Ciclismo | Vuelta 2008

El juez Angliru

El coloso asturiano desafía a los favoritos de cara a la general

<b>PROBANDO. </b>Alberto Contador se entrenó en julio por las rampas del Angliru. Tanto él como su bicicleta se retorcían para superar las partes más duras de la ascensión.
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Ayer llovía y clareaba en Comillas, sin que los satélites sepan decir lo que ocurrirá hoy, claros y lluvia, parece. Esa previsión incierta ronda sobre la etapa como si fuera una montaña más, la peor, porque no discierne entre escaladores y camuflados, sino entre prudentes y valientes, entre desgraciados y afortunados. Bajar con lluvia es una habilidad pariente de la ruleta rusa que no elimina por agotamiento sino por el humano pavor a los acantilados.

Por mucho que jarree, es seguro que ninguno de los favoritos bajará al coche para pedir un chubasquero. Habrá baile de gregarios diligentes como si fuera un concurso para elegir al mejor mayordomo del año. No puede fallar nada, porque la de hoy es la jornada memorizada desde hace meses, la terrible etapa del Angliru.

En ese mundo perfecto ganaría Alberto Contador, quizá etapa y maillot oro, o tal vez sólo el liderato, pero siempre Contador. No hay mejor escalador y ninguno tan explosivo, tan adecuado a la explosividad casi circense de las rampas del Angliru, más difícil todavía.

Sin embargo, permanece una duda leve. Aunque cumplió con el protocolo de los campeones, Contador no consiguió diferencias en los Pirineos. Ni siquiera logró distanciarse cuando demarró en la llegada a Suances. Y eso pudiera indicar un mínimo punto de debilidad, una rendija para la esperanza del enemigo.

Los rivales.

Podríamos discutir mucho sobre el principal rival de Contador, que si Antón que si Sastre, o quizá Leipheimer, pero yo a estas horas me inclinaría por Egoi Martínez. Por ir por orden. Cuando un ciclista de esa categoría es líder de una carrera hay que estar preparados para una resistencia colosal. Recordemos Pereiro, Giovanetti y tantos otros. La variedad convierte al Euskaltel en el equipo de la carrera. Y es reconfortante que su director, Jon Odriozola, haya asumido el papel de leal oposición. Sus opciones son muchas, pero si no le conforma el podio y pretende asaltar la Vuelta con Igor Antón necesita de un ataque anterior al Angliru.

Carlos Sastre es una incógnita. Intuyo que su deseo es resistir hasta la última semana y entonces aprovechar su experiencia de ciclista largo y sabio. Por otro lado, la imponente etapa de mañana, con final en la estación de Fuentes de Invierno, se adapta mejor a sus condiciones. Del resto de aspirantes sólo cabe esperar la revolución. Leipheimer debería desafiar a su director, que le considera un gregario cualificado, y eso es desconsideración. A Gesink le haría falta una eclosión repentina, una presentación mundial. Mosquera es el tapado y Purito querrá vengar a Valverde, aunque espero que Valverde prepare una venganza propia, a la altura de su calidad y nuestras esperanzas pisoteadas. Cunego volará por allí.

Hoy es una jornada excepcional, durísima, que supera los 200 kilómetros y reúne cuatro puertos y una escalada con piolet. De aquí no debería salir sólo un ganador, también un campeón.

Los ganadores

2002. Heras. Sevilla era líder de la Vuelta. Heras ganó y volvió a coger el maillot amarillo tras aventajar en 2:50 a Sevilla.

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2000. Simoni. Casero y Heras llegaban empatados a tiempo. Ganó Simoni y Heras aventajó en la meta en 3:41 a Ángel Casero.

1999. Chava. Inauguró el palmarés del Angliru. Olano mantuvo el liderato ante Jan Ullrich, aunque lo cedió en Andorra.

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