liga endesa | real madrid 100 - fuenlabrada 79

Felipe Reyes nunca se cansa

El Real Madrid ganó sin ningún apuro y con la energía justa a un Fuenlabrada impotente. Felipe puso la intensidad para un equipo blanco al que le bastarón un par de acelerones para imponerse.

<strong>FELIPE REYES.</strong>
Juanma Rubio
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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En el cuarto partido en ocho días, gira americana incluida, el veterano del equipo con 32 años y diez millones de batallas en las piernas debería parecer el más justo de gasolina. En un partido ante el modesto Fuenlabrada de la tercera jornada, perdido en el calendario a rebufo de los partidos NBA y la escaramuza ante Panathinaikos, tendría que tener argumentos para ser, o al menos parecer, el más perezoso un tipo con dos platas olímpicas, un oro mundial y dos continentales. Las coartadas, las excusas y las razones valdrían para otros pero no para Felipe Reyes, que es un obrero tan entregado y capaz que a veces no se nos olvida que también es un excelente jugador de baloncesto con un corazón descomunal y un hambre que no conoce el empacho. Ante Fuenlabrada, en un triunfo por lo demás funcionarial, él puso la pasión, la energía y la constancia del Real Madrid: 18 puntos, 11 rebotes (6 en ataque) y 6 faltas recibidas para 27 de valoración y un despliegue que da la espalda a las circunstancias: jugar, sudar y ganar. Y vuelta a empezar. Como en la selección acaparan titulares otros y este Real Madrid tiene un tremendo escuadrón de héroes de guardia, la ocasión es inmejorable para rendirle tributo y reconocerle los galones, la profesionalidad y la incorruptible productividad.

El partido no tuvo mucha más historia porque el líder recibía al colista con las piernas cargadas y la adrenalina casi consumida por el tremendo partido ante Panathinaikos menos de 48 horas antes. Mientras en Roswell (Nuevo Méjico), un lugar donde pasan cosas, Felix Baumgartner saltaba al vacío desde 39.000 con medio mundo mirando con la boca abierta, la ACB contraprogramó un partido de poca tensión y ráfagas de calidad tremendas pero escasas. Fuenlabrada puso lo que tiene, que no es mucho, y el Real Madrid poco más que lo justo. Es un equipo, eso sí, que en un día cualquiera en la oficina llega a 100 puntos y a 100 de valoración, que acaba anotando 11 triples pese a comenzar negado en el tiro exterior y que disimula 18 pérdidas con otras tantas asistencias. De la ciclotimia del Real Madrid hablan los números: sesteó en los cuartos primero y tercero en los que combinó 20 de valoración. Despegó en el tercero con 33 puntos y 38 de valoración y remató en el último con otros 33+42. Le bastó para ganar un 21-9 en cinco minutos del segundo cuarto y remató la paliza con 31 puntos en los últimos seis minutos de partido. Otro triunfo, liderato y el estado de optimismo viento en popa.

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En esas fases de taquicardia el Real Madrid enlazó triples, carreras al ritmo de Llull, rebotes de ataque y contras que lucieron los muelles de Slaughter. Rudy hizo 13 puntos como quien no quería la cosa y Mirotic 18 con 8 rebotes sin hacer demasiado ruido. Un repóquer de acciones espectaculares taparon muchos minutos de poca concentración y actividad limitada, malos ataques, pérdidas y posiciones de tiro poco trabajadas. Draper dejó detalles y Hernángomez un ganchito en un día opaco de Sergio y nulo de Begic, cuyas sensaciones siguen siendo preocupantes. Jugó diez minutos, falló los dos tiros que intentó y cometió cinco faltas.

Enfrente el Real Madrid tuvo a un Fuenlabrada que marcha sin victorias y con un nivel muy inferior al de anteriores temporadas. Intenta estirar el milagro sostenido en el tiempo que supone su proyecto pero ni era este el partido para cambiar la dinámica ni sus prestaciones le dieron demasiadas opciones: 23 pérdidas y un tsunami de fallos en el triple y desde el tiro libre, asunto crucial en un partido afeado por 46 personales y 57 tiros libres. Es un equipo que necesita que Gladyr afine la puntería y que Charles García controles sus impulsos hiperactivos. Necesita brazos que remen junto a Mainoldi, Feldeine (irregular en el Palacio) y un Sené en busca de la forma óptima. En su nivel actual no pasó de sparring de un Real Madrid discreto pero autoritario y con el maletín de maquillaje siempre a punto.

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