NBA | Lakers 102-Celtisc 89 (1-0)

La final se tiñe de oro y púrpura

Gran partido de los Lakers que defienden el factor cancha y arrancan con victoria la final de la NBA. Todos los factores decisivos a priori sonrieron a los de Phil Jackson: Kobe brilló, Artest frenó a Pierce, Bynum aportó y Pau Gasol firmó un partido extraordinario (23 puntos, 14 rebotes) superando con absoluta claridad a Garnett. El equipo angelino tuvo más energía, más calidad y más determinación y ya apunta al segundo partido, el próximo domingo: Boston querrá resarcirse en busca de la crucial victoria a domicilio, Lakers poner tierra de por medio con el 2-0.

La final se tiñe de oro y púrpura
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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47-0. Phil Jackson (el entrenador que ha ganado diez anillos) tiene muchas marcas garabateadas en todos los libros de historia, entre ellas un 47-0 en series de playoffs en las que sus equipos (Bulls, Lakers) ganaron el primer partido. En esa cifra viaja mucha de la mística de este 1-0 que supone más distancia de la que parece. Boston perdió la oportunidad de dar un golpe de mano demoledor y amarrar el triunfo a domicilio que necesitará en cualquier caso para ser campeón. Además perdió la ascendencia psicológica que tenía sobre la final por el 9-2 histórico en finales ante Lakers, por el triunfo inapelable de 2008 y por su feroz despliegue en un camino hacia la final en el que han dejado atrás, devorados, los cadáveres de Cavaliers y Magic, dos acorazados que olían a título hace apenas un mes. La presión, deus ex machina en cualquier final y más en estos legendarios Lakers - Celtics, confrontaciones de dos formas antagónicas de alcanzar lo sublime, se baraja y reparte de nuevo. En este primer partido era entera para los de Phil Jackson. Ahora se equilibra: los californianos saben que una derrota el domingo arruinaría su deslumbrante primer partido y pondría la final cuesta arriba (puerto de categoría especial). Pero Boston tiene claro que un 2-0 sería un muro descomunal que obligaría a no fallar en casa tres noches seguidas y volver de caza al Staples. Un cubil que está ya 9-0 en estos playoffs. El cubil de Phil Jackson, Kobe Bryant... y Pau Gasol.

El excelente partido de Lakers queda rubricado por el tremendo 84-64 que cerró el tercer cuarto. Después Boston amenazó tímidamente (parcial de 1-10) pero no bajó nunca de los diez puntos de desventaja. Y mientras Pierce buscaba maquillaje en sus números y conexión en sus sensaciones, cualquier buen presagio de esa racha final lo destrozó Bryant con un triple sobre la bocina que rubricó el 102-89. Firma de autor para un equipo del que vimos su mejor versión, la que le hace arrebatador. Boston sólo mandó con un 0-2 tras canasta de Rondo. El resto fue una percusión constante en oro y púrpura, un despegue progresivo y calculado, rematado en un tercer cuarto demoledor (34-23) en el que Kobe anotó 14 puntos y el partido quedó sellado. 84 puntos después de tres cuartos, una cifra inadmisible para el ritmo de anotación que conviene a unos Celtics que pueden mirar con sonrojo y propósito de enmienda los datos que abrieron primero y adornaron después la brecha: perdió el rebote (42-31), la intimidación (7 tapones de Lakers), encajó un 48-28 en puntos en la pintura, un 16-0 en puntos en segunda oportunidad y un 12-5 en anotación en contraataque. Los Celtics sólo estuvieron cómodos en el primer cuarto cuando el partido se embarró entre alambre de espino, carrusel de faltas y tiros libres. Luego el reajuste del criterio arbitral les sacó del partido con Ray Allen como paradigma: no llegó a la media hora de juego, condenado a cargarse de faltas corriendo detrás de Kobe. Si se suma un 1/10 en triples (4/10 de unos Lakers muy serios en la gestión ofensiva), el único dato que sonrió a los visitantes fue el de tiros libres (36 lanzados por 31 de los locales). El resto, para el olvido...

Absoluta autoridad local

El análisis es sencillo: cada duelo particular, cada situación de juego que se había señalado como determinante a priori, fue gobernada con autoridad por los Lakers, mejores en el primer tiempo (50-41) y pletóricos después en el tercer cuarto. Y si Phil Jackson se había encargado de lanzar luz y taquígrafos sobre el duelo Gasol - Garnett, el español envió un mensaje incuestionable al mundo con un partido espectacular en el que apenas descansó un minuto y medio y firmó números de ensueño: 23 puntos, 14 rebotes, 3 asistencias y 3 tapones. En su primera final, hace dos años, pagó el peaje de la inexperiencia y la maldición de la falta de frescura. Tras el anillo de 2009, pasa por un momento de excelsa madurez con los niveles de energía al máximo. Si el duelo con Garnett debía medirle y decantar una buena porción de la final, el primer partido fue para el español, que desquició a KG (sólo 4 rebotes y 16 puntos inconstantes y desde malos porcentajes), anotó en momentos cruciales, reboteó en las dos canastas, intimidó y hasta se permitió mates al contragolpe y alguna asistencias de fantasía a Odom. Energía: la que faltó a los Lakers en 2008 y la que se le presupone siempre por arrobas al 'celtic pride'. Esta vez los términos se invirtieron. La determinación, el hambre y el sudor fueron patrimonio de los Lakers ante un rival sin soluciones, sin sensaciones y sin respuesta cuando se les vino el partido literalmente encima como una ola salvaje, oro y púrpura: entre el final del segundo cuarto y el tercero la distancia entre ambos equipos pareció sideral, mucho mayor de la que realmente es. O eso suponemos.

Más aspectos determinantes que sonrieron a Lakers: Ron Artest firmó un partido soberbio, físico y concentrado, haciendo un desgaste agotador y fulminante sobre Paul Pierce, que acabó con 24 puntos pero la mayoría ya en el último cuarto y hasta 12 desde el tiro libre. Pierce, MVP de las finales en 2008, chocó y chocó sin suerte y sin encontrar sus rachas asesinas contra Artest, una lunática pared de músculo que defendió como si no existiera el día de mañana y que además respondió en el otro lado del campo con 15 puntos y 3/5 en triples. El colmo de males para Doc Rivers lo puso Bynum, que respondió con óptimas sensaciones físicas. El pívot descansó mucho en el segundo tiempo y firmó 10 puntos y 6 rebotes, siempre por encima de Perkins, brillante ante Shaquille y Howard pero apocado ante un juego interior tremendo: Gasol - Bynum, que asegura puntos y brazos interminables en una defensa muy intensa en el exterior con la tarea de zapa de Artest, la inteligencia de Fisher y la actividad constante de Bryant, emparejado casi siempre con Rondo en un dibujo de partido que incomodó mucho al base, durante muchos minutos sostén de su equipo (13 puntos, 8 asistencias, 6 rebotes) pero obcecado con unos cortes por la zona que sólo funcionaron en el primer cuarto y que le acabaron encerrando en un viaje a ninguna parte entre rivales de envergadura gigantesca, haciéndole además perder el tren de la recuperación defensiva para ser castigado por unos Lakers muy inteligentes en el juego en transición.

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Y aún hay más malas noticias para Doc Rivers: lo que funciona contra Wade o LeBron no funciona contra un Kobe comedido primero, majestuoso en el tercer cuarto y errático sólo en algunas acciones del último cuarto. Ni Ray Allen ni Tony Allen ni el sistema colectivo, nada. Kobe jugó cómodo, anotó 30 puntos y los acompañó con 7 rebotes, 6 asistencias y un tapón monumental que estropeó un mate de póster de Tony Allen y puso en pie a un Staples en trance, que cambió el polvo de estrellas y la hoguera de vanidades de otras veces por los gritos de guerra y la presión asfixiante, demostrando que los gritos de "we want Boston!" de los partidos ante Phoenix no eran un farol. En L.A. hay ganas de batir a los Celtics. Por 2008 pero también por tantas afrentas anteriores, por un 2-9 que inclina demasiado la balanza de los duelos a muerte que han rubricado una de las rivalidades más viscerales pero también más hermosas de la historia del deporte.

¿En qué punto queda la final? El 1-0 no es nada o es mucho, según como se mire. Boston Celtics tiene experiencia, calidad, tres futuros Hall Of Fame y un entrenador excelente. Armas suficientes para invertir la situación y resurgir tras un paso claramente en falso. No en vano todavía no ha perdido ninguna eliminatoria de playoffs con su actual quinteto (en 2009 faltaba Garnett, lesionado). Pero ha recibido un mensaje inequívoco: estos Lakers no son los de 2008, bisoños y a la hora de la verdad listos para el matadero. Al contrario, son los actuales campeones y un equipo con hambre, determinación y buena parte de sus jugadores (Artest, Gasol, Bryant, Fisher...) en el mejor momento de la temporada. Y tendrán rondando en la cabeza hasta el próximo domingo ese 47-0 de Phil Jackson, inmaculado cuando las cosas empiezan bien. Y han empezado, para Lakers, mucho mejor que bien. A la vista está el próximo domingo, la siguiente frontera. Más allá, un 2-0 que pintaría la final de forma descarada de oro y púrpura o un 1-1 que, de repente y pese a todo, la teñiría de verde. Será otra batalla, quizá totalmente distinta o quizá no. Esta, la primera, perteneció de principio y fin y con una autoridad absoluta a los Lakers de Bynum, de Artest, de Phil Jackson, de Kobe Bryant y de un jugador descomunal y totalmente determinante en este primer combate: Pau Gasol. Si la venganza se sirve fría, Los Angeles Lakers ya ha devorado el primer plato. Y quieren más.

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