El Conde Tréville y los mosqueteros
La población de Foix se extiende entre los ríos Ariège y Arget bajo la sombra protectora de una impresionante fortaleza medieval. Desde el siglo XII fue creciendo y transformándose y actualmente ofrece una de las muestras mejor conservadas de aquellos tiempos, con sus dos imponentes torres cuadradas y la más reciente (siglo XV) y elevada de forma circular. Los trovadores occitanos lo cantaban: "El castels es tant fortz qu'el mezis se defent" (el castillo es tan fuerte que se defiende por sí mismo). Ha llegado hasta hoy en perfecto estado de conservación gracias al gobernador Laforest-Toiras que se opuso en su momento (1634) a las órdenes de demolición dictadas por el Cardenal Richelieu.
Tampoco el Conde de Tréville, sucesor de Laforest, quiso cumplirlas, y hoy debemos dar las gracias a ambos.
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El Conde de Tréville fue capitán de los mosqueteros del rey Luis XIII y aparece como tal en las novelas de Alejandro Dumas. Durante mi infancia leí con fervor Los tres mosqueteros, Veinte años después y El Vizconde de Bragelonne. Siempre creí que en un entorno histórico, Dumas padre había creado cuatro personajes de ficción (D'Artagnan, Athos, Portos y Aramis), que realizaban sus hazañas en la corte de Luis XIII bajo la atenta mirada adversa del todopoderoso Richelieu.
Grande fue mi sorpresa cuando descubrí muchos años después la existencia real de Charles de Batz-Castelmore, Conde de Artagnan, quien publicó el año 1700 sus memorias. En ellas relata su llegada a París desde su Gascuña natal y su visita a monsieur de Tréville, amigo de su padre, para solicitar su ingreso en el real cuerpo de mosqueteros. Sus aventuras no discurren bajo el poder de Richelieu sino de su sucesor Mazarino. Sin duda que Dumas conoció ese escrito y le sirvió de inspiración para alcanzar el éxito universal de sus obras.