supercopa endesa | barcelona 74 - real madrid 70

El Real Madrid ve fantasmas

Al Barcelona le bastó apretar en el tramo final para superar a un Madrid que comenzó mal pero tuvo después el triunfo a tiro. Hubo virtudes y lagunas de todos pero más jerarquía azulgrana.

<strong>EL REAL MADRID SE QUEDÓ HELADO.</strong>
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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¿Qué pensará el Real Madrid, que ha acortado distancias o que difícilmente tendrá tan a tiro ganar al Barcelona? ¿Qué sentirá, que compitió sin Rudy o que no ganó pese a que Navarro estuvo desaparecido durante tres cuartos? ¿Con qué se quedará, con su mal inicio y su pésimo final o con su excelente reacción y sus buenas sensaciones durante los dos cuartos centrales? Hay opciones para los optimistas y los pesimistas, argumentos para los voluntaristas y los melancólicos, cara y cruz en un partido lleno de caras y cruces. Con mucho de pretemporada, un guión imprevisto y un final previsible por repetido en los últimos tiempos: el Barcelona ganó al Real Madrid. ¿La vida sigue igual?

El partido fue un tobogán de sensaciones para los dos equipos, para casi todos los jugadores. Más el del Real Madrid, que llevaba jugando y perdiendo casi 24 horas, a vueltas con la lesión de Rudy Fernández. El equipo se quedó sin bandera en el día más importante para lucirla esta temporada (salvo cataclismo en las negociaciones del lockout) y parecía que sin ánimo: 13-4 de salida, 33-21 mediado el segundo cuarto. Atascado en estático y con agujeros negros en las ayudas defensivas ante un Barcelona preciso y colectivo. La vida seguía igual.

Y sin embargo ahí cambió el escenario. En parte por el Barcelona, que dejó correr la ocasión de romper el partido. Pero sobre todo porque el Real Madrid subió revoluciones y defendió con la fe que otras veces la faltó ante el coco azulgrana. Y de repente todo cambió: de ese 33-21 con más de catorce minutos jugados se viajó a un 46-54 tras más de veintiocho: 13-33 en quince minutos con el descanso como eje. El Real Madrid dominó con autoridad el rebote, defendió con mucho nivel y muy pocas faltas, no permitió tiros cómodos, presionó arriba, intimidó, corrió lo que pudo y encontró constantes vías de anotación gracias a sus exteriores: tuvieron su momento Llull y Carroll y fue constante el elástico Pocius (14 puntos y 4 rebotes). El Barcelona penaba, irreconocible. Con Navarro ofuscado y un Mickeal lento, sin filo físico (-3 de valoración y alerta roja por el estado de su rodilla) y sin circulación. Sin individualidades, sin recursos, por momentos a merced de un Real Madrid que, como el Barcelona antes, tuvo el hachazo en el bolsillo y no lo aprovechó. Cosas del prematuro momento de temporada o cosas de los fantasmas del armario, vaya usted a saber.

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Ese momento llegó en el último cuarto, cuando el Barcelona apretaba en defensa pero apenas encontraba soluciones en ataque. Con Navarro encontrando fórmulas pese a tener los hados de espaldas (10 puntos en el último cuarto), se llegó a un 60-65 en el minuto 34. Lo siguiente: 70-65 en el 39. El Barcelona subió las revoluciones defensivas, dominó el rebote y encontró un goteo de puntos (valiente Huertas, importante Lorbek -15 puntos, 7 rebotes-) que voltearon el partido. El Real Madrid se puso histérico. Pasó de alargar los ataques con paciencia a hacerlo sin tino, se descompuso y no metió nada hasta que devolvió al Barcelona su prematura invitación, pero esta definitiva, al partido.

En los seis minutos finales Llull anotó una bandeja y Pocius un triple en el último ataque ya con el partido vencido. Demasiado poco ante cualquier rival, no digamos ante el Barcelona por mucha pretemporada que sea y mucho día gris que le tocara a los Xavi Pascual. Sin Tomic en los minutos finales y sin Mirotic durante casi todo el partido, la fuente exterior de anotación se secó entre las revoluciones defensivas del Barça y las dudas en la creación en ataques pastosos, cinco contra cinco sobre la alambrada. Sin poder correr y perseguido por un rival cuya sombra es terriblemente alargada, el Real Madrid tiró en el último cuarto las buenas sensaciones, la ocasión de cambiar la inercia de la historia reciente y, no lo olvidemos, el primer título de una temporada que no ha hecho más que empezar. Mucho por delante pero ya algunas conclusiones que sacar. Es la hora de los optimistas y los pesimistas, de los voluntaristas y los melancólicos...

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