Balas de fogueo
Ganó Dessel. Menchov cedió 35 segundos y Sastre ya es cuarto

Fue una etapa salvaje, plagada de historias que contar. Ganó un francés, lo que ya es noticia en la montaña. Observamos el asalto de hasta tres ciclistas que alcanzaron o rozaron el maillot transparente del líder virtual. Y también presenciamos cómo un corredor se despeñaba y se agarraba aterrado a la ladera de un barranco, mientras un espectador heroico bajaba en su ayuda. Sucedió todo eso y, pese a todo, podemos afirmar que, por lo que se refiere a la general, apenas ocurrió nada. Sólo esto: Menchov cedió 35 segundos en el descenso, que es una pérdida más moral que efectiva. El resto de favoritos, a excepción de Evans, perdieron más. Perdieron una oportunidad, un día y dos montañas.
El balance no admite otras interpretaciones. Menchov el despistado y Evans el sufriente están a un solo obstáculo de jugarse el Tour en la contrarreloj de 53 km del sábado. Es cierto que el obstáculo es mayúsculo y que si la etapa de ayer fue brutal la de hoy es inmensa, violenta y descarnada. Pero es un día nada más. Un día para que sus rivales les quiten dos minutos, que es la ventaja que establece la supervivencia en la crono, las opciones de triunfo.
El CSC es quien más debe lamentarlo, porque tienen el equipo, el liderato y los escaladores. Su control de la carrera y su aplastante superioridad no ofrecieron ningún resultado visible. Es posible que hayan minado la resistencia de sus adversarios y ahora sólo haya que soplar. O pudiera ser que les hayan perdonado la vida.
Leerán que el viento de cara impidió cualquier ataque en La Bonette y que para quienes perseguían era sencillo guarecerse tras el atacante. De hecho, sólo Valverde y Sastre lo probaron tímidamente, hasta que chocaron con el vendaval y advirtieron la compañía. Es una buena excusa, pero había más terreno y se dejó pasar.
Los valientes que esperábamos fueron Schumacher, Cunego y Astarloza. El alemán por desafiar al mundo y a las montañas. El italiano por hacer justicia a su fama de campeón. Y el español por perseguir el sueño del liderato. Ninguno llegó a buen puerto, pero quedará su intento y su valor, sus ataques lejanos, profundos. Ellos dieron emoción a un jornada imponente con dos puertos soberbios y unos paisajes para creer en Dios.
Fracaso. Schumacher, que ya había amortizado su participación con una etapa y el liderato, se tragó los dos puertos en solitario para morir en la orilla. Antes cayó Cunego, que preparó un asalto que no secundaron sus piernas. Recortó la diferencia con el líder y el grupo que inspiró llegó a tener más de siete minutos de ventaja. El italiano reventó en la última ascensión. Algo parecido sucedió con Astarloza, que se sumó a esa guerra de guerrillas con un ataque que recibió el respaldo del Euskaltel en pleno. Superó los cinco minutos de diferencia y, aunque fracasó, en situaciones así se distingue a los buenos ciclistas y directores.
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De esa explosión de ataques y contraataques sólo quedaron ocho corredores en las rampas finales de La Bonnete. Allí estaba Dessel, trabajando a favor de Valjavec (otro líder virtual), que ahora es décimo, y allí se encontraban, entre otros, el español Arroyo y el surafricano Augustyn, que saltó al vacío y tropezó con un ángel vestido de espectador.
Dessel fue el más rápido en Jausiers y los favoritos, a excepción de Vandevelde, llegaron a 1:28 encabezados por Andy Schleck y Kohl, al que todos temen ahora. Faltan referencias del muchacho y parece no tener complejos. Esta tarde lo sabremos. Hoy no atacan los ciclistas: hoy ataca el Alpe d'Huez.