Punto y seguido en el baloncesto europeo
Mientras algunas incógnitas sí se han despejado, siguen faltando muchas certezas para que se pueda trazar con exactitud el futuro del baloncesto europeo.


Pasó una semana trascendental para el futuro del baloncesto europeo y la sensación que ha quedado es que han sido días, efectivamente, muy importantes… pero no definitivos. Que la partida sigue y las piezas se mueven, pero todavía no se atisba el final definitivo. Pocas cosas se pueden dar mucho más por hecho ahora que hace diez días. La Euroliga celebró su board, y la NBA se trasladó a Berlín y Londres para unos partidos de regular season que ayudaron a situar las conversaciones sobre el terreno. Pero no ha habido ningún jaque mate.
La Euroliga había puesto el día 15 como fecha tope para que los cuatro que dudan, de entre los trece propietarios, se comprometieran de forma definitiva. El Barça ha dado su palabra, pero no ha firmado; el Fenerbahçe ha jugado al gato y al ratón, pero se cuenta con que también seguirá. Ni siquiera el ASVEL, con pie y medio fuera y por el que no parece que la Euroliga vaya a derramar muchas lágrimas, ha dado por cerrada su postura. Y el Real Madrid, el gran quid de la cuestión, tampoco ha oficializado un compromiso. Apunta a la NBA y es el que ve con mejores ojos ese gran salto, pero también se ha reunido con la Euroliga (con buen feeling, según fuentes de la competición) y salió del board con la firme creencia de que su fecha límite es el 30 de junio, cuando acaba su actual contrato, y no el 15 de enero. Así que se da tiempo para, como todos, ver qué se va sabiendo. Los qué, cuándo y cómo que siguen sin resolverse, sobre todo por parte del bando NBA-FIBA.
El comisionado Adam Silver, en terreno europeo, reconoció que negocian con el club blanco: “Puedo confirmar que hemos hablado con el Real Madrid, y también con otros equipos españoles. Pero son charlas que situaría más en el nivel de ubicarnos, de que tengamos claro que entendemos lo que implicará una inversión a largo plazo en el baloncesto europeo”. El CEO de la Euroliga, Paulius Motiejunas, cuyo puesto fue cuestionado en el board, celebró la apalabrada continuidad del Barça: “Desde luego, es algo muy importante. El Barça es una marca muy importante, nos hace muy felices su compromiso”.
El Barcelona lo tiene claro
El club azulgrana acudió a Londres para conocer de primera mano la propuesta de la NBA. Josep Cubells, máximo directivo de la sección, y Jordi Trías, que se unió al área deportiva hace unos meses, participaron en una reunión en la que estuvo Pau Gasol como parte de un intento de seducción que incluyó pocas novedades y detalles concretos. El Barça, y tal vez sea significativo que ese encuentro con Silver y su equipo no cambiara nada, tiene clara su postura: Euroliga (lo ratificará la junta directiva) sin cerrar del todo la puerta a la nueva competición… pero solo cuando esta haya cuajado o este claro que vaya a hacerlo. ¿Para qué arriesgarse antes? Las cláusulas de salida para los que han renovado, o van a hacerlo, con la Euroliga hasta 2036, son las mismas que en los anteriores contratos: diez millones de euros.
Lo que se sabe de la NBA en Europa
El último capítulo de este tramo de encuentros en la capital inglesa llegó ayer lunes, en un evento de primer rango, con 250 invitados, llamado NBA NEXT: Europe en el que se quería mostrar las posibilidades de negocio y el potencial de la nueva competición a posibles inversores, espónsores y medios o plataformas interesadas en los cruciales derechos de retransmisión. Pero, además, hubo equipos del entorno Euroliga, entre ellos Real Madrid y Barcelona. También Olimpia Milán (junto al AC Milan, el club de fútbol), Alba Berlín, ASVEL, Bayern de Múnich y Panathinaikos, que en principio había declinado la invitación pero finalmente acudió.
Joe Vardon, periodista de The Athletic muy cercano a las oficinas de la competición, fue el que más detalles aportó sobre un encuentro en el que la NBA llegó todo lo lejos que puede ahora mismo en cuanto a detalle de sus planes e intenciones. Y anunció, entre otras cosas, que Pau Gasol participó en la reunión porque tendrá, o esa es la idea, un rol relevante en la jerarquía de la nueva competición. El de Sant Boi, la gran leyenda del baloncesto español, tomó la palabra en el evento: “Es una oportunidad única. Se trata de aprender unos de otros, crear esta nueva idea juntos. Hablamos de una competición pero va más allá: es un ecosistema, las raíces del baloncesto, las Ligas domésticas, el impacto en los niños. Esto es tan importante por todo lo que hay en juego, y por esto me emociona formar parte de ello”.
Lo que ha vuelto a quedar en evidencia es que un acuerdo que evite una guerra entre dos competiciones de espíritu hegemónico está cada vez más lejos. Los caminos avanzan en paralelo y cuando se crucen, o eso parece, el tono será de conflicto y no de concordia. Si no cambian mucho las cosas. La NBA está en pleno proceso de negociar, ya oficialmente, con posibles inversores y propietarios de su competición. Pero muchos, y eso incluye a los propios equipos y no solo a la opinión pública, esperaban más certezas, que se anunciaran planes más avanzados en este paso por Europa. En lugar de eso y antes del push de Londres, Silver repitió en Berlín ideas que ya se conocen y, además, se ganó unas cuantas críticas por su forma de plantear una competición a la que, aunque es trazo fino también fue llamativo, evitó referirse como NBA Europa.
Silver, que ha dicho que está escuchando y siendo aconsejado por estrellas europeas y estadounidenses que han pasado por la Euroliga, y citó a Luka Doncic, no ayudó en esa comparecencia a despejar dudas sobre la sensibilidad de una nueva competición de influjo estadounidense con las formas y la tradición de un baloncesto distinto, por estilo, ambiente y cultura, como el europeo: “Nuestra visión es la de un producto de entretenimiento deportivo. Y, como hacemos con la NBA, no miramos tanto a la competencia con otros deportes como con formas más generales de entretenimiento. Es una pelea por la atención de la gente. Si pensara que lo máximo que se puede conseguir es lo que ya ha hecho la Euroliga y el interés que tienen en ella sus aficionados, no estaríamos poniendo tanto interés y tiempo en este proyecto”.
El comisionado repitió que quiere una competición europea pero de seguimiento “mundial”, como el que tiene la NBA. Pero sorprendió, y dejó a muchos haciéndose preguntas o expresando escepticismo, cuando habló de un plan económico que sonó a jarro de agua fría: “La inversión, al menos de inicio, saldrá de los propios equipos que se sumen a la liga. Como en una startup, los inversores serán los participantes y, con el tiempo, verán un retorno. Si ponemos esta competición en marcha con éxito, llevará tiempo que sea un negocio rentable. Todos tienen que tener claro que no hay que verlo de forma cortoplacista”. Además, puso como ejemplo la WNBA, la competición profesional femenina, que va a cumplir 30 años y ha pasado la mayor parte de ese tiempo siendo deficitaria.
Oriente Medio y los fondos de inversión
El escenario que planteó era, según él, “realista” y “sin atajos” para “construir una marca, un nuevo nicho de seguidores, conexiones con ellos…”. La Euroliga, que sabe que estaría contra las cuerdas si NBA y FIBA expusieran un plan financiero deslumbrante, sabe que ha ganado tiempo y que, sin motivos para cantar victoria, puede reivindicar su posición en este momento convulso. Lo hizo Motiejunas: “La NBA llega un año sin parar de anunciar cosas, pero todavía no hay nada realmente tangible. Como empresario, sé que los propietarios de los equipos están empezando a ver también que parece un disco rayado, un constante ‘más adelante anunciaremos…’. Quieren empezar en 2027, pero eso está a la vuelta de la esquina y solo hemos visto fuegos artificiales y anuncios de lo genial que sería, el potencial que tiene. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Nosotros llevamos aquí 26 años, sabemos cómo funcionan las cosas en Europa”.
Ahora la cuestión es saber cuánto avanzará y cómo concretará su plan una NBA que sigue con octubre de 2027 como fecha ideal para poner en marcha un proyecto que todavía no tiene forma definitiva ni, sobre todo, componentes. Y que tendrá que resolver esa cuestión de cuánto habrá que invertir y cuánto, cómo y cuándo se ingresará antes de afrontar otras que pueden traer quebraderos de cabeza importantes, como los pabellones e infraestructuras de Europa.
Las ciudades que interesan para los equipos con plaza fija (en esto el parecido con la Euroliga es obvio), una lista de enormes posibilidades a nivel mercantil pero que no cuadra del todo (por algunas presencias y algunas ausencias) con las tradiciones y focos de afición actuales de este lado del Atlántico, son conocidas: Atenas, Estambul, París, Lyon, Roma, Milán, Madrid, Barcelona, Londres y Manchester, que queda en suspenso porque la BBC ha confirmado que tanto United como City, los colosos del fútbol, han rechazado sumarse a un proyecto que algunos ya ven con vértigo. Si, por ejemplo, requiere inversión y años antes de recibir beneficios, ¿qué pasaría si las cosas van mal o no se acierta con lugares donde no será fácil como Reino Unido?
Es obvio que uno de los ejes geopolíticos tiene menos que ver con Europa, el tablero de juego, que con Oriente Medio y unas posibilidades de inversión básicamente infinitas a través de sus fondos soberanos de inversión que, sin embargo, en la NBA están limitadas por convenio: estos fondos no pueden hacerse con más del 20% de una misma franquicia. Lo confirmó Joe Vardon, y el propio Silver respondió a una pregunta sobre ello en Londres: “Puede que, con el tiempo, aprendamos en Europa cosas sobre ciertas prácticas que después podríamos llevar a Estados Unidos. Aquí tenemos una oportunidad que parte de cero, podemos abrirnos a diferentes tipos de inversores; algunos, como inversores principales, algo que no está permitido en EE.UU.”. Vardon considera que, efectivamente y sin tapujos, Europa puede ser el trampolín para que el dinero de Dubái, Abu Dabi o Catar llegue definitivamente en cascada a la NBA. A la reunión de Londres también asistieron, entre otros, representantes de PIF (Public Investment Fund), el conglomerado de inversión pública de Arabia Saudí.
Ahora mismo, hay conexiones de este tipo de fortunas en franquicias como Washington Wizards (a través de la compra de un 5% de Monumental Sports por parte de la Qatari Investment Authority) e incluso los Lakers: cuando Mark Walter compró la franquicia por una valoración de más de 10.000 millones de dólares, lo hizo después de que su imperio, TWG Global, recibiera una inyección similar de Mubadala Capital, uno de los brazos del principal fondos soberano de inversión de Abu Dabi, donde la NBA juega partidos de pretemporada. El departamento de turismo de este emirato es también uno de los patrocinadores de New York Knicks.
Resulta obvio que este tipo de fondos están conectados, a través del fútbol (un vínculo que el propio Silver ha confirmado que se quiere alimentar) con algunas de esas ciudades en los que la NBA está muy interesada: Manchester, Londres o París. “Quiero dejar claro que estamos abiertos a diferentes formas de capital, estamos hablando con familias que ya están invirtiendo en deporte además de que con fondos. Hay formas de invertir más tradicionales que también ven el deporte como un negocio importante”.
De Berlín... al puzle de París
El partido en Berlín sirvió para que, sobre el terreno, Silver dejara claro que el Alba, que salió del ámbito Euroliga después de varios años de muy malos resultados en lo deportivo, entra de lleno en el proyecto, ya con infraestructura de equipo y uno de los pocos pabellones, el Uber Arena en el que acaban de jugar Grizzlies y Magic, de nivel NBA en Europa. En el salto a Londres, también apareció otra sombra que desde hace tiempo es alargada: la del Paris Saint Germain, con su nave nodriza del fútbol vinculada al dinero de Qatar. El citado negocio con Oriente Próximo, limitado ahora mismo por convenio en la NBA, es uno de los obvios hitos en los que tiene puesto el foco la competición estadounidense. Sin embargo, parece que el PSG parece dispuesto a escuchar… pero no a invertir, no a lo grande. Ni mucho menos, o es parece ahora mismo, nada cercano a ese precio por una franquicia en la nueva competición que Bloomberg acaba de situar en los 1.000 millones.
“Es un equipo que está en el nivel más alto en fútbol, donde saben cómo llevar un club y podrían hacerlo con el baloncesto al más alto nivel y que está interesado. Así que sí, estamos hablando con ellos”, dijo Silver mientras su segundo, Mark Tatum, profundizó en este interés: “París es uno de esos mercados en los que queremos estar. Donde se puede crear una marca y una cultura, donde hay un vínculo con la Jordan Brand de Nike… el PSG es una opción como socio muy interesante por lo que experiencia en marketing, promoción y construcción de una marca global”. Nike, por cierto, también estuvo en Londres; como Amazon Prime, un posible socio televisivo muy obvio porque está en el reparto actual de derechos de la NBA y se trata, a diferencia del resto de actores en EE UU, de una plataforma de streaming global.
París es un buen ejemplo de la lucha que, salvo acuerdo que ahora mismo parece lejanísimo, se va a librar. Una pelea por el alma del baloncesto europeo. La NBA y FIBA quieren vincular al PSG y su enorme potencial económico. Pero es un escenario complejo: no hay certeza de cómo están esas negociaciones en una ciudad que ya tiene un equipo en la Euroliga, el Paris Basketball, y otro que ha irrumpido en el máximo nivel del fútbol francés, el París FC. Este está vinculado a la también muy acaudalada familia Arnault, propietaria del gigante LVMH, y en menor medida a Red Bull.
En Francia se hablan de posibles acuerdos para el baloncesto en ambos frentes, entre PSG y Paris FC y entre el primero y un Paris Basketball que, además, tiene alquilados en el largo plazo los dos pabellones de la ciudad y que espera movimientos mientras valora también formas de adquirir, esa es su vía tangible ahora mismo, una plaza fija en la Euroliga. Un gran mercado, una realidad inestable y muchas ambiciones que pueden ir en diferentes sentidos: una buena muestra de una realidad muy compleja que sigue adelante y que ha superado unos días de muchísima actividad con un buen montón de conclusiones… pero muy pocas definitivas. Para esas, habrá que seguir esperando. La cuestión es cuánto.
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