Todos fuertes
A diferencia de lo que sucedió hace un año, la primera contrarreloj de la Vuelta nos deja una carrera reñida y emocionante. Los aspirantes no ceden y llegarán igualados a los Pirineos. Alejandro Valverde, a diez segundos de Contador, sale reforzado. Leipheimer ganó la crono.

Otras carreras tienen los extras de serie: el entusiasmo, el recorrido, la fama. Sucede con el Tour, donde no falta emoción porque nunca faltan ciclistas y ocurre en el Giro, donde no falta pasión porque siempre hay italianos. La Vuelta, en cambio, debe ganarse la atención cada año, librarse de las dudas. Ayer logró la cota de interés que precede a las cotas de audiencia y a las cotas puntuables. Ayer la contrarreloj igualó a los favoritos y lo hizo con buen gusto, repartiendo oportunidades y esperanzas.
La primera conclusión es que Contador, Valverde y Sastre pelearán por el triunfo con fuerzas equivalentes. La siguiente reflexión apunta a la segunda línea de aspirantes, encabezada por Igor Antón y el prometedor Robert Gesink. Ambos siguen en la pelea. Y en tercer lugar podríamos hablar de los actores secundarios. Leipheimer lo será por voluntad propia: después de proclamarse ganador y nuevo líder declaró su absoluta fidelidad a Contador. Ya no quedan hombres así. Chavanel, a dos segundos del maillot oro, también merece honores, por irreductible y por franc necesitamos a los franceses, créanme.
Pero desglosemos lo ocurrido. De la terna de favoritos, Valverde sale reforzado, pues perdió sólo 10 segundos con respecto a Contador, un especialista en cualquier materia, y aventajó en 31 a Sastre, que es un motor sin averías. La actuación del murciano, sobresaliente, hubiera sido colosal de no haber aflojado en los últimos 14 kilómetros; hasta entonces marcaba los mejores tiempos. A pesar de ese lamento, se confirma como una opción seria para luchar por el triunfo, una vez superada su asignatura pendiente: conciliar piernas y cabeza, talento y concentración. Esos son los requisitos de los campeones y los contrarrelojistas.
Cumplidor. Contador cumplió con las calificaciones que se esperan de un superdotado. Mantuvo una constancia admirable y una postura exquisita, deslizando la bicicleta sobre el carril invisible de los rodadores. No tardó en tomar ventaja sobre Sastre, pero no pudo ampliarla en la segunda parte del recorrido, cuando la veteranía se impone. Es entonces, en los terrenos del agotamiento, cuando el vigente campeón del Tour saca galones y fuerzas. Finalmente, la diferencia fue de sólo 41 segundos.
Como quedó dicho, el rendimiento de Antón y Gesink fue la otra gran noticia del día, porque son jóvenes y escaladores puros, puñales en las montañas. El vasco cedió 1:46 con respecto a Contador y el holandés 1:19. Un magnífico resultado si pensamos que en esta Vuelta no queda más crono que la subida a Navacerrada, y antes esperan los Pirineos y el Angliru.
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Leipheimer cumplió los pronósticos y sentenció el triunfo con una última parte soberbia, muy al estilo de los Juegos, cuando consiguió el bronce. Chavanel, a 12 segundos, confirmó su madurez como ciclista y Boonen sorprendió con un fabuloso ataque de vergüenza torera y disputó la crono sin reservas, olvidando que hoy mismo tiene una nueva oportunidad de ganar una etapa. Terminó a 1:21.
Hoy comienza otro mundo. La llegada en Toledo ofrece el estímulo de una subida final muy apta para Valverde. Luego, tras un día de descanso, los Pirineos saldrán al encuentro. Ya no hay excusas: la Vuelta se ha ganado el interés.