Ciclismo | Tour de Francia

El Tour de Sastre

Sus ataques revientan a Evans. Frank Schleck, nuevo líder

<b>PELIGRO. </b>La lluvia hizo que el descenso del Agnel se convirtiera en una trampa. Los ciclistas también sufrieron en las rotondas que conducían a Prato Nevoso.
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No hacen falta corredores sobrenaturales para disfrutar de un gran Tour. El nuevo ciclismo, si es que existe, se caracteriza por la igualdad de fuerzas, de pocas fuerzas, y desde esa democracia se construye una deliciosa competencia que se mide en segundos antes que en minutos. Ya no hay corredores con superpoderes, ni altivos dictadores, y los favoritos alcanzan la media docena, todos humanos, susceptibles de exhibirse un día y explotar al siguiente.

Así se explica que los seis primeros de la general se ordenen en el intervalo de 49 segundos. Desde esta perspectiva se entiende que un ataque a dos kilómetros de meta baste para alterar los primeros puestos y el liderato. Se equivoca quien piensa que el ciclismo necesita corredores de laboratorio. Es la debilidad lo que engrandece este deporte. Son las montañas, el riesgo, las caídas. Si aún nos sentimos tan impresionados es porque ayer hubo de todo.

Pero vayamos por partes. Para empezar, llovía. Y el agua contabilizaba como una dificultad más, imprevisible y traidora. Tal vez la amenaza de un descenso temible aplacó los ánimos en el Col del Agnel, que se subió sin otra incidencia que la creciente la ventaja de los escapados. Mientras el pelotón pecaba de cauteloso, por delante circulaban Arrieta, Egoi Martínez y Pate, fugados desde el km 12, y el australiano Gerrans, que se unió al grupo cuatro kilómetros después.

Resultó decepcionante ver a un pelotón tan numeroso escalando un puerto tan imponente. Dio la sensación de que alguien dejaba pasar el tren de las proezas. La subida y la bajada ofrecían esa oportunidad, un ataque que encontrara en el llano el apoyo de un comando. Las carreras también se ganan abordando imposibles.

Susto.

Cuando esperábamos emoción, encontramos conmoción. Pereiro cayó al vacío en el descenso del Agnel y apareció tendido en el asfalto, rodeado de ramas, una curva después. El pelotón quedó en estado de shock. Los corredores del Caisse d'Epargne se detuvieron aterrados y el resto cruzaron por allí sin saber si aquello era un compañero menos o un milagro más. Fue un milagro.

Para Pereiro significó la vida y para los escapados el aire. El grupo tardó en reponerse del susto y aquella fue la tregua que precisó la fuga para llegar. Fue en esos momentos donde Egoi Martínez sitúa su conversación con Gerrans. Según el navarro, el australiano se descartó para el triunfo, cosa sorprendente. Aunque lo es más que Egoi se lo creyera.

Sin posibilidad de una alianza española, ya que Egoi y Arrieta no se soportan, nos tocó el papel de víctima del tocomocho: Gerrans hizo la goma durante toda la ascensión y nos venció al final. Egoi, cándido como un teletubbie, le reprochó sus palabras.

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Más atrás se jugaba el Tour. CSC puso a Andy Schleck para hacer la criba y el chico se empleó tan a fondo que casi revienta a su hermano. Resistían los favoritos, incluido Valverde. Luego probó Sastre. Reaccionaron todos, con apuros. Después fue Menchov quien demarró y su embestida pareció la mejor. Hasta que el ruso patinó en una curva y cayó patas arriba. Los aspirantes le esperaron, tan aturdidos como galantes. Evans se retorcía.

Otro ataque de Menchov y un nuevo hachazo de Sastre terminaron por fundir al líder. Se escaparon Sastre, Menchov, Valverde y el sorprendente Kohl, que buscaba el amarillo. Frank Schlek fue quien lo logró, aportando al CSC un éxito y un dilema. Sastre está a 49 segundos del liderato y antes caben cinco ciclistas. La mala noticia es que hoy es el día de descanso.

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