Ciclismo | Vuelta 2008. 8ª etapa

Ojo a Leipheimer

Los Pirineos se cierran sin apenas diferencias entre los aspirantes. Ayer atacó Contador, pero Valverde y Antón aguantaron su rueda. Sastre cedió, pero se recuperó después y sólo entregó cinco segundos en meta. Leipheimer se vuelve a vestir de líder y habrá que tenerlo en cuenta.

<b>PELEA POR LAS BONIFICACIONES. </b>Valverde superó en el sprint a Contador y Antón, y se llevó 12 segundos de bonificaci el madrileño consiguió ocho.
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Antes del relato, el balance. Contabilizadas las dos etapas de los Pirineos (374 km, ocho puertos y diez horas de carrera), Contador ha aventajado a Sastre en cinco segundos (más 16 de bonificación) y en 55 a Valverde, que se quedan en 51, una vez compensadas las bonificaciones propias (+8) y las del murciano (+12). En la general, Contador aventaja en 28 segundos a Valverde y en 1:06 a Sastre.

No parece mucha la renta obtenida si pensamos que Contador ha jugado al ataque y su equipo ha escenificado las maniobras de las grandes ocasiones. Podríamos concluir que el principal favorito, aunque más regular, no está mucho mejor que el resto. Pesa la temporada y vuela la cabeza, porque la mayoría de los aspirantes sienten que ya han amortizado su año.

La situación, no obstante, no debería preocupar a Contador. La deriva natural de la carrera le señala como campeón, aunque sin diferencias escandalosas, y sin que les quede a sus adversarios españoles otra opción que el catenaccio o la proeza. Valverde podría plantear una batalla por las bonificaciones lejos de las montañas, pero cuesta creer que su equipo tome una decisión tan osada. Y Sastre podría esperar un inesperado desfallecimiento de Contador, rematado luego con un arrebato de veterano. Improbable, también.

Sin embargo, hay un elemento de desestabilización que no deberíamos pasar por alto: Leipheimer. El americano recuperó ayer el liderato que se ganó en la crono y cedió luego obedientemente por decisión de su equipo, que quería evitar los rumores malvados, aquellos que apuntaban que tener dos líderes en un equipo equivale a tener un problema.

Salvo sorpresa, el próximo sábado Leipheimer llegará al Angliru de líder y quizá entonces, a siete días del final, le pueda más la ambición que la obediencia. De superar esa etapa, sería lógico que reclamara su derecho a pelear por el triunfo, lo que plantearía un dilema al Astaná.

Pero analicemos lo sucedido ayer. Como suele ocurrir, los favoritos esperaron al último puerto para moverse. Allí se encontraron una montaña sin excesiva dureza, de no ser por el cansacio acumulado.

Ese hecho, que debía ser conocido por los interesados, ya que Pla de Beret fue final de etapa en el Tour 2006, minimizó el despliegue de Astaná. También faltó un último relevo para el trabajo de Klöden y Rubiera. El caso es que Contador atacó y se llevó a su rueda a Valverde, favorecido por la pendiente. Cedió Sastre y Antón hizo la goma.

Clave.

En ese momento se concentra el meollo de la etapa. Con Sastre a 18 segundos, Contador reclamó la colaboración de Valverde, sin respuesta. Y le atacó, sin éxito. Entonces llegó Antón y se acercó el grupo de perseguidores.

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Aunque pudo ser más ambicioso, no se le puede reprochar la actitud a Valverde, que pensaba en las bonificaciones, y tampoco se puede lamentar Contador, que debió adelantar su ataque a la Bonaigua. Pero en ambos casos hay que criticar que Astaná y Caisse d'Epargne no controlaran la fuga que permitió la victoria de Moncoutie, superviviente de una escapada en el km 38.

Valverde se presentó a 34 segundos del vencedor y sumó 12 de bonificaci Contador, ocho. El grupo de Sastre, Leipheimer, Mosquera y Gesink perdió cinco segundos. Los Pirineos sólo aclaran que esto no será un duelo entre españoles. También corre Leipheimer.

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