Tierra de Astérix, Obélix y Vercingétorix
La serpiente multicolor entra hoy en el corazón verde de Francia, en la Auvernia, tierra de viejos volcanes inactivos cuyo máximo símbolo es el Puy de Dôme, junto a Clermont Ferrand, escenario de recuerdos inolvidables para mí, sobre todo el de la ascensión de Bahamontes en 1959.
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Hoy finaliza la etapa en el alto de la moderna estación invernal de Super Besse, pero antes atravesaremos el viejo territorio donde galos y romanos lucharon a muerte hace más de dos mil años. Los cómics y películas de Astérix y Obélix han popularizado modernamente lo que los que peinamos canas tuvimos que saber cuando preparábamos la vieja reválida de cuarto de bachillerato. El examen de latín habitualmente era una traducción de un texto de Comentarii de Bello Gallico escrito por Julio César. ¡Qué de problemas para encontrar el sujeto y el predicado! El vencedor de los galos nos descubría a eduos y sequanos, a helvecios y auverneses y, al frente de todos ellos, a su gran rival Vercingétorix.
Vercingétorix había nacido en Auvernia, no había cumplido los treinta años cuando unió a la mayoría de las tribus galas bajo su mando y se le describe como un hombre corpulento, de larga cabellera y poblado mostacho. Consiguió derrotar a César en Gergovia (junto a la actual Clermont Ferrand), pero sufrió la derrota de Alésia, donde cayó en manos de su rival. Fue trasladado a Roma y obligado a desfilar en el triunfo de César detrás del gran general romano. Poco después fue estrangulado en prisión. No parece que ninguno de sus druidas le suministrase la poción mágica. En Clermont Ferrand, desde 1903, se levanta una estatua ecuestre en su memoria, obra del escultor Auguste Bartholdi. Desde finales del siglo XIX, Vercingétorix es el primer símbolo del patriotismo nacional de los franceses.