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Griffin sí puede volar

La sensación de Clippers saltó un coche para ganar un gran concurso.

<b>LOCURA GENERAL. </b>Baron Davis (que le pasó el balón desde el techo) y, en la banda, Cousins, Webber, Bledsoe, Westbrook, DeRozan, McGee, Durant e Ibaka alucinaron con Griffin.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

El coro gospel de Crenshaw, Crenshaw Select Choir, entonaba el I Believe I Can Fly (Creo que puedo volar), el tema de R. Kelly para Space Jam, la adorable película de Michael Jordan. Entre la melodía gospel y con todo el Staples Center en pie, Blake Griffin desplegaba sus alerones en un tremendo a salto a pies juntos sobre el morro de un KIA, vehículo oficial de la NBA. Desde el auto, cromado y encerado, Baron Davis, base y líder de los Clippers, sirvió el balón a Griffin­. Y cuando el niño colosal de Oklahoma (21 años, 2,08, 95 centímetros de despegue vertical) estampó el balón en el aro del Staples, el concurso ya tenía campeón

"La mayor victoria en la historia de los Clippers", alardeó Clipper Bailey, la mascota de los Clips. Griffin ganó el Slam Dunk Contest y se proclamó el mejor matador de la NBA con el 68% de los votos de los fans. Dedicó el triunfo a Wilson Holloway, su recién fallecido amigo de Oklahoma: "No quería ganar por mí, sino por él", dijo Griffin. Luego anunció que regalará el trofeo a la familia de Holloway, a cuyo funeral asistirá hoy, en Oklahoma.

En la ronda inicial se quedaron Serge Ibaka y DeMar DeRozan­, cuyo segundo intento, un Everest cristalino y majestuoso, quizá fue el mejor de la noche. Ibaka (Air Congo, con banderas de Africa) planeó desde la línea de personal: algo menos sobrado que ese tal Jordan. Al fin, Ibaka rescató con los dientes el muñequito de un niño-actor a la vez que machacaba el aro. Ni a él ni a DeRozan les valieron sus hazañas.

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El broche.

El jurado (Drexler, Worthy, Brent Barry, Dominique Wilkins­, Julius Erving) mandó a la final a Griffin y a Javale McGee, el pívot de 2,13 de los Wizards, hijo de Pam McGee y un prodigio de coordinación: machacó con dos y tres balones. Sonó la hora. La NBA lo tuvo claro: si alguien podía volar, tenía que ser Griffin entre la melopea gospel de Crenshaw: Believe You Can Fly, Blake, creemos que puedes volar...

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