"Al doblar a Schleck, se ha visto quién es el jefe"
Hubo pantallas gigantes en El Barraco y en Ávila
Conozco a Carlos desde el primer fin de semana que pasó en El Barraco. Siempre le he visto dando pedales y le sigo por la tele cada vez que participa en una buena competición. Se merece ganar el Tour de Francia, es el colofón perfecto a la carrera de un currante ejemplar". Así resume una vecina de toda la vida de El Barraco la trayectoria de Carlos Sastre: pasión por su trabajo, por la bicicleta.
"No pasa nada por que salga el último, ¿no? Yo es que no estoy muy puesto, pero cuando él corre me pongo muy nervioso". Más de 1.000 habitantes de la localidad abulense (son poco más de 2.000) se congregaron alrededor de la pantalla gigante que instaló el Ayuntamiento en la Plaza de la Constitución. La mayoría sólo quería ver a Sastre certificar su victoria en el Tour, pero los había entendidos, El Barraco es un pueblo con una extensa tradición ciclista. De aquí son Ángel Arroyo, segundo en el Tour de Francia de 1983, y Chava Jiménez, ganador de nueve etapas de montaña en la Vuelta y uno de los mejores escaladores de los últimos tiempos. Aquí nació también Víctor Sastre, fundador de una escuela para jóvenes corredores. Su hijo, Carlos, dará a conocer el nombre de El Barraco a nivel internacional gracias a su victoria en la Grande Boucle.
Evans.
Los vecinos confiaban en el líder del CSC antes de que comenzara la contrarreloj: "Cadel Evans no es rival, si el año pasado Contador no tuvo problemas para aguantarle, y es de Pinto, ¿cómo no le va a ganar Carlos, que es abulense?" Pese a que Teresa Candil diera a luz al pequeño Sastre en Madrid y se criara en Leganés hasta los 18 años, todos le consideran patrimonio de El Barraco.
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La primera referencia, en el kilómetro 18, provocó la primera explosión de alegría entre el público: "Evans sólo le saca ocho segundos, tiene medio Tour en el bolsillo. Y luego decían que el australiano era el especialista contra el crono...". Otro momento de júbilo se produjo cuando Carlos dobló a su compañero Frank Schleck a falta de seis km para la llegada. "Eso, para que vea quién es el jefe del equipo. El día en que Schleck atacó en Hautacam, Carlos se contuvo en el grupo. En Alpe d'Huez, los dos hermanos no pararon de dar acelerones cuando el nuestro iba por delante. Vaya familia".
Sastre no tardó en asomar por la línea de meta de Saint Amand Montrond, amarillo radiante, triunfal. El cava se descorchó, los cohetes explotaron y asomó alguna lagrimilla. "Aún va a ser peor cuando le veamos en lo más alto del podio de los Campos Elíseos".
