Baloncesto | Euroliga | Real Madrid 77-Fenerbahçe 61

El Palacio se vuelve loco con un Madrid tremendo

Slaughter guió una defensa pletórica del Madrid que dejó al Fenerbahçe en sólo 22 puntos en la segunda parte. Entre el pívot, la clase de Mirotic, el trabajo de Suárez y de Reyes, la dirección de Sergio y la energía colectiva, los de Laso pusieron en pie al Palacio.

<b>MUY ACTIVO. </b>Rudy Fernández no tuvo su día más certero en el lanzamiento, pero siempre suma. En esta acción supera a Batiste.
Ricardo González
Licenciado en Periodismo en 1997 y desde ese año redactor de Diario AS. Se apasionó del baloncesto europeo mucho antes, cuando era un niño en los 80, y en la actualidad es cronista del Real Madrid, del que ha cubierto más de mil partidos entre la ACB y la Euroliga. Estuvo en Japón 2006, en el primer Mundial que ganó España.
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El baloncesto necesita drama, más duelos en los que se decidan cosas. Estamos de acuerdo, aunque también posee una virtud magnífica: cuando hay talento y el partido sale bueno, da igual que no haya nada candente en juego. Es el placer por el placer. Puro hedonismo. Lo que ocurrió ayer en el Palacio. El Madrid ya estaba clasificado para el Top-16y el liderato apenas sirve de nada en esta primera fase. Pero el equipo engancha -parte del público respondió a la petición de Rudy de vestir de blanco- y el rival, el Fenerbahçe­, era de púrpura y oro. Total, que sin emoción en el trapecio, el circo reunió a 10.000 aficionados para pasarlo bien. Así de simple. Y es que a veces tanto debate tiene una respuesta más simple: apostar por el juego, por hacerlo más atractivo.

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Quizá crean, si no vieron el encuentro, que el Madrid se entregó al run & gun (correr y tirar) en un día festivo sin oposición. Nada de eso. Los de Pianigiani­, con un Bogdanovic infalible (17 puntos sin fallo hasta el minuto 28), llegaron a vencer por ocho y dominaron hasta casi el final del tercer cuarto. Descartado el despiporre, vimos incluso purismo. Una gran defensa, la que reclaman los académicos para ganar la Euroliga y luego, claro, nada de especulación. A galopar. De otra forma la gente se quedaría en casa.

El Madrid no lo hizo mal en la primera parte -tiros libres al margen-, pero el Fenerbahçe­ fue mejor. En la segunda, en cambio, lo bordó. El rival crujió y colapsó: 22 puntos tras el descanso, nueve en el último cuarto. Ni McCalebb ni Andersen ni Sato ni Batiste acudieron al rescate. Sergio rompió con su dirección, con su ritmo; Mirotic con su talento anotador; pero Slaughter hizo el partido del año. Una muralla con patas, todo energía. Contagió al público y al equipo. Como Suárez, fajador exquisito. Pero es que Slaughter derribó a todos. Si se quedaba con McCalebb atrás, lo paraba pese a la velocidad del base; si su par era Preldzic y su magnífico bote, también; que venía Andersen a abusar de centímetros... Daba igual. Un coloso, como el Madrid.

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