Saint Amand: ciudad de la duquesa del Maine
Mañana llegaremos a París. Finalizarán tres semanas en las que hemos hablado de galorromanos, visigodos, francos y cátaros; tres semanas sin mencionar apenas un nombre de mujer. Pues hoy, contrarreloj, es el momento de hacerlo. No, no voy a contar las hazañas de la extraordinaria Joane Somarriba o sus colegas Maribel Moreno, Dori Ruano o Eneritz Iturriaga. Tampoco de esos pertinaces personajes que invaden en cualquier momento la intimidad de nuestra siesta como Pilar Conde, Patricia Esteban, Belén Obregón, Ana Patiño, María Rubio
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Hoy voy a recordar a una dama que reunía en sus habituales tertulias a Voltaire, D'Alembert, Montesquieu, Rousseau, el cardenal de Polignac y muchos otros intelectuales de su tiempo. Y se cuenta que su conversación no desmerecía entre todos ellos. Era la nieta de Le Grand Condé, príncipe de Enghien, vencedor en Rocroi de los tercios españoles.
Ana Luisa Benedicta de Bourbon-Condé, nació en 1676 y a los dieciséis años la casaron con el duque del Maine, hijo bastardo legitimado de Luis XIV. Tuvo siete hijos y ninguno le dio descendencia. Jugó un importante papel político durante la regencia de Luis XV y salió escaldada, por lo que se dedicó a sus tertulias intelectuales. En Saint Amand Montrond existe una fortaleza reconstruida hace poco, piedra a piedra, por sus habitantes. Era propiedad de la duquesa del Maine, que en el año 1736 se la regaló a los vecinos de Saint Amand por no poder pagar su mantenimiento. Se lo agradecieron llevándose las piedras para mejorar el nivel de sus hogares. Muchos años después, sus sucesores quisieron reparar esa acción y podremos verla si la emoción del duelo Sastre-Evans nos lo permite.