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El Iberostar Tenerife jugará la Final Four de la Champions

IBEROSTAR TENERIFE 61-ASVEL 51

El Iberostar Tenerife jugará la Final Four de la Champions

Aaron Doonekamp lucha bajo la canasta con Darryl Watkins.

Cristóbal García

EFE

Supera al Asvel francés en los cuartos de final tras un sufrido 61-51 en el segundo partido. Conocerá su rival el 7 de abril: Monaco, Venecia o Banvit

Lejos de ser un milagro, la trayectoria del Iberostar Tenerife durante la temporada en curso se ha convertido en una deliciosa rutina. El equipo de Txus Vidorreta supo esta noche reponerse de la pérdida ocasional del liderato en la ACB bajando al barro ante un peleón Asvel Villeurbane para lograr, tras sendos marcadores de 62-62 y 61-51, clasificarse para la Final Four de una Basketball Champions League (28 y 30 de abril) por la que se ha, literalmente, paseado. Quedan los últimos pasos. Cortos, seguros, como así anda el Canarias. Conocerá su rival el 7 de abril: Monaco, Venecia o Banvit.

Presa de los nervios por lo que había en juego, acaso penalizados por el exceso de tensión, en cualquier caso destemplados, ambos equipos ofrecieron un recital de fallos y pérdidas durante la primera parte, que acabó con un famélico 30-24. Normal, en cualquier caso. Buena muestra de ello es que la primera canasta, de Bogris, tardó dos minutos en llegar, siendo rápidamente neutralizada por el selectivo Hodge, 2-3. Se anunciaba tragedia ofensiva, pues el marcador registraba un surrealista 4-3 en el minuto 4:45 tras un nuevo enceste de Bogris. Así, y con sendas canastas lejanas del propio Hodge y de Doornekamp, se llegó al final del primer cuarto como si nada hubiera pasado (13-10).

Por aquel entonces ya andaba en pista Fran Vázquez, que aún mantiene retazos del jugador dominante que fue, reventando aro ajeno y defendiendo como nadie el propio de los interminables que parecen sus brazos y manos. Así, dos mates consecutivos del gigantón de Chantada le daban un cierto respiro al Iberostar, 17-10, transformándose poco después en una bocanada tras bandeja de Richotti para el 21-12 y el consiguiente tiempo muerto solicitado por el Asvel.

Lo cierto es que los locales no conseguían reventar un partido que tenían por completo de cara, adormilada como estaba la formación francesa y enardecida “La hamburguesa”, y Dragovic y Lang aprovecharon para fusilar desde el 6,75 y de paso devolverle a los suyos la ventaja, 21-22, tras un parcial de 0-10, que fue su última ventaja en todo el partido. Se rehizo el Iberostar con un parcial de 9-2 para marcharse al descanso ganando de 6, 30-24. Pese a todo, el Asvel había hecho lo más difícil: engancharse por completo a un partido que estuvo a punto de romperse poco antes.

Teniendo en cuenta su atasco en ataque, entendió el Iberostar que podía empezar a cimentar su victoria desde la defensa. Y de esta manera anuló por completo las ideas del Asvel en el inicio del tercer cuarto. Abromaitis clavó además la primera puñalada de 3, 33-24, y acto seguido fue Bogris el que le dio un +11 a los suyos y, de paso, la máxima ventaja a favor del partido. Se entraba, mucho antes de lo esperado, en la fase decisiva del partido.

Más vidas que un gato.

Ocurre que el Asvel pasa por ser un equipo con más vidas que un gato. Y eso que un triple de White le ponía la victoria casi imposible tras un triple de White para el 41-28; 13 puntos a favor, lo nunca visto hasta entonces. La renta del Iberostar crecía paulatinamente, y solo un milagro podría darle a la formación gala la mínima opción de triunfo. Este empezó a tomar forma tras dos triples, de Lang y Hodge, que suponían un aliviado 41-34. Se aprovechó además el Asvel de la agonía de Vázquez en ataque en esos minutos, lo que también le permitió llegar al final de este periodo con todo por decidir, 41-38.

Cada posesión era una guerra sin apenas cuartel, lo que sin duda convenía a los visitantes, que fueron capaces de igualar el duelo tras un 0-12 de parcial, 41-40. Se puso entonces serio el Iberostar, y dos triples consecutivos de Grigonis, desconocido hasta el momento, templaban los ánimos domésticos (47-42). Era cuestión de saber jugar bazas, aguantar el resultado, que se fue aclarando con otro triple, esta vez de Kirksay, 52-44. Duro como un roca, haciendo de su aro un coto absolutamente privado, supo el Canarias conservar su ventaja para amarrar la primera Final Four europea de su historia, dándole así forma a una temporada que ni imaginada sale mejor. Es momento de soñar en La Laguna. Se vive allí un sueño del que no hay motivos para despertar…

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