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Sergio condena a Scariolo

euroliga | emporio armani 65 - real madrid 72

Sergio condena a Scariolo

Sergio condena a Scariolo

Los puntos de Sergio y la contundencia defensiva de Ibaka, lo mejor de un Real Madrid de perfil bajo que ganó a un decadente Milán, se clasifica y tiene el primer puesto de grupo a tiro.

Uno de los triunfos menos vistosos de lo que va de temporada se convirtió, de repente, en uno de los más rentables. El Real Madrid ganó en Milán, selló el pase al Top-16 y aprovechó de paso la derrota de Maccabi en el brasero de Belgrado. Así que jugará en la próxima jornada, la octava, como local ante Maccabi sin angustias clasificatorias, con muchas cuentas por saldar y el liderato del grupo (recordemos) de la muerte a tiro de victoria.

El Real Madrid ganó porque hizo más que Milán para ganar (50-79 final en valoración: el algodón no engaña). Pero ganó sobre todo porque Armani hizo mucho más para perder. Es un equipo decrépito, en fase de descomposición sin haber pasado siquiera por la pubertad: de la tierna y feliz infancia al desahucio. A Scariolo no le funciona el plan y su asiento huele a chamusquina en un club histórico que intenta con mucho talonario y poca suerte reverdecer laureles: un equipo hecho para pensar en la Final Four bordea la eliminación. Así de crudo y a punto de perder a un Gallinari que, por si acaso, dejó en este partido pocos motivos para que se le añore; Un amago de épica en el último cuarto no esconde unos horribles 2/9 en tiros de campo y 8/12 en tiros libres.

Rudy tampoco hizo un (por ahora) último partido de Euroliga para el recuerdo. Muchos tiros forzados (1/7 en triples), un par de pérdidas raras y una defensa en la que aliñó su intensidad habitual con unas no tan acostumbradas lagunas de concentración. Así que el que dejó en mejor lugar a la NBA fue, otra vez, Ibaka. Sus números no fueron siderales (7 puntos, 6 rebotes, 2 tapones) pero puso el tapón que selló el triunfo en el penúltimo ataque de un Milán desesperado, hizo el mate de la noche y sobre todo sembró el terror en el segundo cuarto congelando el amago de reacción de un rival que jugó aterrado por su presencia en la zona. Las penetraciones se iban al limbo y jugadores tan contrastados como Hairston o Nicholas fallaban bandejas de juvenil, con el rabillo del ojo siempre pendiente del ogro con muelles. Intimidar y cambiar tiros, más que sumar tapones para la estadística, ayuda a ganar partidos. Y eso fue lo que hizo Ibaka.

Lo demás fue un ejercicio muy poco estético ante un público al que le queda muy poca fe en su equipo y que presenció en predominante silencio el suicidio de un conjunto nada enhebrado de muy buenos jugadores. Rotación corta, Hairston mermado por una lesión, Bourousis entre algodones, Gallinari fuera de control y Drew Nicholas como ejemplo perfecto del estado de ansiedad en el que vive ese tambaleante proyecto. El que bajó las órdenes de Obradovic era uno de los asesinos silenciosos más reputados del baloncesto europeo anda con la brújula pérdida y el punto de mira extraviado: 4/17 en tiros de campo. Milán, de hecho, hizo un pésimo 8/30 en triples, muchos abiertos y claros tras jugadas básicas de pick and roll y defensa contemplativa del Real Madrid. Nada. Y muchos fallos cerca del aro. Y 68% en tiros libres... Todo en el día en el que se jugaba un pedazo enorme de pescuezo.

El Real Madrid no ganó antes y no ganó mejor porque se contagió del clima enrarecido en el que se jugó el partido: nervios, tensión mal entendida, juego errático y una especie de crispación tropical a la que no ayudó un arbitraje confuso y casero en las decisiones más visibles. Carroll gastó muchas balas pero contribuyó en el segundo tiempo y Laso no dio bola a Begic, Pocius o un Llull desaparecido. Suárez y Felipe estuvieron grises, Tomic se pudo hartar pero volvió a elegir quedarse con hambre y Mirotic dejó pinceladas enormes pero dispersas de su incuestionable categoría (11 puntos, 10 rebotes). Así que el héroe fue un Sergio Rodríguez que sigue de dulce y que se enfrenta a sus críticos con una consistencia hasta ahora desconocida. O al menos olvidada: 19 puntos, 4 rebotes y dos triples definitivos en el último cuarto. El canario puso los pocos brotes verdes de un partido de altos hornos, pegamento y muchos fallos. Demasiados.

El Real Madrid salió 0-9 (en cuatro minutos horrendos de Milán) y de pronto se vio 13-14. Así fue su partido sin sentenciar jamás: de 12-22 a 22-22, de 22-30 a 27-32, de 32-40 a 40-42... y de un 54-62 que parecía decisivo en el ecuador del último cuarto a un histérico 65-67 con más de 90 segundos por jugar. A cada fallo del Milán le seguía un indulto del Real Madrid. Y detrás, otro fallo italiano. Así se jugó y se ventiló el partido. El Real Madrid no pudo correr, no tuvo acierto exterior, perdió 15 balones, dominó el rebote menos de lo habitual, no encontró continuidad anotadora... y fue suficientemente superior a un Milán en estado comatoso. Scariolo tiene un problema. Y el Real Madrid una oportunidad de oro la semana que viene ante Maccabi, el viejo y eterno Maccabi...