Ciclismo | Tour de Francia. 4ª Etapa

Enemigo Evans

Se confirma como favorito oficial. Schumacher, triunfo y liderato

<b>ESPECIALISTA. </b>Cadel Evans respondió a las expectativas y completó una magnífica contrarreloj que le deja cuarto en la general, primero entre los aspirantes.
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Aquellos que se preocuparon el primer día porque Valverde estaba demasiado en forma se preocupan ahora por todo lo contrario. Quien se vistió de líder hace cuatro días perdió ayer 1:34 en relación al alemán Schumacher, ganador en la contrarreloj y nuevo líder. El resultado general es que Cadel Evans, el primero de los favoritos, aventaja a Valverde en un minuto y seis segundos, cuando todavía hay que enfrentar 16 etapas, cinco de montaña, cuatro llegadas en alto, ogros, dragones y demás habitantes de los cielos y las cunetas. Visto así, no parece tanto tiempo.

Lo que sucedió ayer no es ni un mal síntoma ni un negro augurio. Fue un día nublado. Valverde corrió por debajo de su nivel porque hemos regresado al tiempo del periquismo, que es el país de los genios indescifrables. Será así siempre: Valverde pondrá a prueba nuestra ilusión y nuestro desánimo, nos minará las siestas y la paciencia. Nos dará, en definitiva, una mala vida de enamorados. Claro que, si lo prefieren, existe una alternativa de matrimonio estable: se llama Carlos Sastre. Ayer entregó 1:43, pero será puntual a la hora de recoger a los niños. En las montañas, digo. Cuando los niños lloren, cuando los hombres resistan.

No pasa nada. Sólo hemos cambiado de postura. Y nos toca disfrutar de la nueva perspectiva. Otro equipo soporta el liderato y otro ciclista defiende la candidatura. Aunque Schumacher se vista de amarillo, Evans, el hombre-goma, será atacado, observado y en las referencias tendrá el honor de dar su nombre a los grupos. También deberá ser él quien asuma el control de una carrera que desde la retirada de Armstrong se ha convertido en ingobernable, permanentemente amenazada por la fuga de uno de esos corredores que habitan en la segunda línea de los favoritos (habrá veinte), como nos dicta la experiencia de los dos últimos años (Pereiro y Rasmussen).

Evans ya no se puede ocultar tras el nombre de ese patrocinador que tan oportunamente le han hecho llegar el destino y el marketing: Silence (medicamento contra los ronquidos).

Colocados.

Hemos sido inteligentes sin pretenderlo, lo que también es un mérito. Se nos han colado en la general demasiados notables para que nos presten atención. Ahora lucen Kirchen, Evans o el renacido Menchov, al que nadie se decidió a rematar camino de Nantes. Pero hay otra clasificación a partir del puesto 14. Allí está Pereiro (1:22), que ganaría el Tour si se decidiera con un examen. Y por esa latitud rondan Cunego (1:26), Valverde (1:27), los Schleck, Sastre, Riccó, los maratonianos que imaginamos y los que vendrán.

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Ayer vivimos el prólogo que nos faltaba. Se esperaba a Cancellara, que invirtió su dorsal 13 para burlar el gafe y no pasó del quinto puesto. A cambio apareció Schumacher, que tiene una cabeza aerodinámica que debería estar homologada por la UCI. El joven Nibali (23 años, Liquigas) se destapó como una maravillosa promesa del ciclismo italiano y mundial. Iván Gutiérrez, a 50 segundos del ganador, fue el mejor español, mientras el estimable rendimiento de Samuel Sánchez (a 1:31) pasó inadvertido entre los focos que acaparan Valverde y Sastre.

Nos aguarda una carrera brutal y en breve lo sucedido ayer sólo pervivirá en la pepinácea cabeza de Schumacher. Quedan 16 etapas, la de hoy de 232 kilómetros. Quedan montañas, desfallecimientos, sorpresas, valientes. Para entendernos: queda un Tour.

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