.
Al margen de los hechizos, hay que destacar que la etapa fue digna de un campeonato del mundo, repleta de dificultades y, como postre, con una trampa para osos, el Alto del Lombillo. En esas condiciones hay que descubrirse ante David García, que disfrutó, a los 30 años, del sabor de las victorias en las que nadie regala nada, ni sonrisas, ni caridad.
No obstante, la etapa repitió polémica. Cuando se dirimía el triunfo entre cuatro escapados, David Arroyo (Caisse d'Epargne) se negó a colaborar con David García y Gárate (Quick Step) en su disputa con el belga Nuyens (Cofidis), que había atacado aviesamente. Hay que suponer que Arroyo cumplía las órdenes que le llegaban desde el pinganillo, que es un aparato que igual sirve para transmitir instrucciones, rencores o miedo. El caso es que Gárate y García se aliaron contra el soldado Arroyo.
En otros tiempos el belga hubiera ganado la etapa mientras los nuestros reñían, pero el nuevo ciclismo español no desperdicia una victoria. David García demarró con la fuerza de mil hombres y se presentó en la meta de Ponferrada besándose el anillo y palmeándose el pecho, reivindicando pulmones y maillot. Merecía un triunfo así y lo merece también el patrocinio del Xacobeo, que este año cubrió la retirada de Karpin, acuciado por la crisis inmobiliaria.
Si el final fue agitado, el transcurso de la etapa no resultó menos movido. Después de un fabuloso zafarrancho de combate se escaparon quince ciclistas, varios ilustres: Gilbert, Astarloza, Zandio, Arrieta... Entre ellos no estaba todavía David García, que ayer sólo llegó puntual a la meta. Apareció tarde en el control de firmas y luego perdió el primer tren de insurrectos. Suerte que no le falta determinación. Cuando los fugados tenían medio minuto de ventaja, salió a por ellos en compañía de Tiralongo, que es hombre de grandes relevos, como indica su apellido. Les costó 20 kilómetros enlazar.
Coartada. Esa fuga masiva sirvió de coartada para que los favoritos no se movieran, aunque el trazado era una invitación para las emboscadas y los valientes, para los aspirantes. De eso se libró el líder, pero no de la caída. Al paso por Vega de Espinareda, cuando la inquietante calle de La Pollosa giraba a la izquierda, Contador se enganchó en una grieta y voló por los aires. Aunque salió magullado en todo el hemisferio izquierdo, se levantó sonriendo, como es él.
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Además del ganador, la jornada tuvo otro héroe: José Luis Arrieta, 37 años, la edad de Armstrong. Quien fuera gregario de Indurain lo intentó con el entusiasmo de un amateur y con piernas parecidas. Han pasado dos años de su victoria en Ciudad Real y Arrieta entendió que la fecha era talismán. No contó con las meigas.
A 20 km de meta aventajaba a los escapados en 40 segundos. Pero fue un sueño. Acabó atrapado y sin objeciones, sin pedir compasión por su veteranía, sin reclamar la etapa que también merecía.