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PREMIOS AS DEL DEPORTE 2018 | SELECCIÓN DE BALONCESTO

Laia Palau: "En España se sabe jugar y eso no se va a perder"

La base debutó en la Selección en 2002. Es la que más partidos ha jugado (279) y la que más medallas tiene (11), entre ellas, el bronce del Mundial de Tenerife.

Como capitana de la Selección, ¿qué significa este Premio As del Deporte?

Recibir premios es estupendo, porque es un reconocimiento al trabajo bien hecho. Este año teníamos la responsabilidad de representar al baloncesto femenino y creo que el resultado es para estar satisfechas. Primero, por la organización y después, porque otro año hemos subido al podio.

¿El bronce mundial sabe mejor ahora?

Lo valoramos muchísimo, pero lo valoraremos más. No sólo este bronce, sino también el oro del año pasado, la plata olímpica… No somos conscientes de lo que se está consiguiendo.

¿El básquet femenino ha crecido tras este Mundial?

No lo sé, porque no es tan inmediato. El público ve lo que los medios ofrecen y con un Mundial en casa y el esfuerzo de la FEB y de la prensa, el baloncesto femenino ha tenido más seguimiento. Vamos avanzando, pero durante el año nos perdemos un poco. También es verdad que muchas jugadoras de la Selección están fuera y eso pasa factura. De la nada en la que vivíamos, hemos pasado al vaso medio lleno. Que el As nos dé un premio es muestra de que esta visibilidad es cada vez más constante.

¿Cree que al baloncesto femenino le faltan referentes?

Cuando era pequeña, era muy complicado tener referentes femeninos, así que tenías que mirar a Epi, a Jordan... Ahora las niñas conocen a las jugadoras; lo he notado. Cuando empecé a jugar, no sabía ni que me iba a dedicar a esto ni que se podía vivir del baloncesto.

Pero muchas quieren ser como Gasol.

Pau es universal, como Nadal, son iconos del deporte. Si la WNBA tuviera la misma cobertura que la NBA, la gente también diría ‘yo quiero ser Taurasi o Maya Moore’.

Debutó en 2002 con España. ¿Qué cambios ha notado?

Cuando empecé, lo nuestro eran los bronces y ahora ganamos oros. Han cambiado los retos deportivos porque tenemos la suerte de disfrutar de una generación dorada. Pero algo permanece: este equipo compite siempre al máximo. Si nuestro tope antes era el bronce, luchábamos por él. Una final mundial u olímpica tiene más glamour, pero hemos hecho muchísimas cosas antes y peleábamos igual. Todo esto ha coincidido con el crecimiento de la FEB. Ahora vamos a pabellones y están llenos. ¡Es una pasada!

Llevan seis medallas seguidas con Lucas Mondelo.

El engranaje que hay ahora mismo en la Selección funciona muy bien. Hay mucha comunicación con Lucas y aunque seguimos sus instrucciones, nos da libertad. Existe cierto equilibrio. Es brillante y muy bueno leyendo partidos. Nosotras no somos idiotas y él nos hace ganar.

¿Con qué momento de la Selección se quedaría?

Son tantos… El primer oro que ganamos en Francia fue muy grande y el pistoletazo de salida de todo lo que vendría después. La primera final que jugamos en el Mundial de Turquía también fue muy fuerte porque de pronto piensas: ‘Ya estamos aquí arriba’. Todo está fenomenal, pero la plata olímpica es la más especial.

¿Recibió muchos mensajes de sus compañeras durante esta última Ventana diciéndole que la echaban de menos?

Alguno… Tampoco sé qué va a pasar en verano, pero sí que tenía claro que después del Mundial, que ha sido exigente, y con mi llegada a Girona necesitaba descansar. Pero sigo en contacto con ellas y cuando juegan siempre las veo.

Este verano firmó con el Uni Girona. ¿Cómo se encuentra?

Para mí siempre es complicado volver de la Selección. Hay que cambiar el chip e incorporarte rápido a la disciplina del club. En mi caso era también volver a la Liga Dia después de mucho tiempo. No sabía qué me iba a encontrar. Me encanta Girona y he visto varios fines de semana a mi hermano y a mis sobrinas. Eso es algo nuevo para mí: tener una vida alternativa al baloncesto. Físicamente estoy bien, pero sí que he vivido un poco el bache post-­selección. El verano ha sido muy emocionante y volver al día a día es un poco el Síndrome de Estocolmo.

Vuelve a España tras seis años fuera, ¿cómo se ha encontrado el baloncesto ahora?

El cambio es importante porque se nota el nivel económico. Las extranjeras que venían antes eran las mejores. Cuando yo me fui estaban el Ros, el Avenida y el Rivas compitiendo en la Euroliga y ahora solo hay un equipo. El hecho de que el Ros existiera hacía que el Salamanca fuera mejor. Sí que es cierto que los equipos están ahora más igualados. En España se sabe jugar al baloncesto y ese talento no va a desaparecer.

Tiene 39 años, ¿cómo se ve la próxima temporada?

He venido a Girona para reen­contrarme con mi gente, mis amigos… y el baloncesto de aquí. Si continúo igual que ahora mismo, que me apetece jugar, seguiré otro año más; pero si hay otros proyectos que me motivan más… Quiero ver cómo me encuentro, cómo me sienta este cambio y cómo es mi relación con el baloncesto. Últimamente estoy improvisando con mi vida. Me pillé los dedos con la Selección, cuando dije que me retiraba, y al dar marcha atrás parecía que tenía que dar explicaciones. Así que hoy es hoy y mañana ya veremos…

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