Movistar EstudiantesEST
81
Grupo Alega CantabriaEST
74
Finalizado
Primera FEB | Jornada 17

El Movistar Estudiantes rompe la roca cántabra

Los colegiales ganan en un partido bronco y nervioso a un Grupo Alega que se desinfló tras una primera parte soberbia. Giovannetti, imprescindible.

Patricio Garino, alero del Movistar Estudiantes, lanza ante el Grupo Alega Cantabria.
Movistar Estudiantes
José Ignacio Pinilla
Licenciado en Periodismo por la Complutense, comenzó en AS en maquetación en 2010. Tras su paso por fútbol, se unió en 2014 a baloncesto. Ha cubierto en directo la Supercopa de 2020, las Copas de 2020 y 2021 y partidos de España de las Ventanas. También el Eurobasket femenino de 2023. Escribió sobre la pandemia de la COVID en el confinamiento.
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El Movistar Estudiantes es un carrusel de emociones desde que bajó a Primera FEB. Da igual el entrenador y los jugadores que estén, siempre ofrecen emoción al respetable. Este domingo grabó un nuevo capítulo de esta virtud que su afición no le pide en una victoria muy trabajada sobre el Grupo Alega Cantabria (81-74).

La duodécima de la temporada llegó tras una primera parte horrible en defensa en la que recibió casi 50 puntos (49) sin capacidad de reacción. Ni desde el banquillo ni desde una cancha que no contó con Jayson Granger por un problema vírico. El Cantabria lució a Lapornik, su nuevo fichaje, que fue un martillo hasta el descanso para luego diluirse. De los 16 puntos a 0. Al igual que el resto de su equipo: del 7 de 13 en triples al 8 de 26. De 49 tantos a tan solo 25.

Una caída producida porque, por lo que sea, magia, hechicería o simplemente ponerse el mono de trabajo, la defensa madrileña empezó a encimar. A ser dura, intensa, inteligente. Con Giovannetti, el mejor estudiantil, y con Garino sobre Lapornik. Con Filipovic sobre Johnson. El rebote da otra pista (37 a 21). Salin y Garino fueron los máximos anotadores colegiales con 14 puntos en un día triste desde el perímetro (6 de 23) y aún más triste desde la personal: 25 de 35.

Los colegiales jugaron una primera como si la esencia de Mallorca no se hubiera evaporado. Mal defensivamente, con solo pequeños picos de intensidad cuando Hugo, Giovannetti y Asier tocaban cancha, y con poco cuidado del balón (5 pérdidas en apenas 7 minutos) para regocijo de los visitantes, que vivieron de arranque de la soltura de Johnson (7 puntos). Cogieron ventaja y no la soltaron en la primera parte (20-24). Estuvieron soberbios desde el perímetro con un 4 de 7 bien trabajado: muchos tiros liberados, muchos tiros sencillos.

El Estu se desmelenó al comienzo del segundo cuarto. Parcial de 9-2 para dar la vuelta al marcador hasta el 29-26. Parecía que la crecida no tendría ya freno, pero apareció un sobresaliente Lapornik. Lo ficharon para actuar así, sin perdón. El esloveno hizo 11 tantos en ese lapso para llegar al descanso con 17 y un inmaculado 3 de 3 desde el triple (7 de 13 el equipo en global). Fue la respuesta perfecta ante un rival que no encontraba soluciones defensivas y se fue a vestuarios con casi 50 puntos en contra (43-49). La peor noticia para el Cantabria fue la lesión de Kande (volvió en la segunda parte). Para el Estudiantes todo, reflejado en un Silverio desdibujado, en un Sergi García superado, en un Garino desesperado y en un Nwogbo peleado con el mundo.

Estaba todo demasiado mal para que no hubiera un rebote hacia arriba. Los ramireños taparon su agujero defensivo y dejaron seco a su rival, que no anotó ni un triple y solo hizo 11 tantos en el tercer cuarto tras superar los 20 en los dos anteriores. El diabloLapornik cayó a cero con Giovannetti sobre él. El argentino estuvo hiperactivo, acertado. Un triple suyo puso el 53-51, pero como nada era fácil este domingo, el Cantabria se las ingenió para dar la vuelta al marcador y afrontar los últimos 10 minutos por delante (59-60).

El viento, aunque racheado, ya era colegial. No servía para impulsar definitivamente a los locales, pero el Grupo Alega iba poco a poco desvaneciéndose y el Movistar creciendo. Garino agarraba a Lapornik y la salida de Filipovic daba una nueva imagen al equipo en comparación con García. Dos tiros libres de McGrew daban una ventaja (64-62) que subió hasta el +8 (75-67), la máxima del partido, tras una canasta de Nwogbo. Fue la sentencia, aunque hubo tiempo para algún sustillo más antes del aperitivo, pero nada que no se pudiera controlar.

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