El triple de Sastre
Carlos Sastre, el madrileño de El Barraco o el abulense de Leganés, selló con una brillante actuación contra el crono su triunfo en el Tour. Con su victoria, ya son tres consecutivas de ciclistas españoles en París, tras Pereiro y Contador.

El día del amarillo. Carlos Sastre no quiso saber nada del recorrido hasta ayer mismo a primera hora de la mañana. Para qué saberlo antes si no lo van a cambiar. Le gustó desde el principio. Al resto de sus colaboradores también, hasta tal punto que de regreso al hotel se perdieron un buen rato por las carreteras reviradas de la zona del Cher, el Querido, vamos.
El sueño de las 13:00. Asistimos al momento en que Carlos llegaba en coche al autobús del CSC, aparcado en la zona de salida de Cérilly. En la parte de atrás, el amarillo dormía plácidamente. Fueron aquellos cinco minutos de "menuda tontería me ha pillado" en la que todo el mundo ha caído. Lucía el sol, el aire acondicionado que adormece Además, si sólo se estaba jugando el Tour de Francia. Tenía razón Torralbo, el mecánico, cuando dijo que estaba más nervioso él que el propio interesado.
Brian marca la pauta. El tal Brian es el jefe de prensa del CSC. Lleva la cabeza rapada y asegura no haber conocido jamás "a un tío como Carlos". Dice que Sastre es "de los que te pregunta por tu mujer y los niños". No le falta razón. El ganador virtual del Tour ha mostrado su mejor cara en este Tour pese a que le siga faltando esa espontaneidad con la sonrisa que le sobró a Contador el año pasado.
Bobet, Walkowiak y Anquetil. Pasan los kilómetros y al chico de Madrid-Ávila no le quita nadie de su trono. Los periodistas franceses se giran alucinados. "¡Tres veces seguidas!". Efectivamente no van mal encaminados. El ciclismo español logra su tercer Tour consecutivo. Pereiro, Contador y Sastre han hecho como Bobet, Walkowiak y Anquetil, los tres últimos ciclistas distintos del mismo país (Francia) que lograron tripitir (1955, 56 y 57). Este Tour pasó el viernes por la casa de Walkowiak. Todo cuadra. Este era el año en que había que volver a nombrarle.
Evans no, lo dijo Merckx. El francés Lucien Aimar fue el último que ganó un Tour (1966) sin haber conseguido una etapa. Cadel Evans le hubiera sucedido en este palmarés de tristes vencedores. Eddy Merckx dijo el viernes que Evans no había hecho "ningún esfuerzo" en la carrera. El australiano no podía vencer así, sin equipo y sin un solo demarraje en tres semanas.
Autraliano 'a lo Armstrong'. Está escrito. Sastre llegó dormido en el coche a tres horas de su gran momento. Mientras tanto, Evans descansaba en la casa que había alquilado su Silence Lotto en la línea de salida. Fue casi como una expropiación a la pobre mujer que allí pasa sus veranos. Ahora ya no es tan pobre, claro.
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Un compañero feliz. Cadel tendrá al menos a un escudero feliz en el Silence. Es el famoso Vansevenant. El otro día le dejamos como el farolillo rojo por tercer año consecutivo. En el macizo central se le puso chulo Eisel (Gerolsteiner), arrebatándole ese honor. Wim puso ayer solución al drama quedando el cuarto por la cola a 10:56 de Schumacher. Vuelve a ser último con 53 segundos de ventaja sobre Eisel. Habrá batalla.
Crono en Montecarlo. Este Tour de Francia se ha decidido en una contrarreloj. El de 2009 empezará a sentenciarse en Montecarlo. Allí, en el Principado de la Fórmula 1, la organización prepara una crono de 15 kilómetros para la primera etapa. Quizá sea la oportunidad ideal de Evans para vestirse de amarillo. Será su desquite con el permiso de España, de Sastre y de Contador.