Suicidio de Unicaja en el Palau
Penoso partido del equipo malagueño en Barcelona para despedirse de una temporada muy decepcionante y quedarse fuera de los playoffs. Ni actitud ni juego: nada.


El Unicaja ha escenificado en el Palau el imparable declive que le ha hecho pasar de equipo competidor a intrascendente y de ahí al desastre absoluto, odioso, que ha dicho adiós a la temporada con sainete incluido ante un Barcelona que no se jugaba nada y que puso muy poco juego pero la profesionalidad justa para echar un cable al Obradoiro, que ha merecido mucho más el puesto entre los ocho mejores que este malhadado Unicaja de Repesa, que saldrá de Málaga y de la ACB por la gatera.
La revolución veraniega no ha cambiado nada en un Unicaja con plantilla para mucho más que este 18-16 de triste figura que le deja sin eliminatorias, como el año pasado. Tampoco jugó la Copa, como en 2011 y 2010. Llueve sobre mojado y llueve mucho porque el Unicaja se suicidó en un Palau gélido con un partido en el que no enseñó ni baloncesto ni intención. Ni siquiera un atisbo de orgullo. Anotó 50 miserables puntos con 18 en el segundo tiempo y 6 en el último cuarto. Firmó un 1/14 en triples, el único de un Calloway que con él selló un esperpéntico 1/9 en tiros e campo. No aprovechó el 5/25 en tiros de tres ni el 8/20 en tiros libres del Barcelona, que regaló 12 rebotes bajo su aro y perdió 12 balones. Unicaja no quiso ser menos: 11 y 13.
Los números hablan de un partido deplorable, y lo fue. Sobre todo en un segundo tiempo en el que el carrusel de fallos en el tiro, imprecisiones y falta de ideas alcanzó extremos sonrojantes. Mala señal para el Barça pero horrible noticia para el Unicaja, al fin y al cabo el que se jugaba la vida. El Obradoiro puede dar las gracias al equipo azulgrana por su buena actitud defensiva en el último cuarto y a Tomic por un partido simplemente serio pero que pareció monstruoso a la vista de lo que le rodeó: 11 puntos, 7 rebotes, 3 asistencias.
El Unicaja ni pudo ni quiso. Sin hacer méritos llegó vivo al último cuarto (45-44) después de asistir como espectador a un tercer parcial casi cómico del Barcelona, que anotó 8 puntos en dos triples de Ingles y, más de cinco minutos después, una de esas extrañas genialidades de Huertas sobre la bocina. Cuatro segundos antes, y con 43-44, el Unicaja era equipo de playoffs. No parecía saberlo. O desde luego no parecía importarle.
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Fran Vázquez (10 puntos, 11 rebotes y la mitad de la valoración de su equipo) no estuvo mal en su regreso al Palau. Pero su equipo, con él y sin él, es un solar que ha vivido toda la temporada del maquillaje europeo de un par de noches mágicas de Marcus Williams. Eso es todo. A Repesa y su ¿proyecto? no le ha abandonado nunca una asqueante pátina de precariedad. Eduardo García vio en el palco el último capítulo de la temporada y el primero de un futuro del que cuesta tener un atisbo. Pobre Málaga.
El Barcelona llegó al ecuador del curso de los nervios, 9-8 y por los pelos en una Copa que acabó ganando. Una mucho más digna segunda vuelta (14-3) le vale la tercera plaza y un cruce ante el Bilbao Basket en el que tendrá que extremar precauciones. Ha ganado sus dos partidos post Final Four pero ha calcado las dudas de cuya resolución dependerán sus opciones de revalidar título: Navarro no jugó en San Sebastián ni ha jugado ante el Unicaja y a Lorbek no le ha devuelto oxígeno el triple ganador ante Lagun Aro: 4 puntos, 3 rebotes, 2/9 e tiros de campo y -1 de valoración. Un agujero negro que se une a la falta de solidez en el puesto de alero, con Ingles y Rabaseda dejando una cucharada de cal por cada palada de arena. Mavrokefalidis jugó siete minutos, anotó 3 puntos y falló tres tiros libres. Otro que tendrá que sumar para un Barcelona que se juega a partir de ahora la nota final de la temporada. La del Unicaja está ya puesta: muy deficiente y sin examen de recuperación. Castigado a ver los plaoffs desde el pasillo. Otra vez.



