Kirksay-Stanic, los centímetros no lo explican todo
Al final del duelo, ganó el bajito

Tarik Kirksay, 1,99 metros; Maxi Stanic, 1,78. O lo que es lo mismo: 21 centímetros de diferencia que podrían ser más porque estas mediciones son tramposas y hay quien posa con las zapatillas puestas o elevándose sobre callosidades y juanetes; los bajitos, habitualmente.
Descritas las diferencias físicas, llega el momento de denunciar la actitud de los altos en general (altivos) y del que nos ocupa en particular, el señor Kirksay. Mientras Maxi (no hagan bromas) se aplica en su defensa con un entusiasmo conmovedor, agachando el culo, como recomiendan los manuales (los bajitos somos de natural entusiastas, qué remedio), su enemigo le observa como si quien le peleara la pelota fuera un niño (niña, hobbit o caniche). Y no hay derecho.
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Es cierto que la postura de Stanic resulta algo forzada (no queda claro quién se burla de quién) y es verdad que su ensimismamiento con el balón sugiere un paralís. Sin embargo, ni en el peor de los casos se justifica el desplante del alero, que, antes que mirar de soslayo, debió reclinarse para preguntar por las razones de esa convulsión funky.
Diré, para finalizar, que el equipo de Stanic, el Blancos de Rueda, ganó el partido y Maxi anotó tantos puntos (10) como su rival, al que superó en valoración (16 a 8), estadística que refuerza la teoría de que quien se burlaba era el bajito. A veces ocurre.



