Ciclismo | Tour de Francia

Vísperas de gloria

Sylvain Chavanel ganó antes de la decisiva contrarreloj de hoy

<b>GRITAN VICTORIA Y FRACASO. </b>Sylvain Chavanel (Cofidis) y Jeremy Roy (Francaise des Jeux) chillan por el triunfo y la derrota en la meta de Montluçon.
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El joven Sylvain Chavanel lo tenía todo: era un buen escalador, un aceptable contrarrelojista y sus virtudes deportivas se adornaban con un carácter ganador. De modo que a la tierna edad de 22 años fue proclamado como la nueva esperanza (y casi la última) del ciclismo francés. Ayer, siete años más tarde, ganó su primera etapa del Tour.

No se puede tachar de miopes o mentirosos a quienes promocionaron las posibilidades del muchacho. Chavanel, simplemente, fue víctima de un error de cálculo. Ciertamente lo tenía todo, pero no en la dosis suficiente, no en la medida de los campeones. Rodaba ligero, era valiente y comprendía la carrera, sus tácticas. Sin embargo, le faltaba fondo, velocidad, el toque que distingue a los vencedores.

Chavanel no cumplió las expectativas. La novedad es que en ese proceso no se destruyó, como otros, ni se abandonó, como muchos. Consciente de su realidad decidió convertirse en el mejor de los mortales. Como los héroes del cine negro transformó la derrota en victoria y los moratones en maquillaje. No había rebelión en la que no estuviera Chavanel ni había pelea que rechazara. Siempre dispuesto, siempre cazado. Hasta ayer.

La victoria significó también el triunfo del Cofidis, que se despide este año del ciclismo profesional después de once temporadas (Chavanel ficha por el Quick Step). El equipo abandona el patrocinio con escasos éxitos y una mancha imborrable: había contratado a Lance Armstrong cuando se le detectó un cáncer en los testículos y al conocer la enfermedad hizo lo posible por renegociar a la baja el acuerdo, con el resultado del traspaso del corredor al US Postal. Se quitaron el muerto de encima y el muerto ganó siete veces el Tour.

Agotada la etapa, la actualidad se giró hacia el fabuloso duelo que mantendrán hoy Carlos Sastre y Cadel Evans. El español defiende una ventaja de 1:34 en 53 kilómetros, alarmantemente exigua si consideramos los antecedentes entre ambos, casi siempre favorables al australiano, mejor contrarrelojista. Sin embargo, en esos cálculos no se evalúa ni la veteranía ni el amarillo. Los 33 años de Sastre son una ventaja en este caso, porque la contrarreloj, a diferencia de la escalada, es una especialidad técnica, tan dependiente de la aerodinámica y la concentración como de las fuerzas. La prueba es que Bahamontes y Perico acabaron por defenderse contra el crono. También Van Impe, vencedor en 1976.

Alas.

Y luego está el amarillo, la cercanía de la victoria. Jamás un líder del Tour desperdició en la crono final una ventaja superior al minuto. Tampoco se recuerda a un escalador que no multiplicara su rendimiento. En 1987, Delgado aventajaba a Roche en 21 segundos y el irlandés le recortó 1:01 en 38 km. Perico perdió el Tour, pero aprendió para el siguiente. En 1988, Delgado sólo cedió 11 segundos en 46 km con respecto a Martínez Oliver, ganador de la crono. Pedro conquistó el Tour.

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En 1996, otro escalador, Marco Pantani, perdió 2:35 con Ullrich en 52 km. No peligró su victoria, pues su ventaja era de 5:56 sobre el alemán. El Pirata cedió 1:34 con Julich, otro especialista. El pasado año, Contador le sacaba 1:50 a Evans y perdió 1:27 en 55 km. También logró el triunfo.

Sirvan estos datos, escogidos interesadamente, para darnos fuerzas. Si mezclamos matemáticas e intangibles, podemos esperar que Sastre pierda hoy 1:30 y gane el Tour por cuatro segundos. Advierto, no obstante, que el optimismo no son ciencias exactas.

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