Ciclismo | Vuelta a España

La Mancha duele

El jiennense Manuel Ortega fue el héroe de la jornada, al correr en solitario 140 kilómetros. Bettini se dejó ver en el Alto de San Jerónimo, pero los velocistas querían sprint. En Córdoba, Boonen se impuso a Benatti, que es el nuevo líder de la carrera gracias a las bonificaciones.

<b>MUCHA EXPECTACIÓN. </b>Numerosos aficionados siguieron ayer el paso de la carrera entre Córdoba y Puertollano.
Actualizado a

Cuando reflexionábamos sobre el parecido de La Mancha con los desiertos de John Ford, una caída a poco más de tres kilómetros de la llegada nos devolvió a la manchega realidad. La montonera atrapó a todos los favoritos. Sastre evitó la caída, pero se rasgó con una valla. Contador se golpeó la rodilla contra una bicicleta. Schumacher besó el asfalto y Cunego pasó sin apuros porque ya se había caído kilómetros antes. Hubo quien solicitó que los jueces adelantaran cien metros el suceso y lo incluyeran dentro de los tres últimos kilómetros, el tramo donde no se contabilizan pérdidas de tiempo en caso de accidente. Sin embargo, no hubo piedad, lo que nos parece muy bien, porque no debemos librar al ciclismo ni de lo fortuito ni de las reglas.

El resumen de los daños es el siguiente: Contador, Sastre y Valverde llegaron a 19 segundos del vencedor, signore Bennati. También Leipheimer. Gesink entregó 42 y Rebellin 56. Cunego, víctima de un percance distinto, se dejó 2:16, Klöden 4:12 y Schumacher 4:36. De los ilustres, sólo Igor Antón, Popovych, Chavanel, Flecha y Gárate llegaron cerca de la cabeza, a siete segundos. Hay muchas etapas de montaña que no señalan tantas diferencias.

No se puede hablar de debacle porque el incidente afectó a buenos ciclistas pero de intenciones inciertas. Costaba imaginar a Klöden peleando por el triunfo final contra su compañero Contador y resultaba difícil creer que Schumacher llegaría en la Vuelta al deslumbrante nivel del Tour. Cunego, en situación parecida, se ha vuelto tropezar con su mala suerte recalcitrante. En el Tour no se perdía un sartenazo y ayer probó suelo español.

Después de esa conmoción, que nos recuerda que ningún otro deporte está tan expuesto al destino que duele, lo ocurrido durante la etapa puede parecer una anécdota. Pero no lo es tanto. Valverde y Contador pelearon por las bonificaciones intermedias; el murciano consiguió dos segundos y el madrileño otro tanto. La escaramuza no tuvo consecuencias, pero indica implicación e interés, delicioso pique.

Proeza.

Mientras las figuras alimentaban sus cuitas, otro corredor del Andalucía Cajasur completaba el curso de héroe. Si el primer día fue Rosendo y el siguiente Manuel Ortega, ayer le tocó el turno a José Antonio López Gil, Malagueta. No se conoce equipo que honre tanto al patrocinador ni corredores tan dispuestos. Ni comunidad autónoma más salerosa. Para que luego digan que no hay que gastar en marketing.

Cumpliendo el protocolo, Malagueta se fugó en el kilómetro siete y fue atrapado con Puertollano en el horizonte. Entretanto, enseñó el lomo y el pundonor. Su actitud y su peripecia personal (de albañil a camarero) nos recuerda cuánta dignidad cabe en los ciclistas humildes.

Noticias relacionadas

Nadie como Malagueta para saber que la suerte no es ganar, sino sobrevivir. La historia la relata Chema Bermejo: "El 15 de febrero de 2001, Malagueta se cruzó con los hermanos Ochoa y rechazó la invitación de entrenar con ellos porque se sentía cansado. Poco después, los Ochoa fueron atropellados, murió Ricardo y Javier quedó malherido...".

La etapa llegó a Puertollano como una lagartija sin cola. Quick Step preparó el sprint para Boonen, pero se olvidó de Boonen. Grave error. Bennati se aprovechó del trabajo ajeno y nos mostró su envidiable bronceado en el podio. Los favoritos resoplaban y Malagueta sonreía. Otro día vivo.

Te recomendamos en Más Ciclismo