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Claudia Gómez: "Podemos ser la generación que recoja el testigo de Laia Palau"

Formada en la cantera del Torrelodones, la jugadora madrileña se encuentra en su primera temporada en Estados Unidos y con la vista puesta en el Mundial Sub-18.

Claudia Gómez: “Podemos ser la generación que recoja el testigo de Laia Palau”

Las respuestas se intercalan con sonrisas. Claudia Gómez (Madrid, 2002) no puede ocultar su felicidad. Por qué iba a hacerlo estando en Nueva York. Tras formarse desde los seis años en el Baloncesto Torrelodones, se encuentra en su primera temporada de NCAA. Además, estudia Biología. Todo un sueño, pero aspira a más. En 2021, podría alcanzar la gloria en la competición universitaria y ser campeona del mundo. Casi nada. Llega tras hacerse una PCR, la primera de la semana. Cosas de la nueva normalidad. En dos días, pone rumbo hacia la frontera con Canadá, donde espera que se alargue la buena racha de su equipo, el Iona College.

¿Cómo está llevando todo esto? Tanto test, tanto control...

Hoy teníamos día de descanso, pero los días de descanso tenemos recuperación en la piscina y, ahora, test Covid. La verdad es que aquí lo tenemos todo muy pautado. Por una parte, estoy contenta porque sea así, pero también se hace un poco pesado. Tenemos tres test a la semana y muchas prohibiciones: no podemos ir a Manhattan, no podemos comer en restaurantes, tenemos que tener mucho cuidado con la gente con la que nos relacionamos... Tenemos un círculo muy reducido y lo controlan mucho. Pero bueno, supongo que es lo que nos ha tocado a todos este año.

Llegar y, en vez de poder descubrir Estados Unidos con total libertad, encontrarse con esto...

Ya. Yo llegué, tuve que hacer cuarentena dos semanas y luego dos personas con las que había estado en contacto dieron positivo, con lo que tuve que hacer cuarentena otra vez. 14 días más. Aquí se cumplen todos, aunque des negativo.

En el ámbito deportivo, ¿ha sentido un contraste muy grande? 

Sí. Noté mucha diferencia nada más llegar. Menos mal que hay dos españolas (Lucía Becerra y Juana Camilion) en el equipo, que también les pasó lo mismo y me ayudan mucho a adaptarme. Es muy distinto. Al principio teníamos entrenamientos de correr, en pretemporada, y yo iba muerta. Pero bueno, ahora solo tenemos físico de gimnasio, que se lleva mejor. Y, a la hora de jugar, el baloncesto estadounidense es muy distinto al europeo. 

Tanta española en el equipo, ya casi casi se debe hablar castellano en el vestuario, ¿no?

Nosotras lo hablamos muchas veces sin problema delante de todas y algunas ya pillan algunas palabras y todo (risas).

¿Se imaginaba, hace no tanto, estar respondiendo a una entrevista así desde Nueva York?

No. La verdad es que para nada. Yo siempre he sabido que mi sueño era venirme a Estados Unidos, desde muy pequeña, pero no pensaba que iba a ser Nueva York. Todavía menos estar haciendo una entrevista online para mi país.

Entonces... ¿Está viviendo el sueño americano o 2020 lo está poniendo demasiado difícil?

2020 la verdad es que lo está poniendo un poco complicado (risas), pero yo lo que quería era jugar al baloncesto y, a pesar de las restricciones, es una muy buena oportunidad que me gustaría aprovechar al máximo.

¿La vida universitaria es como en las películas?

Este año, no, pero yo espero que sí (risas). Muchas clases las he dado online, me he perdido muchas presenciales... Es todo muy distinto. Por ejemplo, ahora solo estamos los de baloncesto en la universidad, hasta que empiece el siguiente semestre que vendrá más gente. De momento, no es la experiencia que yo esperaba.

¿Cómo es el proceso de conseguir una beca para estudiar y jugar en Estados Unidos?

Normalmente se suele hacer por agencias. Yo lo hice con W2A y estoy muy contenta. Firmé bastante rápido. Lo hice el verano anterior a segundo de bachiller, personalmente es lo que recomiendo. Básicamente, lo que haces es tener unos vídeos jugando y presentarte a exámenes de idiomas. Luego, según tus notas y lo que busque la universidad, aparecen las opciones. La agencia pone los vídeos en una plataforma y, a través de ellos y del resto, te conceden la beca o no.

Sus vídeos gustaron, claro...

Sí (risas). Yo, además, tuve bastante suerte, porque no me imaginaba estar en Nueva York. Siempre quise estar aquí, con lo que tuve clara la opción por la que decantarme.

Es que vaya ciudad y vaya equipo. Campeón de conferencia en 2016... No sé si cuando ya supo donde iba le entró algo de vértigo.

No, la verdad es que no. Tuve reuniones con los entrenadores, compañeras, etc. Me acogieron súper bien desde el primer momento, son súper cercanos, cariñosos, intentan adaptar a la gente nueva que llega y, sobre todo, a las internacionales. Por esa parte, muy bien, fue muy fácil. Pero claro, luego siempre tienes la cosa de cómo me voy a adaptar, cómo van a jugar, si voy a cuadrar, etc. Pero bueno, poco a poco, la verdad es que estoy muy contenta.

He visto que empezaron el año flojas, pero ahora encadenan tres victorias. ¿Cómo está yendo la temporada?

Empezamos perdiendo partidos de no-conferencia y luego, al empezar la nuestra, perdimos la primera serie, pero la segunda la hemos ganado. Ahora vamos bien. A ver qué tal se nos da este fin de semana. Tenemos buen equipo, así que aspiramos a ganar la conferencia.

¿Se está viendo muy afectado el funcionamiento normal de la liga?

Sí. Imagino que ha pasado en todos los sitios, pero tengo varias experiencias. Por ejemplo, íbamos a jugar un partido de conferencia, habíamos viajado y todo, porque nos tocaba jugar fuera, estábamos en el hotel, habíamos ido a tirar antes del partido, fuimos al pabellón, nos tomaron la temperatura... Terminamos todo el protocolo y, de repente, recibimos una llamada diciéndonos que una jugadora del otro equipo había dado positivo y que se cancelaba el partido. Nos lo dijeron a tres horas de empezar. Nos fuimos al hotel, hicimos las maletas y nos fuimos para la universidad. Por lo menos, pudimos jugar al día siguiente con otro equipo de la conferencia al que también habían aplazado su partido por los mismos motivos. En cualquier momento cambia todo, no sabes cuándo va a pasar, de repente entras en cuarentena o alguien da positivo...

¿Y esos partidos se van a recuperar? ¿O se está improvisando un poco?

Sí. No sé exactamente cuándo, pero está pensado que se jueguen. La NCAA ha establecido una semana al final de los partidos de conferencia para jugar los encuentros pospuestos por la Covid.

Antes comentaba que aspiraban a ser campeonas de conferencia... ¿Cuál es el techo del equipo?

Para ellas es muy importante que se produzca, porque sería repetir título. Tenemos muy buena plantilla. Completamente nueva y mejor que la del año pasado. Si consiguiéramos ganar la conferencia, pasaríamos al campeonato nacional, para el que se clasifican los mejores de cada conferencia, y de ahí ya sale el campeón de la NCAA. Obviamente, esto último es muy complicado, pero sí que vamos a por nuestra conferencia.

Claudia Gómez en el NBA Without Borders, en el All Star de Charlotte.

Estando ya en Estados Unidos y en un equipo con estas aspiraciones, imagino que la WNBA se ve más cerca.

Bueno (risas). Eso es demasiado complicado. La verdad es que yo, después de terminar aquí, tengo pensado volver a jugar en Europa.

Supongo que sería un sueño.

Sí, pero prefiero irme a Europa. Me gusta más el baloncesto europeo que el americano.

¿Cómo ha visto la evolución, tanto en la WNBA como en Europa, de las condiciones del baloncesto femenino?

En el caso de mi universidad, que es lo que conozco mejor, hay bastante igualdad entre el equipo masculino y el femenino: todos tenemos las mismas instalaciones, todos tenemos los mismos horarios, lo que hay para ellos lo hay para nosotras. Eso en España es un poco distinto, notaba más diferencia; pero aquí estoy muy contenta en ese sentido. Se lo toman muy en serio y mis entrenadores lo llevan muy a rajatabla. Luchan mucho por la igualdad. 

¿Y a nivel de seguimiento?

Este año no puede venir nadie a los partidos y son a puerta cerrada, pero ahí sí que se nota mucha diferencia aún. En cuanto a la gente que viene a verlo, no es lo mismo cuando juegan los chicos que cuando juegan las chicas, por lo que me han contado del año pasado. Hay que seguir luchando. 

Estando en Nueva York, ¿cómo se vive el fenómeno Sabrina Ionescu?

Para mí es que el caso Sabrina es espectacular. Yo la vi jugando con la universidad y, de vez en cuando, nos ponemos algún partido suyo con las de mi equipo. Es que es impresionante como juega.

Qué importante es que emerjan figuras de este tipo, ¿no?

Sí. Eso para nosotras es vital. 

Bien cerca de ella estuvo Maite Cazorla. Supongo que, a pesar de su corta edad (22 años), es un ejemplo para todas las que están ahora en el baloncesto universitario.

Sí. Además, yo tuve la suerte de ver a Maite en la Final Four, porque fui al campamento Next Generation, que organizó la NBA en Tampa, donde se estaba disputando.

¿Cree que tardaremos mucho en ver a otra representante en una Final Four?

No lo creo. Ahora hay bastantes españolas jugando en la NCAA. Antes había muy pocas, pero se ha crecido mucho en ese aspecto. Espero que dentro de poco tengamos más.

¿Podría ser usted?

Hombre (risas), eso espero, estaría muy bien, la verdad.

Comentaba lo de las españolas en la NCAA... He visto que son 60. Qué barbaridad.

Sí, seremos unas 60 en Division I (la máxima categoría), pero yo creo que en total somos como 160 jugando en Estados Unidos. La verdad es que es muy típico en España, e internacionalmente, querer estudiar y jugar aquí. Es una muy buena oportunidad.

Usted, antes de todo esto, ya tuvo una experiencia en Estados Unidos. Fue la única española de su generación elegida para ir al NBA Without Borders. ¿Cómo lo recuerda?

Fue una de las mejores experiencias que he podido disfrutar gracias al baloncesto. Creo que fue como mi primer paso hacia aquí. Me abrió las puertas a todo. Me permitió, sobre todo, ver cómo es el baloncesto estadounidense, conocer nueva gente, el idioma... Fue brutal. Conocí a gente muy buena y me ayudó mucho a desarrollarme como jugadora.

Nikola Jokic, Vucevic, Bogdan Bogdanovic o Deandre Ayton ejercían como entrenadores. ¿Fueron muy duros?

Bueno, eso fue para los chicos. Con nosotras vinieron las campeonas de EE. UU. del 2001. Jugar contra las mejores del mundo fue brutal.

Y por ahí estuvieron Jennifer Azzi, miembro del Women's Basketball Hall of Fame, Allison Feaster, Ashley Battle... ¿Ha tenido y tiene referentes femeninos?

No. Así una en concreto no tengo, pero ni femeninos ni masculinos. Siempre me ha gustado mucho el baloncesto, pero nunca me he enfocado en alguien.

¿Las nuevas generaciones están creciendo ya con esos referentes?

Aún falta mucho, pero sin ninguna duda estamos mucho más cerca de lo que estábamos antes. Como he dicho, se ha mejorado en muchos aspectos, pero no creo que estemos todavía en este punto.

¿Cree que, algún día, puede ser una referente?

Eso me encantaría (risas). Sería muy importante para mí.

Hablando de ejemplos a seguir... Después de la plata en Río, Laia Palau dijo que "las más jóvenes se deben pensar que esto es lo normal y nada de eso". Nos han acostumbrado a que, verano tras verano, alguna medalla nos llegue por su parte. ¿Cree que pueden ser la generación que recoja el testigo?

La verdad es que sí. Mi generación en concreto es muy buena. Esperamos ir siguiendo los pasos de las generaciones mayores. Es impresionante verlas jugar y, sinceramente, espero que poco a poco sigamos teniendo esa afición. Eso también es muy importante para seguir en ese camino de la igualdad; en el baloncesto y en todos los deportes.

De momento, tienen el Mundial sub-18 el próximo verano. ¿Están pudiendo concentrarse para prepararlo?

Primero, tenemos que ver si se disputa, por la pandemia. Y no nos estamos pudiendo concertar, pero también porque la mayoría estamos jugando en Estados Unidos.

En caso de que se dispute, que esperemos que sí, se puede apuntar alto, ¿no?

Sí. Y yo espero meterme en el equipo. El año pasado me convocaron, vamos a ver qué pasa ahora al regresar de Estados Unidos.

Año de su mundial y año de Juegos Olímpicos. ¿Se imagina en unos?

Me encantaría. Me encantaría, en general, seguir con el baloncesto profesional. Y ya si llegaran cosas tan bonitas...

Echando la mirada hacia atrás, he visto que al NBA Without Borders fue con una compañera de equipo, Aminata Sanagre, y que el año anterior también fue otra jugadora del Torrelodones, Alba Sánchez-Ramos. ¿Qué les dan allí?

(Risas) Sí, la verdad es que he tenido el placer de compartir equipo con las dos. Alba es dos años mayor que yo y está ahora mismo en Estados Unidos también. Y Ami es como una hermana para mí. Ha vivido conmigo estos tres años que ha estado en Torre. Fuimos juntas, tuvimos la oportunidad de disfrutarlo juntas... Ahora está en Zaragoza, jugando en Liga 1 y es un espectáculo. 

¿Qué es lo que guarda con más cariño de su época allí?

Sobre todo, la gente. Porque, al final, Torre es como mi segunda familia. Me formé allí desde los seis años y tanto los entrenadores como las compañeras siempre me han ayudado en todo lo que han podido. Sigo hablando con ellos todos los días.

¿Y qué les cuenta?

Me preguntan mucho por el ambiente, las instalaciones, el equipo, la universidad, etc. Algunas de mis compañeras también se quieren venir aquí y están intentando enterarse de todo. Y claro, ahora sale mucho el tema de la Covid. Siempre intento sacar un ratito para contarles cómo voy. Mis entrenadores de allí me siguen ayudando en el tema baloncesto. Estoy muy contenta por mantener así las relaciones.

Juntos vivieron una época muy exitosa.

Sí. Logramos ir a bastantes campeonatos importantes, en todas las categorías. La pena es que este año, por la Covid, no pudimos terminar la temporada, pero teníamos un equipazo, tanto en senior como en junior, íbamos a ascender, podíamos tener una buena clasificación en el campeonato de España... Ha sido una pena haber terminado así y no como me hubiera gustado. Pero estoy muy contenta por haber formado parte de eso. Sigue siendo mi familia.

Pregunta obligada en estas fechas. Más allá del deseo conjunto que todos tenemos en el aspecto sanitario... ¿Qué le pide a 2021?

Respecto al baloncesto, me encantaría ganar la conferencia. No sólo eso, intentar aspirar a lo más alto, sea en Estados Unidos, en España o en cualquier sitio. Y, sobre todo, disfrutar de esta experiencia.