Suárez despertó y el Madrid hizo el milagro
El oficio de los blancos doblegó en el último suspiro al Bilbao.

El marcador apretaba las tuercas de la tensión en el flamante Bilbao Arena. Venía medio atascado el Madrid y se encontró con un final abierto, que gestionó con frialdad y solvencia. A falta de 3:47 para acabar, el Bizkaia Bilbao se le había subido a la cresta: 70-65. A partir de ahí, el éxtasis blanco. Un 10-0 sepultó al hasta entonces líder, que se quedó seco hasta un triple de Blums, a falta de siete segundos, después de tres minutos y medio de nadería. El milagro no pudo esconder un partido flojo del cuadro de Messina, pero vino anunciado gracias a un último cuarto primoroso de Suárez: hasta ese acto, anotó dos puntos y en esos diez minutos decisivos hizo 11, Mumbrú, su mejor defensor, sufrió una brecha en un momento crucial y eso ayudó.
Previamente, a falta de un minuto, con 70-71, Jackson rompió por el centro y dejó una bandeja que hizo la corbata en el aro madridista. Mumbrú atrapó el rebote, pero de espaldas al aro falló un tiro asequible. El rebote fue blanco y se proyectó hasta la zona media del campo, donde recibió Llull para culminar un contraataque solo que parecía cimentar el triunfo: 70-73, con 47 segundos por desplegar. Aún hubo más suspense. Tras varios escarceos y con un inquietante 73-75, el Bizkaia Bilbao tuvo en las manos de Blums un tiro sobre la bocina para subirse a la victoria. El aro no se tragó ese balón.
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Era el final caótico a un partido sin timonel. Otro duelo abierto que gestionó mal el hasta ayer líder Bilbao, con demasiadas visitas al uno contra uno. El Madrid, huérfano aún de juego, se alió con valores seguros: el rebote ofensivo, la defensa en medio campo, el juego con Tomic y el control de la ansiedad cuando las pulsaciones subieron. El corazón no le traicionó, simplemente dejó su sitio a la cabeza. Salió airoso de un partido con mucho colmillo, casi pugilístico.
Sergio Rodríguez quiso orientar al grupo desde el principio, pero sólo obtenía respuestas individuales. Los balones interiores, con Tomic poniendo en evidencia a Sonseca, murieron allí: o canasta o error. Es lo que más chirrió en el Madrid: no hubo pívots que hicieran circular el balón una vez que éste iba dentro. Bastó con la templanza del final. Y la fortuna.



