Rose libera a los Bulls de la sombra de Jordan
Chicago dominó la NBA en los 90 con seis títulos (91, 92, 93, 96, 97 y 98), todos de la mano de Michael Jordan. Pero desde su marcha, hace ya 12 años, una de las ciudades más baloncestísticas de EE UU sólo acumuló disgustos. Hasta ahora, cuando Derrick Rose les ha devuelto a la élite.

Jordan voló tan alto con los Bulls que su sombra en el United Center de Chicago es muy alargada. Una estatua de bronce a tamaño natural en el exterior del pabellón se encarga de recordar que cualquier tiempo pasado fue mejor. "Es un tributo, pero a la vez una pequeña losa para todos los jugadores que han venido después. Es imposible alcanzarle", apunta Austin, un joven aficionado con el número 23 a la espalda.
Pero tras una larga etapa de mediocridad desde 1998 (último anillo de Jordan) algo ha cambiado. Los espectadores vuelven a rugir "¡MVP!, ¡MVP!, ¡MVP!" después de una canasta inverosímil de un jugador de los Bulls. Se rinden al base Derrick Rose, nacido en Chicago en 1988 y número 1 del draft 2008. No le ven como el sucesor de Jordan (es pecado pensarlo), sino como el hombre destinado a liderarles a su séptimo anillo. Con Noah (a punto de volver de una lesión), Boozer y Deng como socios, Rose es el motor de un equipo joven que aspira a ganar el Este bajo el timón de un técnico debutante, Tom Thibodeau. Los Bulls llevan su mejor marca (31-14) desde la era Jordan.
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Estrella.
El base de los Bulls afirmó en otoño: "¿Por qué no puedo ser el MVP?". El mundo periodístico NBA le catalogó de chiflado. Hoy nadie se ríe. Por fin hay un muchacho (y un equipo) en Chicago decidido a seguir una de las premisas del más grande, de Jordan: "Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con que pase y unas pocas hacen que suceda".




