Oriola: “Me he reconciliado con el baloncesto”
Multifacético en la vida, pasional en la cancha, barcelonista hasta la médula, Oriola merecía este baile, sea el último o no con la Selección.


Pierre Oriola (25-9-1992, Tárrega) ha vuelto a la Selección cinco años después. Campeón del mundo en el maravilloso viaje por China en 2019, ex capitán del Barça, con el que ganó una Liga y cuatro Copas, su carrera ha ‘resucitado’ de manera insospechada después de una etapa ‘exótica’ en el Fuerza Regia de Monterrey. Conversó con AS.
Empecemos con un juego de memoria. ¿Recordaría todas las ciudades de China por las que pasó antes de ser campeón del mundo?
Creo que sí. Guangzhou, Wuhan, Shanghái y Pekín. Y estuvimos en una antes… Ningbo.
Correcto. Supongo que, de manera recurrente, en época del COVID recordaría que usted pasó por la zona cero apenas seis meses antes de que explotase…
Fue algo como muy chocante al principio. Habíamos estado unos meses antes allí. Sí que es verdad que no visité casi nada de la ciudad. Pero algunos sí fueron al mercado donde empezó todo. Recuerdo que hacía muchísimo calor, pero también que hicimos dos buenos partidos allí.
Contra Serbia, Scariolo le puso como titular. Todos daban por perdido aquel partido…
Metí los seis primeros puntos del partido, salí enchufado. Lo que pasa es que me cargué rápido de faltas y me fui rápido al banco. Ganamos a Serbia e Italia en Wuhan, dos victorias muy importantes.
¿Qué recuerdo le quedó de toda aquella experiencia?
Lo pasamos muy bien en la concentración. Estuvimos una semana en Los Ángeles. Aparte de preparar el Mundial, pudimos hacer turismo, ir a cenar juntos… Hicimos mucha piña. En la primera semana en China estuve con fiebre, vómitos, dolor de barriga. Me costó adaptarme. Y luego, pues recuerdo que lo único que comía era arroz y pollo las semanas que estuvimos allí. También anécdotas en pista. Recuerdo que nos costó al principio. Ganamos al final a Irán con una canasta de Marc… Y claro, el partido contra Australia. Recuerdo el partidazo de Marc y Ricky, el tiro libre fallado por Patty Mills. Recuerdo llegar al vestuario y verle las caras a Ricky, Marc, Sergi Llull, Víctor y Rudy Fernández. Y ellos, que se habían visto en tantas batallas así y habían ganado tantas medallas, nos dieron un mensaje: ‘esto ya está ganado. Vamos a ser campeones del mundo’”.
A Ricky todavía le ve en la cancha. ¿Era tan impactante verlo en aquel Mundial?
Aparte de que fue MVP del torneo, era la confianza que tenía. Jugase contra quien jugase, se sentía capaz de ganar el duelo. Estaba mentalmente fuerte, físicamente bien, en lo mas alto de su carrera deportiva. No me sorprendió nada lo que hizo. Ese Mundial fue espectacular.
Él tuvo que parar. ¿Se siente identificado con él por los altos y bajos mentales que ha tenido?
Estos últimos años hemos tenido más relación por amigos en común. El verano pasado, uno de los días que iba a entrenar con él a Badalona, hicimos gimnasio y pista. Luego nos fuimos a hacer un brunch como le dicen ahora y hablamos del tema mental, del momento vital. Le expresé cómo me sentía. Ricky me ayudó muchísimo. Me entendió, empatizó, supo qué decirme. Y darme su opinión porque él también ha pasado un proceso largo de recuperación para luego volver a las canchas. Me ayudó mucho. No es que me empujara, pero fue uno de los que me dijo que ir a México me vendría bien.
¿Cómo fue eso del Fuerza Regia de Monterrey?
No llegamos a un acuerdo con el Lleida para renovar y yo estaba en casa. Mi agente, al cabo de una semana, llegó con la oferta de México. Al principio no me llamó mucho la atención a nivel de ganas, saber qué me encontraría, cómo sería la Liga… Pero mi entorno me dijo que era una manera de seguir en activo y no estar en casa comiéndome la cabeza. Me dijeron: imagina que estás un mes en casa y alguien te quiere fichar. Entonces, el impacto de la adaptación es más difícil porque no tienes ritmo de competición. Y también hubo un factor económico, claro. Fue una experiencia vital espectacular y, además. ganamos la liga.
¿Escapaba de algo o alguien?
Tenía la sensación de que, con el tema de la lesión, se había creado una imagen sobre mí. Mucha gente pensaba que ya no podría llegar al nivel y estar bien. Y traté de escapar de esto a un sitio donde, desde el minuto cero, fuese nuevo. Era empezar de cero para mí. Aunque me conociesen por haber jugado en el Barça y eso, fue bueno para mí. Así dejé ir los malos pensamientos y al aura negativa que tenía sobre mí. Me dio energía y fuerzas para volver a Manresa y jugar como estoy jugando ahora.
Hace casi nueve años fue campeón de Liga con Valencia y fichó por el Barça. su carrera iba como un tiro. ¿Pero se disfruta más del baloncesto ahora?
Es otra manera y otro momento de mi vida. Por entonces, estaba obsesionado en subir peldaños, ir más arriba, ser lo más ambicioso posible, conseguir el máximo de cosas. No me conformaba con nada. Y eso te lleva a que te aíslas de lo demás. Pierdes un poco la noción de otras cosas de la vida. A raíz de que nació mi hijo, el foco en el baloncesto sigue siendo bueno, pero no lo más importante, que es mi hijo. Es como que me he reconciliado con el baloncesto. Y ahora lo disfruto, no me obsesiono. Quiero exprimir la última etapa de mi carrera para irme con la sensación de que me lo he pasado bien.
¿Empodera mucho ser capitán del Barça?
¿En qué sentido?
Para un culé de base como usted, debe ser reconfortante ser el representante de sus compañeros y una institución tan grande.
Hay un 50-50. Una parte te reconforta mucho. Para un seguidor del Barça como soy yo desde bien pequeño, es un sueño, algo muy importante. También una responsabilidad muy grande. Hacerle entender a la gente qué significa jugar en el Barça, defender su escudo cada semana... Y además, tener la presión que tienes en clubes grandes para ganar títulos. Era una doble manera de vivirlo. Ser capitán era un sueño, pero una presión añadida.
Ha ganado una Liga y cuatro Copas. ¿Cómo ve la situación de la sección después de los tumbos de estos años?
Se han juntado muchos factores. Durante los últimos años, se ha cambiado de entrenador unas cuantas veces. Así, no terminas nunca de consolidar el proyecto. Cambias de manera de hacer y jugar, es como que siempre te tienes que ir adaptando. Vienen además jugadores que nunca habían estado en esta Liga; y esta es una Liga jodida. Y, además, tienes que jugar también Euroliga. Con Saras, el club y el equipo dio una imagen buena. Se ganaron títulos, se llegó a Final Four. Pero estos últimos años, no han salido las cosas como les hubiesen gustado a los entrenadores que han estado. Ahora ha llegado un tío muy querido (Xavi Pascual) que sabe cómo funciona el club y cómo funcionan las cosas. Es cuestión de tiempo que empiece a ir bien. En el Barça, ganar títulos tal vez no sea una obligación pero sí tiene que ser el objetivo.
Llegó en época de Bartomeu y se fue con Laporta. ¿Votará si se lo permite el calendario el 15 de marzo?
Mire. Soy socio desde hace muchísimos años, pero no podré votar básicamente porque el día de las elecciones estamos en Granada; y el club no ha puesto voto por correo. En mi caso y en el de otros culés que viven fuera de Catalunya y España, pues la palabra no sonará correcta, pero es una putada no poder votar por correo y dar nuestra opinión, pero así son las cosas.
¿Sabe a quién votaría?
No me he fijado mucho en los programas porque sabía que no iba a poder votar. Sé que andan por ahí Laporta, Víctor Font, Marc Ciria…
¿Es un choque haber vuelto a la Selección cinco años después?
Es ilusionante. Tenía ganas de volver, de disfrutar de esta semana, de ayudar a lo que me pida al staff. Me he encontrado una Selección unida, un grupo humano espectacular, con ganas de hacer las cosas bien y volver a estar arriba del todo como ha estado la Selección los últimos 15 o 20 años. Con gente que tiene ganas de comerse el mundo. Hay juventud e inocencia, mezclado con jugadores consagrados y más experiencia.
¿Se toma esta Ventana como un last dance o hasta que el cuerpo aguante?
No me imaginaba que volvería. Entonces, como ha pasado, lo quiero es disfrutar hasta que esté bien físicamente. Siempre estaré encantado de volver, pero no miraré más allá. No miro más Ventanas ni pienso en el Mundial porque queda muy lejos. Primero, hay que centrarse en la clasificación, hacer un partido bueno contra Ucrania aquí en Oviedo. Pero siempre estaré abierto a volver si estoy físicamente.
Siempre se habla de su pasión por el teatro, pero también ha sido un comunicador. Llegó a hacer un podcast. ¿De dónde le vino la idea?
Quería que el deportista, actor, cantante, hombre de negocios o cualquier persona con influencia nos contase cómo era su vida, con sus momentos malos y buenos y cómo los ha afrontado. Siempre me ha preocupado mucho el después. Durante años, me ha obsesionado porque nadie nos enseña qué va a pasar después. Nosotros tenemos una vida fácil, estructurada. Con horarios, partidos, entrenamientos. Pero cuando termine mi carrera, estoy seguro de que tendré tiempo libre para pensar, para aburrirme. Eso me ha preocupado durante años y siempre he querido saber qué hay después, qué se puede hacer después, tener objetivos y metas fuera del baloncesto.
¿Cuándo uno es padre es más sencillo saber qué hacer en ese después?
Sí, porque tus prioridades cambian. Antes sólo pensabas en ti, o en tu mujer o tu novia, y en las cosas que te gustan a ti. Cuando tuve a mi hijo, pasó a ser mi gran prioridad. Antes llegaba a casa y se habíamos perdido y había jugado mal tenía un cabreo enorme. Y si ganábamos, era una euforia de la hostia. Ahora, gane o pierde, mi hijo va a estar allí esperándome para jugar. Te das cuenta de que lo importante no es el material ni el dinero; ni estar más arriba o más abajo, sino las personas.
Euroliga o Juegos. ¿Qué espina de las dos se le clavó más?
Le diré Juegos Olímpicos y se lo argumentaré. Porque no pude disfrutar y compartir Villa olímpica con esos megadeportistas que hay. La Euroliga se me ha escapado dos años. Estuvimos a punto de ganar una, nos quedamos en semifinales en otra… Pero viví la experiencia. Lo que sí que me hubiese hecho ilusión estar en una Villa olímpica.
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