"Vine para un año, pero me enamoré del país"
Clifford Luyk aterrizó en Madrid el 20 de septiembre de 1962. Lo hacía para jugar una temporada en el Real antes de debutar en la NBA. Al final decidió quedarse y labrarse una carrera europea que le ha convertido en el jugador madridista más laureado. Su idilio con España dura ya 50 años.

Hoy hace justo 50 años que usted pisó por primera vez España, ¿qué recuerda de aquel momento?
Lo comentaba el martes con Emiliano. Vino a buscarme a Estados Unidos Ferrándiz y me dijo que iría al aeropuerto a recogernos el mejor jugador de Europa en esos momentos, que no era otro que Emiliano. Cuando le vi la pinta pensé "esto va a ser muy fácil" (risas).
¿Cómo fue su fichaje?
Iba a jugar en los Knicks. Yo era muy joven por aquel entonces, porque además me había graduado en sólo cuatro años. Aún no había cumplido los 21. Estudié Ciencias Exactas en la Universidad de Florida, aunque siempre quise ser médico, pero era imposible compatibilizar la carrera con el deporte. Me draftearon ese año e iba a ser el noveno o décimo jugador de la plantilla, pero vino Ferrándiz y llegó a un acuerdo con Ned Irish, que era el presidente de la NBA por aquel entonces. En principio iba a ser sólo un año y fíjese, ya llevo 50.
¿Qué es lo que le hizo quedarse más tiempo en Madrid?
Tras mi primer año en el Madrid yo tenía pensado regresar, pero en Nueva York hubo cambio de entrenador y él me quería hacer una prueba como a los rookies. A mí eso no me gustó, así que pensé en quedarme uno o dos años porque me encontraba muy a gusto.
Antes de fichar por el Real Madrid, ¿conocía algo de este equipo, del país?
Mi padre nació en Rotterdam y era tulipanero. Había viajado por España: Valencia, Barcelona... Mi madre era suiza, de familia de relojeros, y en casa se hablaba alemán. ¡Al menos sabía colocar a Europa en los mapas! (Risas) No era el típico americano de Nebraska. Por eso no me costó adaptarme nada al estilo europeo.
¿Cómo fueron sus inicios?
Al principio viví en el hotel Victoria, un hotel taurino por excelencia, donde conocí a Aybart, que fue como un segundo padre para mí. Él me enseñó todo sobre la cultura española, el mundo taurino...
¿Y con qué se queda de la cultura española?
Soy un gran aficionado a los toros y la cocina era similar a la que yo conocía, pero lo primero que me entusiasmó fue el cocido. Después probé el gazpacho, que se convirtió en uno de mis favoritos tras casarme con una andaluza como Paquita, el jamón serrano, las gambas...
Estuvo 16 temporadas en el Madrid. ¿Su mejor recuerdo?
La primera vez que ganamos a los soviéticos. Era nuestra segunda Copa de Europa, pero en la primera nos impusimos al Brno. En la segunda batimos al CSKA. Y eso me ayudó también a obtener la nacionalidad española.
¿Qué le hizo quedarse?
Mi plan era volver. En Estados Unidos era un jugador bien considerado, pero poco a poco me fui enamorando de este país. Fui perdiendo mis amistades allí, se casaron, perdí el contacto... y aquí estaba encantado con Saporta, Santiago Bernabéu, su señora doña María... éramos una pequeña familia. Ahora volvemos a contar con otro gran presidente como es Florentino. Hay empate entre ambos. Después de tantos años, es un presidente similar, pero en el sentido moderno. Los dos han hecho muchísimo por este club.
En 1978 se retiró como jugador y, años después, entrenó al Real Madrid.
Tras 16 años que se resolvieron con muchos títulos, con ocho veces dentro de la selección FIBA... Todo lo vivido como jugador supera a lo de entrenador. Es una profesión muy digna, pero algunas veces me entraban ganas de saltar a pista.
¿Cómo ve al Real Madrid esta temporada?
Es un equipito dentro del equipazo que es el Madrid de fútbol. Pero nosotros trabajaremos con humildad y sabiendo dónde estamos. Creo que la plantilla es la correcta, un acierto con Laso ya que es un deporte que pide puntos, canastas... Se puede perder, pero que sea 90-95 en vez de 70-75, con mates, contraataques. Ése es el baloncesto del futuro.
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Es el jugador más laureado en la historia del Madrid. ¿Alguien podrá igualarle?
No. El Madrid tiene ocho Copas de Europa y yo estuve en seis. Es casi imposible.



