Ciclismo | Tour de Francia. 9ª Etapa

¡Viva Pantani!

Riccardo Riccó, un escalador incontrolable y maravillosamente inconsciente, invocó el espíritu de Marco Pantani, y puso en evidencia a todos los favoritos, desaparecidos ayer cuando se formó la batalla en el Aspin. Hoy, en la meta de Hautacan los candidatos tendrán que dar la cara.

<b>UNA MOTO. </b>El italiano Riccardo Riccó fue imparable para todos en la ascensión al Aspin.
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Riccardo Riccó es una bendición. Lo son siempre los escaladores puros, porque nos conectan con el ciclismo antiguo, improvisado, heroico. Riccó es todo eso y, además, es arrogante, maravillosamente inconsciente y necesariamente egoísta. Sólo un corredor así habría atacado tan lejos, sólo alguien de esas características podía engrandecer una jornada controlada por la debilidad, la prudencia, los directores.

Riccó vino a ganar una etapa y ya suma dos. Y en ese trayecto se ha encontrado con el Tour y ha comprendido que puede ganarlo. Eso esperábamos: que llegara tan alto que ya no se quisiera bajar. Que se enganchara. Y lo ha hecho. No hay un solo escalador que le pueda hacer sombra y hay muchas montañas por delante, terribles, y algunas de ellas se subirán en Italia. Es demasiada tentación como para no intentarlo. Una vez invocado el espíritu de Pantani hay que llegar hasta el final.

Lo necesitaba el Tour y lo necesitaban sus rivales. No basta un buen recorrido. Hace falta un adversario incontrolado. La situación recuerda mucho a la de Contador en el pasado Giro: un corredor que se presenta sin haber preparado la carrera. El imprevisto libera de complejos y responsabilidad, de sesudas estrategias, de pinganillos. E invita al ciclista a disfrutar, a aprovechar el momento.

Ante eso, los enemigos no tienen respuesta. Sus planes se parecen demasiado a las telemetrías de la Fórmula 1, matemáticas puras que calculan fuerza y desgastes, pero que no procesan genios. Y Riccó lo es. Si su escalada en el Aspin fue prodigiosa, al estilo de Pantani, el descenso nos descubrió a un ciclista superior, espléndido en la contrarreloj que mantuvo contra el pelotón de élite. De hecho, el grupo de favoritos no logró restarle un segundo desde la cima a la meta.

Hay bastante que hablar del grupo de favoritos. Antes de afrontar los puertos, Evans sufrió una caída que le dejó magullado. Y ya fuera por los dolores o el mal día perdió la colocación que acostumbra. Lo sorprendente es que no sólo cedió Evans. En cuanto coincidieron cuestas y ataques, la mayoría de los candidatos se quedaron retrasados.

Errores.

No era fácil creerlo. Por delante se distinguía a Riccó, Piepoli, Cunego... y, por encima de todos ellos, Pereiro, imperial. Caisse d'Epargne perdió entonces la oportunidad de jugar su as en la manga. Pereiro se destacó varias veces, pero giraba la cabeza para situar a Valverde, para no perjudicarle. Fue el primer error de su director. Pereiro no hubiera podido seguir el ritmo de Riccó, pero sí estaba en condiciones de dar jaque a los favoritos, de forzarlos, a sufrir y a pensar.

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La segunda equivocación de Unzué fue poner a su equipo a trabajar para reducir diferencias con Riccó. Evans, principal favorito, debió agradecerlo mucho. Y Menchov. Y el CSC en pleno. Cuando entendió su error ya era tarde. Riccó había llegado triunfante y Evans, vivo.

Pero no hay tiempo para el lamento. Hoy se sube tan alto que no llegan las instrucciones de los directores. Que hablen los héroes.

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