El gran Freire
El cántabro se exhibe al sprint en vísperas de los Alpes

Cuando dijo que no se encontraba bien, supimos que ganaría una etapa. Cuando insistió en que no tenía buenas sensaciones, nos convencimos de que sería pronto. Y no es que Freire mienta; sus achaques son ciertos, los dolores, las lesiones crónicas. Pero también es verdad que su talento lo puede todo, el dolor, la nostalgia y el pesimismo. Parafraseando una canción de los años 80 podríamos señalar que a Freire lo que le duele es la cara de ser tan guapo, o de ser tan bueno, en este caso. Porque algún espacio tiene que ocupar el talento que debe empujar otras vísceras u otras emociones y por eso no hay genio al que no le apriete algo.
Freire venció como sabe, mezclando la audacia con la inteligencia, eligiendo siempre las mejores ruedas, el rebufo correcto y el momento adecuado. Y ayer no era fácil. Con Cavendish fuera de combate en el último puerto, el sprint fue una explosión de lanzadores y espontáneos, de rivales y meritorios. Óscar, vestido de verde esperanza, los burló a todos, a Zabel el último.
El primer compañero de Freire llegó en el puesto 47º (Flecha) y el siguiente en el 64º (Menchov), lo que señala la implicación del Rabobank en los sprints del triple campeón del mundo y cuádruple vencedor de etapa en el Tour. Extraño equipo. Para empezar hay que aclarar de una vez por todas lo que significa Rabo. Es la combinación de las dos primeras letras de las cooperativas (Raiffeisen-Bank y Boerenleenbank) que dieron origen al banco actual. De modo que Rabobank no es, como apuntó Chema Bermejo en día memorable, un banco de semen. Y si lo fuera, Freire también llegaría el primero.
Para rematar el perfil del campeón basta con leer el comentario que le acompaña en la web del equipo bancario: "Frecuentemente atacado por las lesiones, su estado de forma puede cambiar radicalmente de un día a otro. Oscarito (sic) es un corredor único".
Objetivo.
La victoria no sólo engrandeció la figura de este ciclista al que no todos entienden, también favorece sus aspiraciones al jersey verde, en cuya clasificación se dispara. París, meta y podio, es el único santuario donde no ha levantado los brazos un corredor que desde 1999 no hay temporada que no consiga victorias ilustres, de la Tirreno al Mundial y de San Remo al Tour.
Antes de que Freire se hiciera carne (de solomillo), Iván Gutiérrez fue el protagonista español de la jornada, primero por formar parte de una escapada y luego por desafiar a sus tres acompañantes. Entonces inició una contrarreloj imposible contra el pelotón que le valió, al menos, para lucir patrocinador y palmito.
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