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El equipo de Mirotic

Un primer tiempo para el recuerdo del ala-pívot lanza a un Real Madrid pletórico que pasa por encima de Maccabi y se pone líder de grupo. Rudy se queda sin anotar en su último partido.

<strong>NIKOLA MIROTIC.</strong>
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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Nikola Mirotic tiene sólo 20 años pero da la sensación de que ha estado ahí desde siempre y quizá juegue en su contra que ya no tiene el vaporoso hechizo de lo novedoso. Además hay algo ciclotímico en su carácter en pista, algo que le hace a veces hirviente y a veces disperso. Pecados de un genio de, recuerdo por última vez, 20 años. Mirotic jugará algún día con la selección española absoluta y jugará algún día en Chicago Bulls. Seguramente: el Nikola Mirotic de este partido, sin duda. Porque el talento siempre se abre camino y porque, en esos trances que sólo tienen los jugadores únicos, Mirotic es un ángel de seducción balcánica, un jugador maravilloso. Y el Real Madrid, ahora que empieza el futuro (presente) sin Rudy e Ibaka, el mundo real, será algún día y podría ser ya, de hecho fue esta vez, el equipo de Nikola Mirotic.

Mirotic abrió el camino y marcó la pauta. Estableció el patrón, por calidad y carácter, con el que el Real Madrid laminaría a Maccabi y tomaría el timón del 'grupo de la muerte'. Jugó el primer tiempo completo y dejó 15 minutos para el recuerdo en los que anotó 22 puntos con 4/4 en triples, penetraciones, movimientos de pies, 4 rebotes, 3 robos, un torrente de faltas provocadas... y 27 de valoración por 25 de un Maccabi todavía entero pero ya renqueante (37-25). Mirotic no se sentó hasta el minuto 27 y terminó con 26 puntos, 8 rebotes y 33 de valoración. Dejó un partido estelar, dejó muestras de liderazgo y dejó un trance hipnótico, a caballo entre los dos primeros cuartos, de esos que definen a los jugadores que tienen dentro cosas que la mayoría de los demás no tienen. Él sólo compensó dos cuartos sin puntería de Rudy y Carroll o la capitulación inicial de Tomic y Begic ante Schortsanitis.

Maccabi, a contracorriente

Maccabi hizo la goma con un 0-10 que dejó un preocupante 39-38 pese a la exhibición de Mirotic. Ahí acabó: 45-41 de valoración al descanso, 100-50 al final del partido. El dato, abrumador, define una segunda parte en la que el Real Madrid jugó a placer, dominó corriendo y en juego de cinco contra cinco, llevó a Maccabi a su terreno, defendió a un nivel muy alto y se divirtió. Se divirtió horrores y demostró que crece porque cree en su plan y eso, sea ese plan mejor o peor, pone cemento en la obra y viento a favor en las velas. El Real Madrid se divierte (y divierte) y cree: mérito de Pablo Laso. Con más rebotes, menos pérdidas y triplicando en asistencias a un Maccabi ya sin Farmar que naufragó por sus problemas en el tiro exterior (3/14 en triples, los tres al final y con el partido resuelto) y por la baja de forma de Papaloukas o el día negro de Devin Smith o Pnini. Sólo el eléctrico Langford (18 puntos) mantuvo el tipo cuando Schortsanitis se fue con cuatro personales, dos casi seguidas en ataque, con el segundo tiempo todavía entrando en calor. Ahí murió el plan de Blatt, un excelente entrenador que tampoco tuvo un buen día.

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El Real Madrid venía de cuatro derrotas en sus últimos cuatro partidos ante Maccabi, casi todas porque había dejado que el partido se jugara en las coordenadas del viejo enemigo. Esta vez sucedió todo lo contrario gracias al acierto exterior y a la bandera que enarboló Mirotic, al que Rudy entregó el testigo con un partido sufrido en defensa pero impropio en ataque: cero puntos, 0/5 en tiros de campo, una despedida de perfil demasiado bajo. A cambio Llull salió desbordante, Suárez contribuyó en muchas facetas, Sergio dejó un par de perlas, Pocius jugó en quinta velocidad, Laso ajustó la defensa en el descanso y Carroll dormitó en el primer tiempo y dejó una exhibición sideral en el último cuarto para terminar, visto y no visto, con 17 puntos.

Así que ya sin Ibaka y sin apenas nada de Rudy, y todavía sin Singler, el Real Madrid tuvo personalidad y calidad para arrasar a un equipo de la nobleza del baloncesto continental. Excelentes noticias para un grupo de jugadores que crece, se reafirma y mientras lo hace se lo pasa de maravilla. Un nuevo Real Madrid, el Real Madrid de, hoy y seguramente muchas veces de aquí en adelante, un ángel llamado Nikola Mirotic.

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