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El 2+1 de San Emeterio: ganó una ACB ante el Barça y evitó que se perdiera su despedida de soltero

Fernando San Emeterio repite que la canasta más importante de su carrera es ésta, una bandeja y un tiro libre adicional con Caja Laboral en 2010.

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En 2010 el Barcelona de Xavi Pascual ganó la Euroliga en París. Era su segundo título continental del siglo tras el de 2003 y la sensación de dominio era mucho mayor al equipo que en su día lideraba Dejan Bodiroga. La Euroliga les supo a poco y quisieron rematar la faena de la temporada ganando la Liga, pero no fue posible. Ni los Ricky, Mickeal, Lorbek, Morris o Lakovic lo pudieron evitar. El Barça se había paseado durante la fase regular, acumulando sólo 3 derrotas en 34 partidos, y llegaba a la final ante Caja Laboral, que había sido el segundo de la clasificación, con bastante confianza, pero cayó. Y aquella final y su intrahistoria tienen miga. 

Fernando San Emeterio fue el gran protagonista de aquella gesta. No sólo por su buen papel, sino por ser el responsable de la canasta final -una de las más cruciales de la historia de la competición, sin ninguna duda- y con la que el equipo vitoriano pudo celebrar en el Buesa Arena una ACB ante uno de los equipos más dominantes que la hayan jugado. Y en una posición que no era del todo estable: "Yo empecé la pretemporada sin saber si me quedaría allí y terminó siendo la Liga de la canastita ésa. Fue un como un guión de película". Y es que el alero internacional, ya convertido en un clásico una década después, ha recordado lo acontecido aquel 15 de junio de 2010 en una entrevista en el programa BasketCast

Los baskonistas habían ganado los dos partidos del Palau Blaugrana por los pelos y el Barcelona tenía que ganar sí o sí todo lo que le quedaba. En el tercer partido pudo dominar y se colocó 76-78 a falta de siete segundos. Un tiro errado por Gianluca Basile dio la oportunidad a San Emeterio de coger el rebote, recorrer la pista, irse contra Terence Morris y anotar una preciosa bandeja con rectificado en la que además sacó la falta personal del defensor. Empate. Los nervios seguían ahí pese a la grandiosidad del momento y él lo sabía. Pedía calma a los compañeros que iban a celebrarlo con él porque el trabajo no estaba terminado: tenía que anotar el lanzamiento desde la línea de personal. "Calma, calma, que en cuatro días tengo que celebrar mi despedida de soltero. Que si no lo metía tenía que jugar el cuarto partido y ya no llegaba", recuerda ahora. "Hay que meterlo aunque sea cagado. Hay gente que dice que no siente presión, pero sí la hay", añade.